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CARTA DEL PAPA JUAN XXIII
AL CARDENAL LEGADO PARA EL CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL DE MUNICH
*

 

A nuestro querido hijo
Gustavo Testa,
Cardenal de la Santa Iglesia Romana

Querido hijo nuestro,
Salud y Bendición Apostólica:

Munich, capital de Baviera, ciudad muy floreciente de Alemania, ilustre por sus talentos, historia y arte, y tan noble por su devoción hacia el adorable Sacramento del Altar, en el próximo mes de agosto será la sede del Congreso Eucarístico Internacional, que esperamos ha de ser no sólo insigne sino perpetuamente memorable.

Ahora bien, con el fin de que Nos estemos presentes en el Congreso Eucarístico, que se celebrará en Munich, no sólo con nuestros ardientes deseos sino también, como lo requiere la trascendencia del acontecimiento, por medio de un Eminentísimo Purpurado, que Nos represente, le elegimos y nombramos, querido hijo, nuestro Legado para que en nuestro nombre presidas esas santas solemnidades y reuniones. Y puesto que conocemos muy bien las excelentes cualidades que adornan tu persona, estamos seguros de que cumplirás meritoria y dignamente este cometido, que te encomendamos y, por consiguiente, aprovecharás esta excelente oportunidad para fomentar el culto eucarístico y promover el bien de la religión.

Por todo ello, querido hijo, como intérprete nuestro, procurarás diligentemente manifestar y declarar a los participantes en el Congreso nuestros pensamientos, deseos y auspicios.

La propio y principal del Divino Sacramento, en el que Jesucristo está presente bajo las especies de pan y del vino, y se ofrece al Eterno Padre como Hostia pura y razonable por manos de los sacerdotes al mismo tiempo que se nos da como alimento de vida, es ser signo y causa de unidad, como dice el Concilio de Trento (sess. XIII) : "Nuestro Salvador dejó en la Iglesia un símbolo de su unidad y caridad por el cual quiso que todos los cristianos estuvieran unidos y fundidos entre sí,"

La misma materia de este santísimo Sacramento manifiesta dicha unidad. Pues bien, así como un solo pan resulta de muchos granos y el vino de innumerables racimos, así también los fieles, al recibir a Cristo, forman un solo Cuerpo, una sola Iglesia.

En efecto, el Espíritu Santo, que en el seno de la Virgen María formó el cuerpo de Cristo, también forma y une, sana y fortalece a los místicos miembros de Cristo Cabeza. Por eso, es necesario que los hijos de la Iglesia se purifiquen y plenamente con su virtud, cuando asisten a los Divinos Misterios y se alimentan del Pan de los Ángeles. Que se acerquen hermosos al Hermoso; que se iluminen al acercarse a la luz y renuncien a sus pecados y miserias recibiendo tan santos misterios. Recedant vetera, nova sint omnia, corda, voces et opera (lejos todo lo viejo sea todo nuevo, corazones, voces y obras) (Himno. de mait. en la fiesta del Smo. Cuerpo de Cristo).

Así, obrando tan gran misterio el Espíritu Santo es vida de la Iglesia, que no envejece, hace germinar una primavera que no conoce el invierno y en medio de las penas y adversidades realiza y prepara una indefectible y segura victoria.

Nuestro amadísimo Cardenal Arzobispo de Munich, quiere que el Congreso Eucarístico, que prepara con tanto celo y piedad, sea una estación litúrgica, según se acostumbra en Roma en Cuaresma, no de la Urbe sino del Orbe, para orar con ferviente empeño por toda la Iglesia militante y las necesidades del mundo, preparando la muchedumbre de los fuertes. Nos agrada ciertamente esta santa decisión y nos apresuramos a declarar que deseamos ardientemente se eleven al cielo tan frecuentes súplicas. Pues por los mismos motivos hemos determinado convocar el Concilio. Ecuménico. Así, pues, hay que rogar a Dios y unir todas las fuerzas en un esfuerzo común para que el llamado materialismo, que corrompe las buenas costumbres, ceda y desaparezca ante los poderosos argumentos del Espíritu. Pero especialmente hemos de pedir que la religión cristiana se propague, sin dificultades, por todos los confines de la tierra, con objeto de que las leyes y actividad de la sociedad sean conformes a los principios cristianos y, finalmente, se respete la pureza del matrimonio y éste se guíe según los preceptos y espíritu religiosos.

Con la certeza de que nuestras exhortaciones serán escuchadas, invocamos ya sobre Munich, que prepara un memorable triunfo a Cristo Rey, oculto bajo los velos eucarísticos, la protección de Dios y su perpetua ayuda, para que, conservando ejemplarmente el depósito de la fe sincera y ortodoxa, florezca cada vez más como la más pura luz de civilización cristiana, y entre las principales ciudades de Alemania brille cual irisada perla; deseándote, querido hijo nuestro, feliz éxito y cumplimiento de tu misión de Legado, te impartimos la Bendición Apostólica, que queremos hacer extensiva al celosísimo Cardenal Arzobispo de Munich, a los Arzobispos y Obispos, Autoridades, sacerdotes y fieles de lodo el mundo participantes en el Congreso Eucarístico.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 27 de junio de 1960, segundo año de nuestro Pontificado.

IOANNES XXIII, PP.

 


* AAS 52 (1960) 763-765.

 

 

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