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 CARTA DEL PAPA JUAN XXIII
AL CARDENAL GAETANO CICOGNANI
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Señor Cardenal:

He acogido con ánimo sereno y agradecido el noble gesto con el cual Su Eminencia ha puesto en mis manos el cargo de Pro-Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica. Vuestra Eminencia ha querido así salir al paso del deseo que manifesté a los Señores Cardenales con ocasión del Consistorio del 15 de diciembre de 1958; nuestra aspiración era contribuir, con la creación de nuevos Purpurados a aliviar del peso y de las preocupaciones de grave responsabilidad a los Miembros del Sacro Colegio, que generosamente y por amor a la Iglesia habían acogido, durante el precedente Pontificado, la invitación del Papa a aceptar varios cargos que fueron quedando vacantes.

Le doy cordialmente las gracias. Tengo la íntima satisfacción de hacerle presente, Señor Cardenal que Vuestra Eminencia ha realizado las tareas de su cargo de Pro-Prefecto del Supremo Tribunal con esa serena actividad y competencia que, por lo demás, todos le reconocen y ha contribuido de un modo egregio y eminente a la recta administración de la justicia por parte de tan alto órgano de control, tarea muy ardua, que puede a veces parecer árida, pero que es siempre fundamental en el ministerio apostólico.

Me resulta también muy grato asegurar a Vuestra Eminencia, una vez más, Señor Cardenal, que seguiré como hasta ahora con afectuoso interés su preciosa actividad de Prefecto del Sagrado Dicasterio, que regula el ejercicio del Culto Divino y se ocupa de las Causas de los Santos. Tarea verdaderamente admirable que exige una dedicación continua, diligentes estudios y mucho amor, sobre todo en quien la dirige.

Es para mí causa de alegría el que esté encomendada a usted, Señor Cardenal, a cuya alma siento tan cercana la mía, esta Congregación de Ritos, que con una medida tan profunda y vibrante escruta, testifica y confirma la misteriosa alianza alianza que consagra tierra y cielo, vida y supervivencia de los Santos, elegidos por Dios, para coronar la unidad de la Iglesia militante y triunfante.

Dando de nuevo las gracias y animando siempre, invoco sobre su activo celo, Señor Cardenal, la protección del Señor, de la Virgen y de los Santos y transmito de corazón a usted y a todos sus colaboradores, como prenda de ayuda celestial, la Bendición Apostólica.

Vaticano, 20 de noviembre 1959.

JUAN PAPA XXIII


*  AAS 51 (1959) 812-813

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 

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