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CARTA DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
CON LA QUE NOMBRA AL CARDENAL RICHARD JAMES CUSHING
 LEGADO EN EL CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL DE PERÚ
*

 

Conservando todavía el imborrable recuerdo del  Congreso Eucarístico Nacional del Perú, que con :gran afluencia de fieles y tan abundantes frutos espirituales se celebró en Lima el año 1954, el actual Congreso Eucarístico, para cuya sede se ha elegido la ciudad de Piura, se prepara con la misma emulación.

Sabiendo perfectamente con qué piedad, prudencia y diligencia se entregan los responsables a renovar estas solemnidades religiosas, tenemos la firme convicción de que el acontecimiento responderá a la esperanza común. Pues bien, para dar mayor realce al acontecimiento, accediendo gustosamente a los ruegos que nos ha hecho el venerable hermano Carlos Alberto Arce Mazías, Obispo de Piura, de que enviásemos a algún Eminentísimo Purpurado, te nombramos a ti y designamos, querido hijo, Legado nuestro, para que, en calidad de nuestro representante, presidas dicho Congreso Eucarístico y, con afecto paternal, manifiestes nuestros ardientes auspicios y votos con que imploramos la ayuda y gracias celestiales.

Anhelamos también ardientemente que, haciéndote intérprete nuestro, exhortes a la muchedumbre de los fieles que allí se reúnan a que veneren cada vez con más fervor al Santísimo Sacramento, lo reciban con más frecuencia y de él saquen más ímpetus y energías. Pues viviendo así, sobria, justa y piadosamente, honrarán más y más su profesión de cristianos con la santidad de sus costumbres, concordia, deseo de las cosas eternas, y su reconocida virtud causará alegría a los justos y respeto a los enemigos. Si el pueblo cristiano supera a otros muchos, el motivo de esta excelencia y dignidad estriba principalmente en que es familia de Dios y nada hay más amable, santo y deseable. Y una prueba evidente de ello es ver cómo los niños y ancianos, pobres y ricos, fieles de todas las edades y clases sociales, como retoños de olivo en derredor de la mesa del Señor (Ps. 127,3) se apiñan en alegres muchedumbres en los santos templos y unánimemente ofrecen a Dios la hostia de alabanza, asisten a la Santa Misa y se alimentan con el Pan de los ángeles. Así, pues, la Santísima Eucaristía es señal de tan gran unidad, vínculo de dulce caridad fraterna, y es el firme fundamento de esta comunión que une a la tierra con el cielo. Además, siendo los sacerdotes los verdaderos ministros de la Santísima Eucaristía, si su número es insuficiente para atender a las necesidades de las almas, aparte de otros perjuicios, que causan al bien común, los intereses de la familia de Dios quedan perjudicados y languidecen miserablemente.

Conocemos, querido hijo nuestro, toda tu solicitud por este problema, y tus esfuerzos —así como los de los celosos Obispos de los Estados Unidos de América— por remediar convenientemente la escasez de sacerdotes en las dilatadas regiones de América del Norte, donde actualmente los enemigos de la fe y vida católica maquinan tantas asechanzas, y por lo mismo comparten con espíritu fraternal y tan meritoriamente las angustiosas preocupaciones de los Obispos e esas regiones.

Ten presente que colmarías nuestro gran deseo si, durante la celebración de las santas solemnidades que vas a presidir despliegas tu acostumbrado celo en despertar con mayor entusiasmo y ayuda los afanes de todos para aumentar en número y virtud las falanges de los ministros de Dios, como lo exige la trascendencia del problema.

Invocando la luz y fortaleza del Espíritu Santo para que el Congreso Eucarístico Nacional del Perú reporte los mejores y perennes frutos de santidad y paz; con el fin de que brille en las obras la fortaleza de la fe y, sobre todo, aumenten las vocaciones al sacerdocio, en prenda de los divinos auxilios y augurio de saludables comienzos, impartimos a ti, querido hijo nuestro, al celoso Obispo de Piura, a los Prelados, Autoridades, sacerdotes y fieles que asistan a esas alegres reuniones en alabanza y gloria del Santísimo Sacramento, la Bendición Apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 27 de junio de 1960, segundo año de nuestro Pontificado.

IOANNES PP. XXIII PP

 


* AAS 52 (1960) 811-812.

 

 

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