Hijos míos, la Providencia nos acompaña. Como veis, todos los días hay
progresos; no hacia abajo, sino hacia la mejoría. Poco a poco pasamos de la
enfermedad a la convalecencia. Estamos ya en convalecencia. Vuestra presencia
es para Nos motivo de gozo, de vigor, de fuerzas recobradas. Espectáculo nuevo
el de hoy: la Iglesia reunida aquí en su representación completa. He aquí al
Episcopado, he aquí a los sacerdotes, he aquí al pueblo cristiano. La familia
está, pues, en pleno. Bendigamos al Señor por esta alegría y por esta unidad.
Queremos ayudarnos mutuamente a fin de que cada uno pueda seguir su camino.
Estamos en la Novena de la Inmaculada Concepción. Antes de dejaros en este día,
queremos invocar con vosotros a nuestra querida Madre, como abogada y ayuda
poderosa de toda nuestra actividad.
El Concilio va a suspenderse durante varios meses, pero llevaremos siempre en
nuestro corazón la dulzura de esta unión de todos nuestros hijos no sólo como
representantes del clero y del pueblo, sino como representantes de todas las
razas humanas del mundo entero, ya que el mundo entero ha sido redimido por
Nuestro Señor Jesucristo.
A Ella, a nuestra Madre, encomendamos a la Santa Iglesia, nuestras familias,
nuestra vida y nuestra salud, porque de todo ello tenemos necesidad para servir
al Señor.
Hay una oración en la que están comprendidos y se recuerdan los diversos
pensamientos que aquí hemos expresado.
Venerables hermanos en el Episcopado y todas cuantos aquí están representados,
verdaderos y carísimos hermanos en el orden social, desde el más alto al más
bajo y los de en medio, todos hermanos, todos formando la misma familia, os
invito a recitar con voz concorde esta bellísima plegaria sugerida por la
Iglesia:
“Bajo tu amparo nos ponemos, Santa Madre de Dios; no desprecies la plegaria que
te dirigimos en nuestras necesidades, mas líbranos siempre de todos los
peligros, Virgen gloriosa y bendita”.
Queridos hijos, todavía una bendición más...
Los consuelos del espíritu como este que vivimos y del que participamos son
ocasión de perenne gozo, fuerza y aliento. Así sea; así sea.