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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL CONGRESO NACIONAL ITALIANO
DE AGENTES DE LA CULTURA Y DE LA COMUNICACIÓN


Sábado 9 de noviembre de 2002

 

1. Saludo con afecto al señor cardenal Camillo Ruini, presidente de la Conferencia episcopal italiana, al que agradezco las palabras que me ha dirigido, interpretando los sentimientos de todos los presentes. Doy mi más cordial bienvenida a los demás cardenales, a los arzobispos y obispos, y al ministro de Comunicaciones, honorable Maurizio Gasparri, que participan en este encuentro juntamente con los agentes de la cultura y de la comunicación, venidos de todas las regiones italianas.

Habéis reflexionado en el tema "Comunicación y cultura:  nuevos itinerarios para la evangelización del tercer milenio". Se trata de una perspectiva de fundamental importancia, que merece gran atención por parte de toda la comunidad cristiana.

A vosotros, que trabajáis en el campo de la cultura y de la comunicación, la Iglesia os mira con confianza y esperanza, porque, como protagonistas de los cambios actuales en estos ámbitos, en un horizonte cada vez más globalizado, estáis llamados a leer e interpretar el tiempo presente y a descubrir los caminos para una comunicación del Evangelio según los lenguajes y la sensibilidad del hombre contemporáneo.

2. Somos conscientes de que las rápidas transformaciones tecnológicas están determinando, sobre todo en el campo de la comunicación social, una nueva condición para la transmisión del saber, para la convivencia entre los pueblos y para la formación de los estilos de vida y las mentalidades. La comunicación genera cultura y la cultura se transmite mediante la comunicación.

Pero, ¿qué cultura puede generar una comunicación que no tenga en su centro la dignidad de la persona, la capacidad de ayudar a afrontar los grandes interrogantes de la vida humana, el compromiso de contribuir con honradez al bien común y la atención a los problemas de la convivencia en un clima de justicia y paz? En este campo hacen falta agentes que, a la luz de la fe, se hagan intérpretes de las actuales exigencias culturales, comprometiéndose a vivir esta época de la comunicación no como tiempo de alienación y extravío, sino como tiempo oportuno para la búsqueda  de  la  verdad y el desarrollo de la comunión entre las personas y los pueblos.

3. Ante este "nuevo areópago", forjado en gran medida por los medios de comunicación social, debemos ser cada vez más conscientes de que "la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo" (Redemptoris missio, 37). Podríamos creer que no somos aptos y que no estamos preparados, pero no debemos desanimarnos. Sabemos que no estamos solos:  nos sostiene una fuerza incontenible, que brota del encuentro con el Señor. Si habéis asumido este compromiso, queridos agentes de la comunicación y de la cultura, es porque también vosotros, como los discípulos de Emaús, habéis reconocido al Señor resucitado al partir el pan y habéis sentido que vuestro corazón ardía de alegría al escucharlo. Este es el manantial de la novedad cultural más auténtica. Este es el estímulo más fuerte para un compromiso coherente de comunicación.

No dejemos de contemplar a Jesús de Nazaret, el Verbo hecho carne, que realizó la comunicación más importante de la historia de la humanidad, permitiéndonos ver, a través de él, el rostro del Padre celestial (cf. Jn 14, 9) y dándonos el Espíritu de verdad (cf. Jn 16, 13), que nos lo enseña todo. Pongámonos una vez más a la escucha de la enseñanza de Cristo, para que la multiplicación de las antenas sobre los tejados, como instrumentos emblemáticos de la comunicación moderna, no se convierta, paradójicamente, en signo de la incapacidad de ver y oír, sino que sea signo de una comunicación que crece al servicio del hombre y del progreso integral de toda la humanidad.

4. La Iglesia que está en Italia ha emprendido un valiente camino en esta dirección. La Asamblea eclesial de Palermo marcó ya el comienzo de una intensa acción pastoral. Allí tuve la oportunidad de animaros a hacer de este tiempo un "tiempo de misión y no de conservación". Allí, sobre todo, nació la propuesta de un "proyecto cultural orientado en sentido cristiano", como contribución a la elaboración de una visión de la vida inspirada cristianamente. Incluso las "orientaciones pastorales", propuestas por los obispos italianos para este decenio, se caracterizan por esta opción, que lleva a una implicación de las comunidades cristianas y de cada uno de los creyentes para sostenerlas en la comprensión del tiempo actual, en la búsqueda de estilos de vida plausibles y en una presencia más eficaz de los cristianos en la sociedad.

A partir de esta opción de fondo, se han llevado a cabo muchas valiosas iniciativas en el ámbito de las comunicaciones. De gran importancia es la contribución a la lectura original de los hechos y a la reflexión cultural que ha dado el diario nacional Avvenire, comprometido en una importante e innovadora operación de relanzamiento. Igualmente significativas son las iniciativas de apoyo a los numerosos semanarios católicos italianos. Se han abierto nuevas posibilidades en el campo de las transmisiones radiotelevisivas con  la televisión vía satélite Sat2000 y el circuito radiofónico, que reúne un gran número de emisoras locales.

En este fermento pastoral y cultural vemos un fruto concreto y significativo del decreto conciliar Inter mirifica. A partir de este decreto comenzó un período de gran renovación, y sus indicaciones siguen siendo válidas hoy.

5. El testimonio de los creyentes tiene un campo vastísimo de expresión en el mundo de los medios de comunicación social y de la cultura. También en estos sectores hay que reconocer vocaciones específicas y dones particulares, que ciertamente el Señor no permite que falten a su Iglesia. Sobre todo a los fieles laicos se les pide que den prueba de profesionalidad y de auténtica conciencia cristiana.

Los que trabajan en los medios de comunicación y crean cultura, creyentes y no creyentes, deben tener una elevada conciencia de sus responsabilidades, sobre todo ante las personas más indefensas, que a menudo están expuestas, sin ninguna protección, a programas llenos de violencia y de visiones distorsionadas del hombre, de la familia y de la vida. En particular, las autoridades públicas y las asociaciones para la defensa de los espectadores están llamadas a trabajar, según sus competencias y responsabilidades, para que los medios de comunicación cumplan su finalidad primaria de servicio a las personas y a la sociedad. La ausencia de control y de vigilancia no es garantía de libertad, como muchos quieren hacer creer; más bien, termina por favorecer un uso indiscriminado de instrumentos poderosísimos que, si se usan mal, producen efectos devastadores en la conciencia de las personas y en la vida social. En un sistema de comunicaciones cada vez más complejo y de alcance planetario, hacen falta reglas claras y justas para garantizar el pluralismo, la libertad, la participación y el respeto de los usuarios.

6. Queridos agentes de la comunicación y de la cultura, tenéis ante vosotros un gran desafío:  mirad con confianza y esperanza al futuro, gastando vuestras mejores energías y confiando en el apoyo del Señor. Os acompaño con mi oración, convencido, también por experiencia personal, de que la cuestión cultural tiene gran importancia para la evangelización, y de que los medios de comunicación social pueden contribuir a una profunda renovación cultural iluminada por el Evangelio.

María, que acogió al Verbo de la vida y recibió juntamente con los Apóstoles el don del  Espíritu  en la efusión de Pentecostés, os acompañe y sostenga, para que anunciéis y testimoniéis siempre el Evangelio con la vida y con el compromiso en las comunicaciones y en la cultura.

A todos imparto mi bendición.

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