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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL CARDENAL LOZANO BARRAGÁN 

 

Al señor cardenal
JAVIER LOZANO BARRAGÁN
Presidente del Consejo pontificio para la pastoral de la salud


1. Le confío, señor cardenal, en calidad de enviado especial mío a la celebración de la XIII Jornada mundial del enfermo, el encargo de dirigir mi más cordial saludo a los participantes en ese momento solemne de reflexión y oración, que tendrá lugar en el santuario "María, Reina de los Apóstoles", en Yaundé, Camerún, así como a todas las personas que se unirán espiritualmente a él, también a través de los medios de comunicación.

Expreso mi gratitud al señor presidente de la República de Camerún y a sus colaboradores por la disponibilidad que ha manifestado todo el país en las fases preparatorias y en el desarrollo de este acontecimiento. Saludo a los obispos, a los sacerdotes y a los diáconos, a quienes se ha encomendado la animación pastoral de toda la comunidad. Dirijo mi saludo a los religiosos y a las religiosas, siempre dispuestos a ayudar a las personas que atraviesan dificultades. Saludo en particular a todos los profesionales de la salud, ya que de su generoso compromiso dependen en gran parte el cuidado y la asistencia a los enfermos.

Os saludo especialmente a vosotros, queridos hermanos y hermanas enfermos, que lleváis en vuestro cuerpo los signos del sufrimiento y de la fragilidad, y también a vosotros, sus familiares, los que estáis más cerca de ellos en su vida diaria:  con todo el afecto de mi corazón estoy presente en medio de vosotros.

2. Este año, la celebración de la Jornada mundial del enfermo tiene lugar de nuevo en África, un continente marcado por numerosos y graves problemas, pero también rico en extraordinarios recursos humanos y espirituales, y animado por un intenso deseo de paz y de progreso auténticos. África sufre a causa de numerosos enfermos que, en su tierra, invocan silenciosamente la solidaridad del mundo entero.

Queridos hermanos y hermanas de África, Jesús es "el Hombre que conoce el sufrimiento". En este año consagrado a la Eucaristía, os invito a uniros con la mente y el corazón al sacrificio de la misa, manantial inagotable de esperanza en todas las pruebas de la vida.

María, Reina de los Apóstoles y Salud de los enfermos, que en el Calvario participó en el doloroso martirio de su Hijo, acoja las lágrimas de los que sufren en África y en todos los rincones de la tierra.

A usted, señor cardenal, así como a todas las personas que participen en las celebraciones de la Jornada mundial del enfermo, les imparto de corazón una especial bendición apostólica.

Vaticano, 1 de febrero de 2005

 

Copyright © Libreria Editrice Vaticana 

 

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