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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
1. Saludo con afecto al señor cardenal Camillo Ruini, presidente de la Conferencia episcopal italiana, al que agradezco las palabras que me ha dirigido, interpretando los sentimientos de todos los presentes. Doy mi más cordial bienvenida a los demás cardenales, a los arzobispos y obispos, y al ministro de Comunicaciones, honorable Maurizio Gasparri, que participan en este encuentro juntamente con los agentes de la cultura y de la comunicación, venidos de todas las regiones italianas. Habéis reflexionado en el tema "Comunicación y cultura: nuevos itinerarios para la evangelización del tercer milenio". Se trata de una perspectiva de fundamental importancia, que merece gran atención por parte de toda la comunidad cristiana. A vosotros, que trabajáis en el campo de la cultura y de la comunicación, la
Iglesia os mira con confianza y esperanza, porque, como protagonistas de los
cambios actuales en estos ámbitos, en un horizonte cada vez más globalizado,
estáis llamados a leer e interpretar el tiempo presente y a descubrir los
caminos para una comunicación del Evangelio según los lenguajes y la
sensibilidad del hombre contemporáneo. Pero, ¿qué cultura puede generar una comunicación que no tenga en su centro
la dignidad de la persona, la capacidad de ayudar a afrontar los grandes
interrogantes de la vida humana, el compromiso de contribuir con honradez al
bien común y la atención a los problemas de la convivencia en un clima de
justicia y paz? En este campo hacen falta agentes que, a la luz de la fe, se
hagan intérpretes de las actuales exigencias culturales, comprometiéndose a
vivir esta época de la comunicación no como tiempo de alienación y extravío,
sino como tiempo oportuno para la búsqueda de la verdad y el
desarrollo de la comunión entre las personas y los pueblos. 4. La Iglesia que está en Italia ha emprendido un valiente camino en esta dirección. La Asamblea eclesial de Palermo marcó ya el comienzo de una intensa acción pastoral. Allí tuve la oportunidad de animaros a hacer de este tiempo un "tiempo de misión y no de conservación". Allí, sobre todo, nació la propuesta de un "proyecto cultural orientado en sentido cristiano", como contribución a la elaboración de una visión de la vida inspirada cristianamente. Incluso las "orientaciones pastorales", propuestas por los obispos italianos para este decenio, se caracterizan por esta opción, que lleva a una implicación de las comunidades cristianas y de cada uno de los creyentes para sostenerlas en la comprensión del tiempo actual, en la búsqueda de estilos de vida plausibles y en una presencia más eficaz de los cristianos en la sociedad. A partir de esta opción de fondo, se han llevado a cabo muchas valiosas iniciativas en el ámbito de las comunicaciones. De gran importancia es la contribución a la lectura original de los hechos y a la reflexión cultural que ha dado el diario nacional Avvenire, comprometido en una importante e innovadora operación de relanzamiento. Igualmente significativas son las iniciativas de apoyo a los numerosos semanarios católicos italianos. Se han abierto nuevas posibilidades en el campo de las transmisiones radiotelevisivas con la televisión vía satélite Sat2000 y el circuito radiofónico, que reúne un gran número de emisoras locales. En este fermento pastoral y cultural vemos un fruto concreto y significativo del
decreto conciliar Inter mirifica. A partir de este decreto comenzó un
período de gran renovación, y sus indicaciones siguen siendo válidas hoy. Los que trabajan en los medios de comunicación y crean cultura, creyentes y no
creyentes, deben tener una elevada conciencia de sus responsabilidades, sobre
todo ante las personas más indefensas, que a menudo están expuestas, sin
ninguna protección, a programas llenos de violencia y de visiones
distorsionadas del hombre, de la familia y de la vida. En particular, las
autoridades públicas y las asociaciones para la defensa de los espectadores están
llamadas a trabajar, según sus competencias y responsabilidades, para que los
medios de comunicación cumplan su finalidad primaria de servicio a las personas
y a la sociedad. La ausencia de control y de vigilancia no es garantía de
libertad, como muchos quieren hacer creer; más bien, termina por favorecer un
uso indiscriminado de instrumentos poderosísimos que, si se usan mal, producen
efectos devastadores en la conciencia de las personas y en la vida social. En un
sistema de comunicaciones cada vez más complejo y de alcance planetario, hacen
falta reglas claras y justas para garantizar el pluralismo, la libertad, la
participación y el respeto de los usuarios. María, que acogió al Verbo de la vida y recibió juntamente con los Apóstoles
el don del Espíritu en la efusión de Pentecostés, os acompañe y
sostenga, para que anunciéis y testimoniéis siempre el Evangelio con la vida y
con el compromiso en las comunicaciones y en la cultura.
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