 |
MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II CON
OCASIÓN DE LA REAPERTURA DE LA CATEDRAL DE URBINO-URBANIA-SANT'ANGELO IN
VADO
Al venerado hermano
FRANCESCO MARINELLI
Arzobispo de
Urbino-Urbania-Sant'Angelo in Vado
1. Me ha alegrado saber que en la próxima solemnidad del santo patrono, el
mártir Crescentino, se reabrirá al culto la basílica catedral de esa archidiócesis,
después de un período de doloroso y forzado cierre a causa del terremoto que,
hace cinco años, afectó a la ciudad de Urbino y a una amplia zona de las
Marcas.
Deseo, ante todo, congratularme con usted, venerado hermano, y con cuantos han
contribuido a devolver a ese edificio sagrado su belleza arquitectónica y su
esplendor originario. Así, a través de las admirables obras de arte que
contiene y las numerosas expresiones de espiritualidad y cultura cristiana que
lo enriquecen, seguirá siendo testigo singular de una historia gloriosa. Además,
el templo, en cuanto catedral diocesana, tiene un significado particularmente
profundo para la comunidad, como observó mi predecesor de venerada memoria, el
siervo de Dios Pablo VI: "La catedral, por la majestad de su
arquitectura, es un símbolo del templo espiritual que se construye en el
interior de las almas, con el esplendor de la divina gracia según el dicho del
Apóstol Pablo: "Vosotros sois templo de Dios vivo" (2 Co 6,
16" (constitución apostólica Mirificus eventus. Enchiridion Vaticanum,
Supplementum 1, n. 72).
En la catedral se encuentra la cátedra del obispo, signo de magisterio y
de potestad eclesial, así como símbolo de la unidad de los que comparten la fe
que el obispo, como pastor de la grey de los creyentes, custodia, proclama y
comparte con la Iglesia universal. Por eso la catedral debe considerarse el
centro de la vida de la archidiócesis. En ella el obispo preside la liturgia,
bendice el sagrado crisma y realiza las ordenaciones. Amar y venerar la catedral
es amar a la Iglesia en cuanto comunidad de personas unidas por el mismo credo,
por la misma liturgia y por la misma caridad. En consecuencia, todos deben
esforzarse por actuar siempre con espíritu de unidad en torno al obispo,
"principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias
particulares" (Lumen gentium, 23).
La iglesia catedral de Urbino no sólo posee una historia gloriosa que narrar;
también es expresión de una gran historia por construir. Lo que propuse
a toda la catolicidad como herencia del jubileo, vale también para esa amada
comunidad. Por tanto, le digo: Iglesia de Dios que vives en Urbino,
Urbania y Sant'Angelo in Vado, "rema mar adentro" (Lc 5,
6), mira con confianza al futuro, al que el Espíritu Santo te proyecta para
formar con tus fieles, piedras vivas, el templo del Espíritu Santo (cf. 1 P
2, 5).
2. Desde esta perspectiva de renovada vitalidad y de impulso apostólico,
deseo expresar mi aprecio y mi aliento por algunas iniciativas pastorales
puestas en marcha recientemente. Me refiero, ante todo, a la reapertura, en
concomitancia con este feliz acontecimiento, del seminario diocesano. La
atención y la promoción de una pastoral vocacional eficaz son el signo inequívoco
del vigor de la comunidad cristiana y deben ir acompañados siempre por la oración
insistente al Señor, para que llame a nuevos y dignos obreros a la mies evangélica.
Espero de corazón que este nuevo inicio suscite numerosas y santas vocaciones
al sacerdocio ministerial y, más en general, contribuya a renovar y a hacer
cada vez más eficaz y fecunda la pastoral vocacional.
En segundo lugar, merece una mención particular la presencia, en esa ciudad, de
la Universidad. Nacida de la solicitud de la Iglesia por la profundización de
los estudios de carácter teológico y jurídico, la universidad de Urbino vive
y trabaja desde siempre en estrecha colaboración con la comunidad local,
creando profesionalidad y convirtiéndose en instrumento de transmisión de
formas actualizadas del saber.
A este respecto, expreso mi viva satisfacción por la válida y constante atención
pastoral dirigida a las personas que trabajan dentro de las instituciones académicas,
sobre todo a los estudiantes que provienen de diversas partes de Italia y son
portadores de importantes valores, propuestas y expectativas. Aunque durante su
larga historia la Universidad no ha sido jamás ajena a la comunidad cristiana,
el continuo aumento del número de sus estudiantes y profesores, y el papel que
ha desempeñado como factor de innovación y de creación de modelos culturales,
exigen hoy un suplemento de atención y de sensibilidad pastoral.
3. Entre las numerosas iniciativas emprendidas en el pasado ocupa un lugar
destacado el Instituto superior de ciencias religiosas, nacido del
compromiso conjunto de las instituciones eclesiales locales y de las autoridades
académicas. Desde hace 24 años cumple la misión de preparar profesores de
religión para las escuelas y de orientar a los jóvenes al estudio y a la
investigación en las ciencias religiosas. Precisamente en virtud de esta atención
a la dimensión cultural, el Instituto se ha convertido cada vez más en un
punto de referencia seguro para estudiantes e investigadores que quieren
profundizar los temas religiosos o confrontarse con el pensamiento contemporáneo
de inspiración cristiana, a fin de que el mensaje evangélico exprese cada vez
mejor su naturaleza de levadura y fermento también en el ámbito cultural.
Sé que esa comunidad diocesana se está empeñando de modo particular en formar
un laicado católico cualificado, capaz de testimoniar y vivir los valores de la
fe cristiana no sólo en la esfera privada, sino también en todos los ámbitos
de la vida y de la actividad diaria. A este propósito, deseo alentar el
compromiso del Foro permanente de laicos, constituido recientemente, y el
camino de la Acción católica diocesana: se trata de recursos muy
valiosos con vistas a la nueva evangelización.
4. En relación con cuanto acabo de ilustrar, no puedo por menos de
subrayar la importancia del ámbito pastoral constituido por el mundo juvenil.
Al respecto, me ha alegrado conocer el compromiso asumido por la archidiócesis
de formar, tanto a nivel parroquial como diocesano, a educadores para grupos de
adolescentes y jóvenes. Asimismo, es particularmente apreciable la iniciativa
de llevar a las parroquias de la diócesis la Cruz de los jóvenes, en
torno a la cual se reúnen, reflexionan y rezan juntos.
Pensando con afecto en los jóvenes de esa archidiócesis, dirijo un saludo
particular al grupo de muchachos que participará en la próxima Jornada mundial
de la juventud en Toronto: exhorto a todos a ser, en los diversos
ambientes, "sal de la tierra y luz del mundo" (cf. Mt 5,
13-14).
Con estos sentimientos y deseos, quiero unirme espiritualmente a usted, venerado
hermano, y a la entera comunidad diocesana confiada a su cuidado pastoral, con
ocasión de la significativa celebración del próximo 1 de junio: día de
alegría y de fiesta, de oración y de testimonio, de esperanza y de compromiso.
Desde esta perspectiva, a la vez que invoco la protección celestial de la
Virgen María y del santo mártir Crescentino, le imparto de corazón a usted,
al clero, a los religiosos y a las religiosas, a las familias, a los jóvenes, a
los ancianos y a todos los fieles de Urbino-Urbania-Sant'Angelo in Vado, una
especial bendición apostólica.
Vaticano, 27 de mayo de 2002
|