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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS PADRES
CAPITULARES DE LA CONGREGACIÓN DE SANTA CRUZ
Al reverendo HUGH CLEARY
Superior general
y a todos los participantes
en el capítulo general
de la Congregación de Santa Cruz
Me alegra mucho saludarlo afectuosamente en el Señor, con ocasión de vuestro
capítulo general. Ruego para que el Espíritu Santo os guíe e ilumine durante
estos días de oración y reflexión, mientras examináis vuestra identidad de
religiosos consagrados y consideráis cómo perseverar y adaptar mejor vuestro
patrimonio espiritual a las cambiantes situaciones históricas y culturales de
hoy (cf.
Vita consecrata, 42).
En 1837, vuestro fundador, el venerable Basil Anthony Mary Moreau, respondió
generosa y sabiamente a las necesidades del tiempo turbulento en que vivía,
dedicándose él mismo y a sus hijos espirituales a la tarea de renovar y
fortalecer la sociedad francesa a través del anuncio del Evangelio, la educación
y la asistencia a los necesitados. Comenzando desde un lugar providencialmente
llamado "Santa Cruz", la Congregación se extendió rápidamente, fundando misiones
e instituciones educativas en todo el mundo.
El tema del actual capítulo es: "Cruzando todo tipo de fronteras". Estas
palabras, tomadas de las Constituciones de vuestra congregación, expresan el
deseo de captar de nuevo el espíritu inicial de vuestro fundador, y exigen, en
primer lugar, el compromiso personal de cada miembro de la Congregación con una
vida de santidad y alegría en la vocación que el Señor, en su bondad, les ha
dado. En un mundo obsesionado por las posesiones materiales y la gratificación
personal, vuestro testimonio de pobreza evangélica, castidad y obediencia debe
resplandecer ante los demás, mostrándoles qué significa seguir a Cristo de un
modo total y sin reservas. Por consiguiente, os invito a remar "mar adentro" con
valentía. Cuanto más fervientemente os unáis a Cristo mediante la entrega de
todo vuestro ser, "tanto más fecunda será la vida de la Iglesia y su apostolado
producirá frutos más abundantes" (Perfectae caritatis, 1). Confío en que
vuestro testimonio fiel de la invitación de Cristo, "venid y lo veréis" (Jn 1,
39), impulsará a otros a hacer lo mismo.
La reciente institución de las nuevas provincias de la Congregación en Haití y
en el noreste de la India es un signo claro de la fecundidad de vuestro
apostolado para la vida de la Iglesia, demostrando que el Evangelio ha echado
firmes raíces en esos lugares. Como enseña sabiamente el concilio Vaticano II,
"la actividad misionera dimana íntimamente de la naturaleza misma de la Iglesia,
cuya fe salvífica propaga, cuya unidad católica perfecciona dilatándola, (...)
cuya santidad testifica" (Ad gentes, 6). Al consolidar vuestra presencia
en esos y en otros territorios, contribuís al crecimiento de la Iglesia,
encendéis la llama de la esperanza en el corazón de los hijos de Dios y cumplís
el mandato del Señor: "Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda
la creación" (Mc 16, 15).
Ruego para que la santísima Virgen María, modelo de vida consagrada, siga
inspirándoos y sosteniéndoos con su ejemplo y su poderosa intercesión. Que ella
os ayude a vivir vuestra vocación religiosa con gratitud y alegría cada vez
mayores, conscientes de que la vida consagrada es un don precioso y necesario
para la Iglesia, "porque pertenece íntimamente a su vida, a su santidad y a su
misión" (Vita consecrata, 3). Como prenda de gracia y paz en el Señor,
imparto cordialmente mi bendición apostólica a todos los miembros de la
Congregación de Santa Cruz.
Castelgandolfo, 21 de julio de 2004
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