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MENSAJE DEL PAPA
JUAN PABLO II A LA ASOCIACIÓN
ITALIANA DE RADIOYENTES Y TELESPECTADORES EN SU 50 ANIVERSARIO
Al venerado hermano
Señor cardenal CAMILLO RUINI
Presidente de la Conferencia episcopal italiana
1. He sabido con placer que en estos días se conmemora el 50° aniversario de la
fundación de la Asociación italiana de radioyentes y telespectadores (AIART), y
me alegra dirigirle mi cordial saludo a usted, señor cardenal, a los
responsables de esa benemérita asociación, así como a cuantos participan en las
ceremonias conmemorativas de tan significativo aniversario.
La AIART, organizada por la Acción católica cuando la radio y la televisión
comenzaron a difundirse en Italia, dedica su atención a la defensa y a la
promoción de los valores y los derechos de la persona humana y de la familia en
el ámbito de la comunicación a través de la radio y la televisión. En el
Directorio sobre la pastoral de las comunicaciones sociales, aprobado por
los obispos italianos en su pasada asamblea general, se afirma que tiene "el
doble objetivo de formar críticamente a los usuarios y hacer oír su voz de modo
especial cuando un programa hiere la dignidad de las personas, sobre todo de los
menores" (n. 176).
2. Las razones que en 1954 motivaron su nacimiento siguen siendo válidas; más
aún, en nuestra sociedad mediática se necesita mayor determinación y valentía
para cultivar el gusto de la belleza, acompañándolo con la sensibilidad por el
bien y la verdad. Es indispensable ayudar a los usuarios, especialmente a las
familias, a usar con responsabilidad la televisión para saber discernir con
equilibrio y sabiduría las transmisiones que están en sintonía con la visión
cristiana del mundo y del hombre.
En el
Mensaje para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales de
este año recordé que la comunicación, en todas sus formas, debe inspirarse
siempre en el criterio del respeto a la verdad y a la dignidad de la persona
humana (cf. L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de
febrero de 2004, p. 6). Es necesario armonizar las exigencias legítimas de la
información y del mundo del espectáculo con los derechos de las personas y de
las familias, sin ceder jamás a los halagos de quien quiere confundir la verdad
con la opinión, y evitando con esmero que los aspectos más sagrados e íntimos de
la vida familiar se vean expuestos a la espectacularidad y a una vulgarización
banal.
3. Una de las finalidades de la AIART es precisamente promover la dignidad de la
persona, de la familia y de la escuela, y defender los derechos y los intereses
morales, espirituales y culturales de los ciudadanos. Se trata de un valioso
servicio en favor de la comunidad cristiana y de la sociedad civil italiana, a
las que exhorto a seguir tutelando en primer lugar la familia y la vida
familiar. Durante estos años la Asociación se ha esforzado por elaborar códigos
de tutela de los menores, y por ello merece aprecio y gratitud. Además de esta
importante acción educativa, deseo que se cultive un diálogo constructivo entre
las familias y los que actúan en el mundo de la televisión, favoreciendo una
reflexión ética seria, muy necesaria en especial para los que trabajan en el
ámbito de la comunicación social, porque realizan una tarea que contribuye en
gran medida a la formación de las personas.
Al pedirle a usted, señor cardenal, que transmita a los responsables y a los
miembros de la AIART mis más cordiales sentimientos, así como mi felicitación
más sincera por este feliz aniversario, les aseguro un recuerdo constante en la
oración y envío de corazón a todos la implorada bendición apostólica.
Vaticano, 10 de noviembre de 2004
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