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ENCUENTRO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
CON MILES DE JÓVENES EN la BASÍLICA DE SAN PEDRO
Miércoles 8 de noviembre de 1978
Antes de pronunciar su alocución, las ovaciones fortísimas
hicieron exclamar al Papa:
Gracias a Dios el edificio de la basílica de San Pedro es
bastante fuerte para poder resistir todas estas explosiones...
Bienvenidos seáis, queridos chicos y chicas, y queridísimos jóvenes:
Os saludo de todo corazón y os digo que es muy grande la alegría que me
proporcionáis hoy con vuestra presencia nutrida y afectuosa. Siempre se está
bien con los jóvenes.
El Papa quiere a todos, a cada hombre y a todos los hombres; pero tiene
preferencia por los jóvenes, porque éstos tenían lugar de preferencia en el
corazón de Cristo que deseaba estar con los niños (Mc 10, 14; Lc 18, 16) y
departir con los jóvenes; a los jóvenes dirigía en especial su llamamiento (cf.
Mt 19, 21) y a Juan, el Apóstol más joven, lo había hecho su predilecto.
Os agradezco vivamente; por tanto, el haber venido a visitarme, trayéndome el
don precioso de vuestra juventud, de vuestros ojos llenos de alegría y de vida,
de vuestros rostros resplandecientes de ideales.
Además de la intensidad de mis sentimientos de afecto, en este primer encuentro
deseo expresaros mi esperanza; sí, mi esperanza porque sois la promesa del
mañana. Vosotros sois la esperanza de la Iglesia y de la sociedad.
Al contemplaros pienso con estremecimiento y confianza en lo que os espera en
la vida y en lo que seréis en el mundo de mañana; y deseo dejaros tres ideas
como viático para vuestra vida:
— buscad a Jesús,
— amad a Jesús,
— dad testimonio de Jesús.
1. Lo primero de todo, "buscad a Jesús".
Hoy menos que nunca nos podemos quedar en una fe cristiana superficial o de
tipo sociológico; los tiempos han cambiado, bien lo sabéis. El aumento de la
cultura, la influencia incesante de los mass-media, el conocer las vicisitudes
humanas pasadas y presentes, el aumento de la sensibilidad y de la exigencia
de certeza y claridad sobre las verdades fundamentales, la presencia masiva de
concepciones ateas, agnósticas e incluso anticristianas en la sociedad y en la
cultura, reclaman fe personal, es decir, buscada con ansia de verdad para
vivirla luego integralmente.
Es necesario pues llegar a la convicción clara y cierta de la verdad de la
propia fe cristiana, es decir, en primer lugar de la historicidad y divinidad de
Cristo, y de la misión de la Iglesia que El quiso y fundó.
Cuando se está verdaderamente convencido de que Jesús es el Verbo Encarnado y
está siempre presente en la Iglesia, entonces se acepta plenamente su "palabra"
porque es palabra divina que no engaña ni se contradice, y nos da el sentido
único y verdadero de la vida y de la eternidad. En efecto, ¡El solo tiene
palabras de vida eterna! ¡El solo es el camino, la verdad y la vida!
Os lo repito, pues: Buscad a Jesús leyendo y estudiando el Evangelio; leyendo
algún libro bueno. Buscad a Jesús sobre todo aprovechando las clases de religión
del colegio, las clases de la catequesis, los encuentros en vuestra parroquia.
Buscar a Jesús personalmente con el ansia y el gozo de descubrir la verdad, da
honda satisfacción interior y gran fuerza espiritual para poner en práctica
después lo que El exige, aunque cueste sacrificio
2. En segundo lugar os digo ¡amad a Jesús!
Jesús no es una idea ni un sentimiento ni un recuerdo. Jesús es una "persona"
viva siempre y presente entre nosotros.
Amad a Jesús presente en la Eucaristía. Está presente de modo sacrificial en
la Santa Misa que renueva el Sacrificio de la cruz. Ir a Misa significa ir al
Calvario para encontrarnos con El, nuestro Redentor.
Viene a nosotros en la santa comunión y queda presente en el sagrario de
nuestras iglesias, porque El es nuestro amigo, amigo de todos, y desea ser
especialmente amigo y fortaleza en el camino de vuestra vida de muchachos y
jóvenes que tenéis tanta necesidad de confianza y amistad.
Amad a Jesús presente en la Iglesia a través de los sacerdotes; presente en la
familia por medio de vuestros padres y de vuestros seres queridos.
Amad a Jesús presente especialmente en los que sufren del modo que sea:
físicamente, moralmente, espiritualmente. Sea vuestro empeño y programa amar al
prójimo descubriendo en él el rostro de Cristo.
3. Y finalmente os digo: Dad testimonio de Jesús con vuestra fe valiente y
vuestra inocencia.
Es inútil lamentarse de que los tiempos son malos. Como ya escribía San Pablo,
hay que vencer el mal haciendo bien (cf. Rom 12, 21). El mundo estima y respeta
la valentía de las ideas y la fuerza de la virtud. No tengáis miedo de
rechazar palabras, gestos y actitudes no conformes con los ideales cristianos.
Sed valientes para oponeros a todo lo que destruye vuestra inocencia o desflora
la lozanía de vuestro amor a Cristo.
Buscar a Jesús, amarle, dar testimonio de El.
Sea éste vuestro afán; ésta es la consigna que os dejo.
Actuando así no sólo conservaréis en vuestra vida el gozo verdadero, sino que
también reportaréis beneficio a la sociedad entera, que tiene necesidad de
coherencia con el mensaje evangélico antes que nada.
Esto es cuanto os deseo de todo corazón al bendeciros a vosotros, a vuestros
seres queridos y a cuantos se dedican a vuestra formación.
* * *
Os
agradezco este momento que hemos dedicado juntos a estas tres ideas: buscar a
Cristo, amarle y dar testimonio de El. Yo os he ido hablando y vosotros habéis
dado rienda suelta al entusiasmo para manifestarme vuestra respuesta
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