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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE HOMBRES CATÓLICOS «UNUM OMNES»


Sábado 28 de octubre de 1978

 

Queridos amigos:

La Federación Internacional de Hombres Católicos (Unum omnes), que agrupa a las Asociaciones nacionales de más de treinta países de los diversos continentes, celebra este año el XXX aniversario de su fundación.

En los comienzos de mi pontificado me da gran alegría dirigirme por vez primera a una de las Organizaciones Internacionales Católicas llamadas a prestar una contribución importante a la misión de la Iglesia, o sea, a la evangelización y animación cristiana del mundo. Alegría de ponerme en contacto particularmente con vuestra Federación que ha desarrollado siempre sus actividades con gran fidelidad a la Iglesia, en estrecha comunión con la jerarquía y atenta continuamente a las aspiraciones y problemas actuales. Hoy deseo sólo subrayar algunas características de las Organizaciones nacionales miembros de la Federación, y características también de la Federación en sí, con perspectivas de profundización y renovación.

Vuestra Federación es una Organización internacional de hombres adultos. Al poner de relieve ante todo este aspecto, no se trata de dar menos valor a la participación tan importante de las mujeres, los jóvenes, e incluso los niños, en la misión de la Iglesia, en muchos sectores de la vida social y eclesial.

Se trata sólo de insistir en la necesidad de la presencia activa en el mundo, de hombres católicos adultos, y en la necesidad de su testimonio cristiano y su acción apostólica, para que la Iglesia penetre realmente como levadura en la sociedad humana, con todas las estructuras que tiene, e influenciada como está por tantas ideologías extrañas al espíritu del Evangelio. Pero, ¿cómo llegar a todos estos hombres tan inmersos y absortos en sus responsabilidades y preocupaciones terrenas, hasta el punto de que no hacen caso e incluso olvidan la dimensión religiosa de su vida? ¿Verdad que esto se puede conseguir gracias a otros hombres semejantes a ellos, comprometidos como ellos, pero que a la vez buscan y adoran a Dios sin cesar, y siguen y sirven al Señor Jesucristo?

¿Cómo no aspirar a que haya en todo el mundo hombres católicos de cualquier condición social, con responsabilidades temporales a todos los niveles, que se enrolen en asociaciones apostólicas bien ensambladas en las parroquias y ciudades, a fin de encontrar en ellas la formación cristiana sólida que necesitan, ayudarse mutuamente y prepararse a dar verdadero testimonio apostólico adaptado a las necesidades actuales y animado por el espíritu de amor, servicio y renovación según el Evangelio? Esta inserción local reclama, es evidente, cambios y coordinación a nivel diocesano, nacional e internacional.

Vuestra Federación y las Organizaciones miembros de ésta son católicas. Es una de las características esenciales de estas asociaciones de Acción Católica, que puso bien en claro el reciente Concilio: Perseguir,«manteniendo unión muy estrecha con la jerarquía, fines propiamente apostólicos..., evangelizar y santificar a los hombres y formar cristianamente su conciencia, de suerte que puedan imbuir de espíritu evangélico las diversas comunidades y los diversos ambientes» (Apostalicam actuositatem, 20).

La Santa Sede valora grandemente este hondo sentido eclesial de la Federación y os exhorta con fuerza a mantenerlo en todos los niveles. Es trascendental asimismo que vuestra Federación persevere en el afán de dar a sus miembros la formación adecuada para que puedan asumir totalmente su responsabilidad de laicos, ya que en un mundo amenazado de secularización, éstos deben llevar a cabo una acción secular cristiana, buscando el reino de Dios a través de la gestión de las cosas temporales (cf. Lumen gentium, 31).

El tema estudiado en esta asamblea, «Los derechos del hombre», da prueba de vuestro deseo de estar muy presentes en las realidades sociales de nuestro tiempo. Dicho estudio, realizado a la luz del Evangelio, se propone dos objetivos concretos: el compromiso personal y la acción conjunta de los cristianos con miras a promover, defender y hacer que se respeten esos derechos en la sociedad humana. Por este medio contribuirá a extender la irradiación de la Iglesia a través de la acción de sus miembros laicos.

Os deseo que los trabajos de vuestra asamblea sean muy provechosos. Gracias por la tarea desempeñada en estos treinta años al servicio de la Iglesia; perseverad en ella con fe, esperanza y caridad. Pido al Señor que os guíe; y os bendigo de todo corazón, a vosotros aquí presentes y a vuestros consiliarios, así como a todos los miembros de la Federación y a sus familias.

Permitidme que añada unas palabras en inglés, para insistir en mi alegría de hoy por encontrarme con vosotros que formáis el Consejo Internacional de Hombres Católicos

Deseo manifestaros mi admiración por vuestra entrega a la causa del Señor Jesús. Por el bautismo y la confirmación El os llamó a tomar parte en la misión de su Iglesia, en su propia misión de salvación. Y el Papa está profundamente agradecido a todos vosotros por cuanto estáis haciendo para que avance el reino de Dios, reino de verdad y vida, de amor y de paz. Le emociona sentir cerca vuestra compañía al difundir el Evangelio de Cristo.

Encomiendo vuestras actividades a María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, pidiéndole os mantenga constantes en la fe en su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, para que el mundo, «viendo vuestras buenas obras, glorifique a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5, 16). Con mi bendición apostólica.

 

© Copyright 1978 - Libreria Editrice Vaticana

 

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