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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS OBISPOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
DE MÉXICO EN VISITA
«AD LIMINA APOSTOLORUM»

Martes 29 de noviembre de 1994

 

Queridos Hermanos en el Episcopado:

1. Con profundo afecto deseo daros mi cordial bienvenida con las mismas palabras del Apóstol: “Gracia y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Rom 1, 7). La visita “ad Limina”, con la que se sigue la antigua tradición de peregrinar a las tumbas de Pedro y Pablo, quiere manifestar la profunda comunión entre vuestras Iglesias particulares y esta Sede Apostólica, y comprende también el encuentro con el Papa y con los diversos Dicasterios de la Curia romana. La unidad de los Obispos con el Sucesor de Pedro, basada en la voluntad de Cristo, hace que las Comunidades eclesiales estén cimentadas sobre roca firme (cf. Mt 7, 24-27).

Agradezco vivamente las amables palabras del Señor Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, Administrador Apostólico de México, con las que ha querido expresar, en nombre de todos, los vínculos de fe y de caridad eclesial que os unen al Sucesor de Pedro. Deseo agradeceros también las informaciones que me habéis ofrecido, tanto en las Relaciones quinquenales como durante los encuentros personales, lo cual me ha permitido conocer mejor la vitalidad de vuestras diócesis, poniendo de relieve los sectores que requieren una renovada y constante dedicación pastoral.

2. Me uno a vuestra acción de gracias al Señor por los abundantes frutos con que ha bendecido a esas amadas diócesis mexicanas desde la última visita “ad Limina”. En efecto, el aumento de vocaciones y de ordenaciones sacerdotales, la mayor participación de los laicos en actividades apostólicas, la fecunda labor de numerosos catequistas en la formación cristiana de los niños y jóvenes, y el resurgir de los movimientos apostólicos, son otros tantos motivos de satisfacción por los objetivos alcanzados en el extenso campo de la nueva evangelización en México.

La Iglesia se siente interpelada continuamente por su divino Maestro y trata de cumplir fielmente su mandato de anunciar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15). Esta misión, encaminada a despertar la fe y la conciencia del pueblo cristiano, debe comprometer y responsabilizar a todas las fuerzas vivas de cada comunidad eclesial y abarcar todos los campos de la sociedad, en particular, la familia, la juventud y la cultura, a través del mensaje claro y preciso.

El anuncio explícito y profético del Señor resucitado se ha de hacer con la misma franqueza y valentía de los Apóstoles (cf. Hech 5, 28-29; Redemptoris missio, 45), de modo que la palabra de vida se convierta en una adhesión personal a Jesús, Redentor del hombre. En efecto, “no hay evangelización verdadera, mientras no se anuncia el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios” (Evangelii nuntiandi, 22) . Sólo así podrá llevarse a cabo una evangelización “en profundidad y hasta sus mismas raíces” (Ibíd., 20).

3. Vuestra misión tiene como objetivo hacer que la verdad sobre Cristo y la verdad sobre el hombre penetren profundamente en todos los estratos de la sociedad mexicana y la transformen, pues “urge recuperar y presentar una vez más el verdadero rostro de la fe cristiana, que no es simplemente un conjunto de proposiciones que se han de acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida” (Veritatis splendor, 88).

Esta labor vuestra, no exenta de dificultades, se desarrolla en medio de un pueblo de corazón noble y de espíritu abierto y acogedor, que sabe valorar la acción apostólica cuando se le proclama la Buena Nueva de las bienaventuranzas. Es cierto que en la sociedad mexicana se dejan sentir también los síntomas de un proceso de secularización, que se manifiesta en tendencias como son: el ateísmo práctico, el indiferentismo, el consumismo y la crisis de valores. Esto aleja a muchos de Dios, ocultándoles el auténtico sentido y la explicación última de sus vidas. Pero, en el fondo, este pueblo, como sabéis muy bien y como yo mismo he podido constatar en mis viajes pastorales, tiene un alma profundamente cristiana. He ahí una prometedora realidad, que abre a la esperanza, al ver surgir nuevos apóstoles dispuestos a responder “con generosidad y santidad a las solicitaciones y desafíos de nuestro tiempo” (Redemptoris missio, 92). En este sentido, la tarea evangelizadora nunca se acaba, es más, requiere un esfuerzo renovado y constante.

4. La IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Santo Domingo, ha puesto particularmente de relieve los graves desafíos pastorales de nuestro tiempo y “ha querido perfilar las líneas fundamentales de un nuevo impulso evangelizador que ponga a Cristo en el corazón y la vida de todos los latinoamericanos” (IV Conf. Gen Episcopado Latinoamericano, Nuntius, 3) . Éste y no otro ha de ser vuestro objetivo. Como “verdaderos y auténticos maestros de la fe” (Christus Dominus, 2), debéis orientar a los fieles diocesanos en su vida moral, al mismo tiempo que alentarlos a que den testimonio de su identidad cristiana entre los demás. A este respecto, al tratar de la presencia de la Iglesia en el mundo dice el Concilio Vaticano II que de su “misma misión religiosa fluyen tareas, luz y fuerzas que pueden servir para constituir y fortalecer la comunidad de los hombres según la ley divina” (Gaudium et spes, 42), . En efecto, la Iglesia, por su vocación de servicio al hombre en todas sus dimensiones, alienta todo aquello que pueda favorecer el bien común de la sociedad y se esfuerza por ser siempre “signo y salvaguardia de la trascendencia de la persona humana” (Ibíd., 76) ), a la vez que ilumina también las realidades temporales con los valores y criterios del Evangelio (cf. Ibíd.).

5. En el desarrollo de vuestro ministerio pastoral participan de manera inmediata con vosotros los presbíteros. Para una mejor colaboración y eficacia es necesario estar muy cerca de ellos, “dispuestos a escucharlos y a tratarlos con confianza” (Christus Dominus, 16), a través de una relación personal y con espíritu de auténtica amistad sacerdotal, como Jesús, el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y da su vida por ellas (cf. Jn 10, 14-15). Preocupaos de “su situación espiritual, intelectual y material para que puedan vivir santa y religiosamente y puedan realizar su ministerio con fidelidad y fruto” (Christus Dominus, 16),. Procurad fomentar diversas formas de relación y convivencia fraterna entre ellos. De este modo serán capaces de afrontar con más confianza y apoyo las dificultades cotidianas, y vivir con mayor fidelidad y gozo su vocación sacerdotal configurados con Cristo.

Es motivo de satisfacción saber que tantos sacerdotes de vuestras diócesis desempeñan su ministerio con auténtica abnegación y entrega a sus comunidades, a las que sirven con caridad pastoral. En su labor cotidiana, deben también tener presente el derecho de los fieles a que se les enseñe el contenido integral de la Revelación y de la doctrina de la Iglesia.

6. Una realidad consoladora para el crecimiento de la vida cristiana en México es la presencia de numerosos Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica, que en este momento gozan de un notable florecimiento vocacional. Ello demuestra la vitalidad de vuestras Iglesias particulares y es motivo de acción de gracias a Dios, que llama a tantos de sus hijos e hijas a seguirlo más directamente mediante la práctica de los consejos evangélicos.

La reciente Asamblea del Sínodo de los Obispos ha tratado ampliamente sobre la necesaria integración de las comunidades y personas de Vida Consagrada dentro de las Iglesias particulares. Aunque el carisma de cada Instituto está orientado al servicio y enriquecimiento de la Iglesia universal, sin embargo todos los consagrados ejercen en una Comunidad diocesana concreta la acción evangelizadora, ya sea mediante el anuncio directo de la Palabra, ya sea trabajando en diversas obras asistenciales, educativas y formativas. Por tanto, queridos Hermanos, además de presentar la vida consagrada como uno de los caminos hacia la santidad dentro de la Iglesia, os toca a vosotros cuidar con verdadero celo y caridad pastoral a los religiosos y religiosas que viven, oran y trabajan en vuestras diócesis.

7. Una realidad alentadora de la Iglesia en México es la existencia de muchos laicos comprometidos y de diversos grupos y movimientos apostólicos. Es sin duda el Espíritu quien suscita estos carismas, pero toca a los Pastores discernirlos para que se colabore efectivamente en la construcción de la comunión eclesial. En este campo merecen una atención especial los que trabajan en la Pastoral familiar. Su testimonio y compromiso apostólico, con encuentros de oración y formación, han movido a muchas personas a dedicarse a la evangelización y renovación de la vida cristiana. Estos agentes, además de asistir a los matrimonios y promover la formación de los esposos cristianos y la santidad de la familia, se han entregado a la tarea de acoger y alentar a quienes viven en situaciones matrimoniales irregulares (cf. Familiaris consortio, 77-84; Puebla, 595).

Por eso, comparto la profunda preocupación que sentís ante los graves peligros que amenazan la estabilidad y unidad de la familia, como son: la mentalidad hedonista y egoísta, el divorcio, la falta de principios éticos y morales, el sexismo y pornografía desenfrenados, así como las condiciones infrahumanas de vida y la falta de vivienda. Es necesario, pues, aunar esfuerzos para que la familia pueda salir indemne de los muchos peligros que la acechan y siga siendo una institución respetada y debidamente considerada, como pilar de vuestra cultura.

8. No pocos de los retos pastorales con que se enfrenta vuestro ministerio episcopal están estrechamente relacionados con la evangelización de la cultura. En efecto, si nos fijamos en lo dicho acerca de la familia y del surgir de las vocaciones, vemos la importancia de favorecer un ambiente cultural propicio, que haga posible la manifestación y promoción de los valores humanos y evangélicos en toda su integridad. Por esto, hay que “alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación” (Evangelii nuntiandi, 19).

El ámbito de la cultura es uno de los “ areópagos modernos ”, en los que ha de hacerse presente el Evangelio con toda su fuerza (Redemptoris missio, 37; Tertio millennio adveniente, 57)). Gracias a la perseverante labor llevada a cabo en las escuelas y en muchos Centros de Estudios Superiores basados en un proyecto cristiano, son relevantes los resultados conseguidos, por lo que se refiere al diálogo entre fe y cultura. Por todo lo cual, es muy importante que dichas instituciones impartan una enseñanza coherente con su identidad católica, pues de ello depende que la cultura de vuestra Nación esté profundamente iluminada por la verdad del Evangelio.

A este respecto, las Universidades Católicas, junto con otras instituciones docentes de inspiración cristiana, deben tener entre sus principales objetivos difundir la Doctrina Social de la Iglesia que, fundada en los principios del Evangelio, promueve también la “ nueva civilización del amor ”. Iluminados y guiados por ella, se tratará de buscar y poner en práctica medios y acciones eficaces para favorecer la reconciliación, la justicia y el conveniente desarrollo, manifestando abiertamente la centralidad del bien, de la verdad y de la belleza.

9. Es sabido que otro motivo de inquietud pastoral es la expansión de las sectas y de los nuevos grupos religiosos que atraen a muchos fieles y siembran confusión e incertidumbre entre los católicos. En este campo, es necesario analizar profundamente el problema y encontrar líneas pastorales para afrontarlo. Los Obispos os habéis de sentir movidos a potenciar una acción concordada, con la colaboración eficaz de los sacerdotes, de los religiosos y religiosas, y de otros agentes de pastoral, dirigida a formar cristianos convencidos, lograr que las celebraciones litúrgicas sean más vivas y participadas, así como alentar a las comunidades cristianas para que sean siempre fervorosas y acogedoras. Además de pensar en la influencia negativa de dichos grupos religiosos fundamentalistas, habría que preocuparse de ver cómo se pueden contrarrestar las causas que empujan a muchos a abandonar la Iglesia.

10. Antes de terminar, pido al Señor que este encuentro consolide y confirme vuestra mutua unión como Pastores de la Iglesia en México, en bien de vuestras comunidades eclesiales. Al mismo tiempo, os ruego que transmitáis a los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, agentes de pastoral y a todos vuestros diocesanos, mi afectuoso saludo y mi bendición. Recordadles que el Papa les tiene presentes en sus plegarias y que les alienta a dar siempre auténtico testimonio de vida cristiana en la sociedad actual.

A la intercesión maternal de Nuestra Señora de Guadalupe encomiendo vuestras personas, vuestros proyectos y labor pastoral, para que guiéis firmemente a esa porción de la Iglesia de Dios que peregrina en las queridas tierras de México.

Con estos fervientes augurios os acompaña también mi cercanía espiritual y mi Bendición Apostólica.

 

© Copyright 1994 -  Libreria Editrice Vaticana

 

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