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DISCURSO DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II EN LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD LATERANENSE CON MOTIVO DE LA
APERTURA DEL AÑO ACADÉMICO Y LA BENDICIÓN DE LOS NUEVOS LOCALES
16 de noviembre de 1999
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Señores cardenales; venerados hermanos en el
episcopado; ilustres profesores; amadísimos alumnos:
1. He aceptado con mucho gusto la invitación para presidir la solemne
apertura del año académico y reunirme con cuantos, con diferentes funciones,
forman parte de la gran familia universitaria lateranense. Gracias por vuestra
cariñosa acogida. Gracias por este renovado testimonio de fidelidad y devoción
al Sucesor de Pedro.
Mi cordial saludo va, ante todo, al cardenal Camillo Ruini, gran canciller de
esta universidad. Saludo, a los señores cardenales y a los obispos presentes,
así como al rector magnífico, monseñor Angelo Scola, a quien agradezco las
amables palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre de toda la comunidad
universitaria.
Mi saludo cordial se dirige también a los señores embajadores, a los rectores
magníficos de las universidades eclesiásticas y civiles, a los rectores de los
seminarios y de los colegios, a los patrocinadores y a los bienhechores que
participan en este solemne acto académico.
Por último, deseo dirigirme con afecto especial a vosotros, ilustres profesores
y queridos alumnos, que os dedicáis diariamente con empeño a la investigación
exaltante y ardua de la verdad. Vuestro compromiso puede beneficiarse hoy de las
nuevas aulas que acabo de bendecir, de las reformas del estatuto recientemente
aprobadas y de la gestión técnico-administrativa actualizada, que aseguran a
la Pontificia Universidad Lateranense y al Instituto pontificio Juan
Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia un gobierno y una
red de servicios profundamente unitarios, respetando la autonomía de las dos
instituciones y su vocación académica que se realiza en la ciudad de Roma pero
tiene una dimensión universal.
2. Reflexionar en los orígenes de esta
universidad equivale a releer una página de la historia misma de la Iglesia
que, como es sabido, ha sido promotora de los más antiguos ateneos europeos.
En la época moderna, la reforma iluminista de la universidad quiso dar una
respuesta a los interrogantes esenciales sobre el hombre y su destino,
prescindiendo de la Revelación. En muchos casos, la misma teología ha sido
expulsada, por decirlo así, de la institución académica, después de haber
sido su centro durante siglos.
Sin embargo, parece que en el actual marco cultural la reducción de las
pretensiones exclusivistas de la razón y la comprobada aridez del relativismo
agnóstico ponen de nuevo en el centro de la atención universitaria la
investigación sobre la totalidad del humanum.
Como herederas legítimas de la tradición académica de las escuelas
medievales, las universidades "eclesiásticas" están llamadas a ser
protagonistas de este despertar, mediante una fecunda colaboración con
numerosos investigadores del mundo universitario, especialmente católico.
3. Esta renovada atención al hombre en su nexo
intrínseco con el ser y con la pregunta sobre Dios abre nuestra mirada a las
tareas propias de las facultades y los institutos que forman parte de la
Universidad Lateranense.
La facultad de teología está llamada a ocuparse de la incesante
aspiración del intellectus fidei a penetrar cada vez más profundamente
en el misterio de Dios, y a proponerlo en la "lengua" de la generación
actual.
La facultad de filosofía se confronta, por un lado, con el desarrollo
continuo de las ciencias de la naturaleza y del hombre, y, por otro, con la pérdida
de un nivel superior de reflexión, relacionado tanto con la filosofía del
hombre como con la metafísica (cf. Fides et ratio, 83), y a partir del
cual pueden recapitularse, ordenarse e integrarse los demás grados de la
experiencia y del conocimiento, para abrirse después al diálogo fecundo con la
fe.
El Instituto pontificio "Utriusque iuris", con su singular
fisonomía científica, alimentada por una visión articulada de la historia de
los derechos, está llamado a motivar nuevamente los principios del ordenamiento
jurídico canónico y civil con la colaboración de estas "dos manos"
de su saber.
El Instituto pontificio de pastoral "Redemptor hominis", que
desde hace algunos años dedica particular atención a la doctrina social de la
Iglesia, deberá reflexionar sobre la urgencia de una acción eclesial eficaz
para lograr que en los ambientes religiosos, culturales, sociales, políticos y
económicos se acepte la verdad central reafirmada por el concilio Vaticano II,
es decir, que el hombre es "la única criatura en la tierra a la que Dios
ha amado por sí misma" (Gaudium et spes, 24).
Por último, deseo subrayar una vez más la importancia de la investigación del
designio de Dios sobre la persona, el matrimonio y la familia, que se realiza en
el Instituto pontificio Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la
familia, que recordé también con ocasión del reciente encuentro con el
claustro de profesores de todas sus secciones internacionales (cf. L'Osservatore
Romano, edición en lengua española, 3 de septiembre de 1999, p. 7).
4. Para responder a esos desafíos es necesaria la
colaboración de todos los componentes universitarios, incluidas las realidades
académicas que, en los diversos continentes, están unidas de varias maneras a
la Universidad Lateranense. Por medio de ellas, vuestro ateneo contribuye a
trazar de nuevo los confines ideales y efectivos de la universidad del tercer
milenio, que se irradia, más allá del continente europeo, a todo el mundo. Del
mismo modo que la Universitas medieval participó en la formación de la
identidad europea, así también la universidad del tercer milenio está llamada
a hacer que aumente la nueva conciencia de pertenencia a la entera familia
humana de hombres y pueblos.
En esa labor, vuestra tarea específica consistirá en testimoniar que esa
conciencia se funda en Jesucristo, que es el alfa y la omega, la raíz y el
brote, el principio y el fin.
5. Queridos profesores y alumnos de la Alma
Mater Lateranensis, que tiene el honor y la responsabilidad de ser de modo
especial la Universidad del Papa, preocupaos siempre por la unidad
creativa y dinámica entre fe e intellectus fidei. Como recuerda san
Anselmo, está expuesta al drama del pecado, por el que "la verdad habla
claro y, sin embargo, lo íntimo permanece insensible" (Oratio ad
Sanctum Paulum, 82-84). Esa conciencia debe llevar a buscar una unidad
eficaz entre los diversos ámbitos pedagógicos, mediante una coordinación cada
vez más efectiva y cordial entre los responsables de vuestra institución
universitaria y los formadores de los seminarios y colegios, en particular, los
que están presentes en la diócesis de Roma.
Con estos sentimientos, encomiendo a María, Mater Ecclesiae, a María, Sedes
Sapientiae, este nuevo año académico, que exige de cada uno de vosotros
empeño, espíritu de iniciativa y fidelidad, con obediencia pronta a la
"verdad" que viene de lo alto, garantizada por el magisterio auténtico
de la Iglesia. El Papa os sostiene, os acompaña y os bendice a todos con
afecto.
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