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CARTA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL CARDENAL ANGELO SODANO CON OCASIÓN
DEL VIGÉSIMO QUINTO ANIVERSARIO
DE SU ORDENACIÓN EPISCOPAL

 


A nuestro venerado hermano
ANGELO SODANO
Cardenal de la santa Romana Iglesia
Secretario de Estado


Por la familiaridad casi diaria y la singular y prolongada relación con usted, me ha parecido oportuno expresarle mi más viva felicitación con motivo del vigésimo quinto aniversario de su consagración episcopal. Y, además de este deber, tan grato para mí, para que resulten más evidentes mis sentimientos con respecto a usted, deseo manifestarle por escrito, de modo más explícito, mi pensamiento.

Todo lo que ha hecho hasta ahora constituye un testimonio del compromiso y la sabiduría que ha demostrado desde que entró a formar parte del Colegio de los Apóstoles y fue destinado como nuncio apostólico en Chile. A continuación, quise servirme más de cerca de su colaboración, cuando lo designé secretario del Consejo para los Asuntos públicos de la Iglesia y lo hice partícipe de mis propósitos y mis actividades.

Con entusiasmo aún mayor afrontó luego todo lo que se podía proyectar y realizar para el bien de la Iglesia universal, cuando lo nombré pro-secretario y, más tarde, secretario de Estado, acogiéndolo en el Colegio cardenalicio. Incluido en el orden de los cardenales obispos, con alegría le conferí el título de la diócesis suburbicaria de Albano, a la cual, como sabemos, está particularmente unido con su solicitud pastoral. Con el paso del tiempo, dirigió usted su actividad y su compromiso hacia tareas cada vez más importantes, justificando el aprecio que tengo de usted como fiel partícipe y colaborador en múltiples encargos.

Con celo y competencia ha colaborado en mis compromisos pastorales en favor de la Iglesia universal y en mis iniciativas en todo el mundo, y puedo decir que eso ha sido muy beneficioso para toda la familia católica y para todos los hombres de buena voluntad. Por eso, no sin motivo, recientemente lo confirmé en dicho cargo, con la seguridad de que seguirá cumpliendo esas tareas, también en el futuro, con la misma coherencia y entrega.

Pienso que no es necesario expresarle con más palabras mi complacencia y mi gratitud, que deseo confirmar de modo especial en el aniversario de su ordenación episcopal, el día 15 de enero. También me ha alegrado saber que, en este Año del rosario de la santísima Virgen María, piensa celebrar la misa de acción de gracias por su jubileo en la basílica de Santa María la Mayor, encomendando su ministerio episcopal a la Madre de Cristo y de la Iglesia. Por eso, venerado hermano, con afecto le imparto la bendición apostólica, que extiendo abundantemente también a todos los que están unidos a usted con lazos familiares y de trabajo.

Vaticano, 6 de enero, solemnidad de la Epifanía de nuestro Señor Jesucristo, del año 2003, vigésimo quinto de mi pontificado.

 

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