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JUAN XXIII

ÁNGELUS*

Castelgandolfo
Domingo 26 de agosto de 1962

(Pesar del Papa por los terremotos del sur de Italia)

Vuestra presencia, queridos hijos, procedentes de todo el mundo, Nos depara la oportunidad de una palabra que es flor de tristeza. Pues Nos parece un deber dirigir un pensamiento a las queridas poblaciones de Irpinia y Sannio duramente probadas en los días pasados por terremotos.

Evocamos en espíritu las lejanas impresiones de las desgracias que en 1908 afectaron a Mesina y Reggio Calabria y todavía tenemos en los ojos la terrorífica visión de las regiones de la querida Bulgaria devastadas en 1928, cuando estábamos allí en calidad de Visitador Apostólico, por espantosos cataclismos.

Recuerdos lejanos y próximos nos bastan para darnos a entender y sentir toda la gravedad de las consecuencias que causan estos desastres.

Sin embargo, con la rápida intervención de acertadas medidas el terremoto de los días pasados no ha tenido muchas víctimas humanas, pero para Nos las ha habido y con vivo dolor saludamos y bendecimos su piadosa memoria.

La perturbación de las poblaciones, cualquiera que sea, preocupa y pone en movimiento las energías conjuntas de todo un país.

Lo que consuela es la prontitud de los socorros que siguen llegando de todas las partes del mundo, pero especialmente, como es natural, de Italia.

Una vez más esta sensibilidad humana y cristiana da la medida de un difundido y edificante espíritu de solidaridad y fraternidad.

 Nos estimulamos y bendecimos iniciativas y empresas que llevan esta señal de civil y cristiana grandeza. Esta honra a los pueblos que en el sufrimiento manifiestan lo mejor de sí mismos y sacan nuevo impulso para activas obras de progreso espiritual y económico para alivio, sobre todo, de los más abandonados y, en definitiva, para común servicio y beneficio general.


*  AAS 54 (1962) 589; Discorsi-Messaggi-Colloqui del Santo Padre Giovanni XXIII, vol. IV, pp. 480-481.

 

 

 

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