 |
MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II EN EL 60º
ANIVERSARIO DE LA INSURRECCIÓN DE VARSOVIA
Ilustre señor
LECH KACZYNSKI
Alcalde de la ciudad de Varsovia
Egregio señor alcalde:
Le doy las gracias por haberme invitado a participar en las celebraciones del
60° aniversario de la insurrección de Varsovia. Con todo mi corazón me uno a los
habitantes de la capital y a todos mis compatriotas en la solemne conmemoración
de los dramáticos días que, en cierto modo, constituyeron el apogeo de la
resistencia que durante la ocupación hitleriana toda la nación opuso al invasor.
Como hijo de Polonia, deseo rendir homenaje a los héroes de aquella insurrección
de agosto, a los caídos y a los que siguen vivos.
Me inclino ante los insurgentes que, en una lucha desigual, derramaron su sangre
y dieron la vida por la causa de la patria. Aunque al final, por falta de medios
adecuados y a causa de condicionamientos externos, sufrieron una derrota
militar, su gesto permanecerá para siempre en la memoria nacional como altísima
expresión de patriotismo. ¡Cuánto amor a la patria debía reinar en el corazón de
los que, a pesar de su juventud -muchos de ellos eran niños que se asomaban a la
vida-, subían a las barricadas en nombre de su libertad y de la de todo el
pueblo! Al recordarlo, expreso mi admiración y rindo homenaje a los soldados del
ejército nacional y de otras formaciones militares al mando del coronel, después
general, Antoni Chrusciel ("Monter"). Les ayudaron civiles de Varsovia, decenas
de miles de los cuales perecieron en el campo de batalla. ¡Cómo no recordar a
los heroicos sacerdotes, capellanes de la insurrección, que asistieron a los
combatientes hasta el final, a menudo a costa de su propia vida! De modo
especial, deseo rendir homenaje a las heroicas mujeres médicos y a las
enfermeras que curaban a los combatientes. Muchas de ellas fueron asesinadas
junto con los heridos a los que asistían generosamente hasta el fin. Espero que
el recuerdo de aquellas heroicas mujeres y muchachas permanezca siempre
vivo, estimulando el servicio desinteresado a los necesitados.
Cuando recuerdo aquellos acontecimientos y a las personas involucradas en
ellos, tengo la impresión de que Varsovia, ciudad indomable, reconstruida de las
ruinas y no menos espléndida que las demás capitales europeas, es un elocuente
monumento de su victoria moral. ¡Ojalá que así permanezca para siempre!
Saludo cordialmente a todos los que vivieron aquellos días y hoy constituyen un
grupo de ancianos testigos de esos acontecimientos marcados por la grandeza del
espíritu humano, capaz de poner el bien común por encima de los más altos
valores propios de las personas. Me alegra que, después de sesenta años, a pesar
de los anteriores intentos de borrar de la memoria nacional aquellos
acontecimientos, gocen de los frutos de su esfuerzo militar.
Imparto mi bendición a la amada Varsovia y a toda Polonia. Pido a Dios que, con
su gracia, haga cada vez más noble el corazón de todos los polacos, para que el
recuerdo de las gestas heroicas de nuestros antepasados no sea sólo una
evocación de la historia remota, sino también un ejemplo estimulante de amor a
la patria que, incluso en tiempos de paz, se exprese poniendo el bien común por
encima de los intereses personales.
Saludo al señor alcalde de Varsovia y a todos los participantes en las
celebraciones de este aniversario. Les envío la expresión de mi unión espiritual
y los bendigo de corazón.
Castelgandolfo, 27 de julio de 2004
|