XXVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
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MENSAJE DEL SANTO PADRE PARA LA 27a JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

23 de mayo de 1993

Queridos hermanos y hermanas:

A un año de la publicación de la instrucción pastoral Aetatis novae sobre los medios de comunicación social, invito una vez más, a todos a reflexionar sobre la visión del mundo moderno que la Instrucción presenta y sobre las implicaciones prácticas de las situaciones que describe. La Iglesia no puede ignorar los numerosos cambios sin precedentes que el progreso ha ocasionado en este importante y omnipresente aspecto de la vida moderna. Cada uno de nosotros debe interrogarse acerca de la sabiduría necesaria para apreciar las oportunidades que el desarrollo de las modernas tecnologías de comunicación ofrecen al servicio de Dios y de su pueblo reconociendo al mismo tiempo el desafío que tal progreso inevitablemente plantea.

Como la instrucción pastoral Aetatis novae nos recuerda, «las comunicaciones conocen una expansión considerable que influye en las culturas de todo el mundo» (n. 1). Realmente podemos hablar de una nueva cultura creada por las comunicaciones modernas, que a todos afectan particularmente a las generaciones más jóvenes. En gran parte esa nueva cultura es resultado de los avances tecnológicos que ha suscitado «nuevas vías de comunicación, con nuevos lenguajes, nuevas técnicas y una nueva psicología» (cf. Redemptoris missio, 37). Hoy, la Iglesia, mientras se esfuerza por llevar a cabo su perenne misión de proclamar la palabra de Dios, afronta el inmenso desafío de evangelizar esta nueva cultura, y expresa la verdad invariable del Evangelio en su lenguaje. Ya que todos los creyentes están afectados por este desarrollo, a todos se nos pide que nos adaptemos a las situaciones cambiantes y que descubramos modos efectivos y responsables para el uso de los medios de comunicación, para la gloria de Dios y al servicio de su creación.

En mi mensaje para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales del año pasado, mencionaba que entre las realidades que celebramos en esta ocasión anual están los dones, dados por Dios, de la palabra, el oído y la vista, por medio de los cuales se hace posible la comunicación entre nosotros. Este año el tema de la Jornada alude a dos nuevos medios concretos, que sirven a estos sentidos de modo notable; a saber, casetes y videocasetes.

La casete y la videocasete nos han permitido tener al alcance de la mano y transportar fácilmente un número ilimitado de programas, con voz e imágenes como medio de instrucción o de entretenimiento, para entender de forma más completa noticias e información, o para apreciar la belleza y el arte. Es preciso reconocer estos nuevos recursos como instrumentos que Dios, por medio de la inteligencia y el ingenio humanos, ha puesto a nuestra disposición. Como todos los dones de Dios, están para ser usados para una buena causa y para ayudar a individuos y comunidades a crecer en el conocimiento y el aprecio de la verdad así como en sensibilidad hacia la dignidad y necesidades de los otros. Además casetes y videocasetes pueden ayudar a los individuos a desarrollarse en el campo cultural social y religioso. Pueden ser de gran utilidad en la transmisión de la fe, aunque nunca puedan reemplazar el testimonio personal, que es esencial para la proclamación de la verdad completa y el valor del mensaje cristiano.

Espero que los profesionales de la producción de programas audiovisuales, en casetes u otras formas, reflexionen sobre la necesidad de que el mensaje cristiano consiga encontrar expresión, explícita o implícita, en la nueva cultura creada por la comunicación moderna (cf. Aetatis novae, 11). Esto no sólo debiera ser consecuencia natural de «la presencia activa y abierta de la Iglesia en el seno del mundo de las comunicaciones» (cf. Aetatis novae, 11), sino también el resultado de un preciso compromiso por parte de los comunicadores. Los profesionales de los medios, conscientes del auténtico valor, impacto e influencia de sus realizaciones, han de tener especial cuidado en hacerlos de tan alta calidad moral que sus efectos sobre la formación de la cultura sean siempre positivos. Deberán resistir al señuelo, siempre presente, de la ganancia fácil, y rechazar firmemente la participación en producciones que exploten las debilidades humanas, ofendan las conciencias o hieran la dignidad humana.

Es importante, también, que los usuarios de medios tales como las casetes o videocasetes no se consideren únicamente como meros consumidores. Cada persona, con el simple hecho de dar a conocer sus reacciones ante un medio a quienes los producen y comercializan, puede determinar el contenido y tono moral de futuras producciones. En particular a la familia, unidad básica de la sociedad, le afecta profundamente la atmósfera de los medios en que vive. Los padres, por lo tanto, tienen la grave tarea de educar a la familia en un uso crítico de los medios de comunicación social. Hay que explicar la importancia de esta tarea, especialmente a los matrimonios jóvenes. Ningún programa de catequesis debiera pasar por alto la necesidad de enseñar a niños y adolescentes un uso apropiado y responsable de los medios de comunicación.

En esta Jornada mundial de las comunicaciones sociales hago extensivo mi cordial saludo a todos los profesionales, hombres y mujeres empeñados en servir a la familia humana a través de los medios de comunicación a todos los miembros de las organizaciones católicas internacionales de comunicación social activas por el mundo, y al amplio cuerpo de usuarios de los medios de comunicación: una audiencia frente a la que los medios tienen una gran responsabilidad. Que Dios todopoderoso conceda a todos sus dones.

Vaticano, 24 de enero de 1993 fiesta de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas.

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