|
DISCURSO
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA ANTI-INCENDIOS
DE ROMA
Patio de San Dámaso
Miércoles 15 de noviembre de 1978
Queridos jóvenes:
Con sumo gusto he acogido el deseo de vuestros superiores de encontrarme con
vosotros, alumnos de las Escuelas Anti-incendios de Roma, en este patio de San
Dámaso, para deciros —si bien sea brevemente— una palabra de complacencia y
alabanza por lo que "sois" y por lo que "hacéis":
— "Sois" jóvenes entusiastas y generosos que, como lo hicieron vuestros
compañeros mayores en años pasados con mi venerado predecesor Pablo VI,
deseáis testimoniar al nuevo Papa vuestra fe en Dios y vuestra confianza en la
Iglesia. Os lo agradezco y os ofrezco toda mi simpatía y solidaridad.
— "Hacéis" ejercicio para adiestraros en la disciplina del cuerpo y del espíritu,
a fin de rendir a la comunidad un servicio precioso en defensa y protección de
los ciudadanos, a costa de grandes peligros incluso; pues bien, sabed unir al
ejercicio de las virtudes humanas características de vuestra profesión, el
ideal noble y ennoblecedor que os lleva a descubrir en el hermano en peligro o
necesitado, al mismo Cristo (cf. Mt 25, 31-46).
Asimismo os deseo que al volver a vuestras casas, cuando terminéis vuestra preparación, podáis llevar a
cumplimiento todas estas buenas intenciones vuestras en la vida privada y en la
pública: en la formación de una familia futura, con la que ya soñáis, e
insertándoos en la sociedad como ciudadanos buenos y honrados, amantes del
progreso, la justicia, la paz y el respeto mutuo.
Con estos votos saludo y doy las gracias nuevamente a los oficiales de la
Compañía, al capellán jefe y a vosotros, jóvenes queridos que sois la esperanza
de la Iglesia y de la sociedad; y a todos imparto mi bendición, que deseo se
extienda a vuestros amigos y parientes, y a vuestros seres más queridos.
Hoy en la audiencia general hablaré de la virtud de la
fortaleza. He aquí un ejemplo de la fortaleza bien patente
© Copyright 1978 - Libreria Editrice Vaticana |