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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA CÁRITAS DIOCESANA DE ROMA
EN EL
25° ANIVERSARIO DE SU FUNDACI
ÓN

 

Al venerado hermano
Señor cardenal
CAMILLO RUINI
Vicario general para la diócesis de Roma


1. Me complace saber que la Cáritas de Roma se dispone a celebrar el 25° aniversario de su fundación. Para esta feliz circunstancia, me es grato enviarle a usted, señor cardenal, a los responsables y a los agentes de tan importante realidad pastoral, así como a toda la comunidad diocesana, mi cordial saludo y mis mejores deseos.

Instituida por el recordado cardenal Ugo Poletti para responder a las numerosas formas de pobreza presentes en el territorio, y confiada al celo pastoral del inolvidable monseñor Luigi Di Liegro, durante estos años esta benemérita institución ha proclamado y testimoniado con admirable ardor apostólico el evangelio de la caridad. Sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos, especialmente jóvenes, se han esforzado por ser signos elocuentes del amor de Dios e instrumentos de paz en todos los ambientes, animando sobre todo a las comunidades cristianas a prestar atención a los últimos.

A distancia de 25 años, se pueden constatar los frutos de una iniciativa tan providencial para las parroquias romanas y para toda la comunidad civil. También las entidades públicas, en particular la región del Lacio y el municipio de Roma, se valen ampliamente de su actividad, y le dan un generoso apoyo.

2. Deseo manifestar profunda gratitud por el esfuerzo con que la Cáritas de Roma sigue promoviendo el desarrollo integral de la persona humana. Es valiosa la misión que cumple mediante encomiables y valientes actividades de solidaridad cristiana. Saliendo al encuentro de los pobres, llevando alivio a los enfermos y a los que sufren, testimonia de manera concreta la "creatividad de la caridad", a la que invité a los cristianos en la carta apostólica Novo millennio ineunte (cf. n. 50).

Deseo que esta feliz conmemoración suscite, en cuantos trabajan dentro de este importante organismo diocesano, un renovado deseo de fidelidad al carisma originario:  este hace referencia esencial al amor gratuito y misericordioso de Dios a los hombres, así como a la virtud sobrenatural de la caridad, infundida en el corazón de los creyentes. Con estas sólidas referencias espirituales, animo a seguir adelante confiadamente y con impulso apostólico, tanto en la obra formativa como en las actividades diarias.

Ojalá que crezca en cada uno la adhesión al Evangelio de Cristo, fuente de la que siempre mana vitalidad apostólica, para afrontar valientemente los desafíos de nuestro tiempo. Hoy, como en el pasado, a los agentes de la caridad cristiana se les pide ante todo que vivan una íntima y constante familiaridad con el divino Maestro, para que el servicio a los hermanos más necesitados se exprese con pasión ardiente por la Iglesia y por la salvación del mundo. Es preciso alimentar la obra y el testimonio de la caridad recogiéndose cada día en oración y poniéndose regularmente a la escucha de la palabra de Dios. Es importante, sobre todo, que la existencia se centre en el misterio  de la Eucaristía, para imitar a Jesús y estar siempre dispuestos a convertirse, a imitación suya, en "buenos samaritanos" de cuantos viven hoy en condiciones de dificultad o de abandono.

3. La Virgen María, Salus populi romani, acompañe a la Cáritas de Roma con su protección materna. Por mi parte, aseguro un constante recuerdo en la oración, y de corazón le imparto a usted, venerado hermano, al director, monseñor Guerino Di Tora, a los miembros, a los voluntarios y a cuantos cooperan en los diversos proyectos de esta valiosa institución diocesana una especial bendición apostólica, con un pensamiento particular para cuantos son amorosamente asistidos por ella.

Vaticano, 29 de septiembre de 2004

 

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