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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
AL SEÑOR JOHN GERALD MOLLOY,
NUEVO EMBAJADOR DE IRLANDA ANTE LA SANTA SEDE
Martes 12 de diciembre de 1978
Señor Embajador:
Con alegría acojo a Vuestra Excelencia en calidad de Embajador de Irlanda ante
la Santa Sede, y al recibir las Cartas Credenciales que os ha dado el Excmo. Sr.
Presidente Hillery, ruego a Vuestra Excelencia le transmita mi saludo cordial y
le renueve de corazón los buenos deseos que ya le manifesté en nuestro
reciente encuentro.
Me proporciona complacencia especial recibir al representante de un país de
larga y gloriosa tradición de adhesión a la fe cristiana. San Patricio, de quien
Irlanda recibió esta fe, está considerado con razón como su Abraham o Moisés,
puesto que fue él quien la formó en el cristianismo y la situó en un camino que
se comprometió a seguir fielmente desde entonces. El continente europeo, con el
que vuestro país está enlazando ahora relaciones más estrechas, sigue
manteniendo un recuerdo excelente de las grandes personalidades irlandesas que
dejaron impresión profunda por su sabiduría y santidad, en un tiempo en que la
luz del Evangelio y del saber corrían peligro de irse apagando. Hoy todos los
continentes sienten la influencia de vuestros misioneros, y de los hombres y
mujeres que han construido sus hogares en otros países y están prestando ayuda
fraternal a otros pueblos.
Me alegro mucho ante estas manifestaciones de honda convicción cristiana de
vuestros compatriotas. Es garantía —así me lo parece— de que la comprensión y
cooperación llegarán a sustituir al odio y a la lucha. El mensaje del Evangelio,
que la Iglesia está llamada a hacer penetrar cada vez más en el modo de pensar y
de vivir del pueblo, recomienda respeto sincero y amor a los que tienen
diferentes puntos de vista sociales y políticos. Nos enseña que todos los otros
seres humanos son hermanos o hermanas nuestros. Por consiguiente, se compromete
a fortalecer la unión de la familia entre los hijos de una misma madre patria, y
estimular la colaboración mutua y respeto de los demás y de los valores
espirituales, que son el fundamento de la concordia de una sociedad y de su
progreso moral y social.
Os aseguro. Señor Embajador. que tengo gran interés por el bienestar de
vuestro país. y elevo oraciones para que todos puedan gozar de la felicidad en
paz y justicia. Aprecio grandemente la colaboración que las autoridades
irlandesas están prestando al bien de los pueblos del mundo por medio de ayudas
materiales y espirituales, contribuyendo a mantener v fortificar la paz. y
defendiendo loe derechos humanos.
Deseo prometer a Vuestra Excelencia toda clase de ayudas de parte de la Santa
Sede en el cumplimiento de vuestros deberes de Embajador, y manifiesto la
esperanza de que vuestra misión sea premio para usted mismo y beneficiosa para
todos
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