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 CARTA DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
AL OBISPO DE VITORIA EN EL PRIMER CENTENARIO
DE LA ERECCIÓN DE LA DIÓCESIS

 

Al venerable hermano
Francisco Peralta y Ballabriga,
obispo de Vitoria

Venerable hermano: salud y bendición apostólica.

Al celebrar el primer centenario de la erección de la diócesis de Vitoria, con acierto has convocado, venerable hermano, públicas ceremonias sagradas a fin de que sea festejada esta conmemoración secular con los debidos actos de culto y de predicación ,y a Dios Padre amantísimo, "cuya providencia gobierna" todas las cosas (Cfr. Sap, 14, 3), se elevan acciones de gracias y de ellas los fieles reciban saludables frutos para su espíritu.

Expresamos nuestra complacencia y alabanza por cuanto has determinado hacer en esta feliz oportunidad; y no queremos que en ella falte Nuestra paterna palabra, que os enviamos desde esta Cátedra de Pedro, a ti, al clero y al pueblo fiel confiado a tus cuidados.

Hay motivos para alegrarse en el Señor por la prosperidad alcanzada en esta diócesis durante este lapso y por el fecundo desarrollo que distingue su vida cristiana. Cede, en primer lugar, en su alabanza el que la "Fe Reina" para expresar una expresión de Prudencio (Psychomach, 37), brillas y dominas las costumbres públicas y privadas a ella rinde tributo con constante empeño ese pueblo, y bajo sus banderas camina gallardamente. Así lo demuestra, entre otras cosas, el gran número de vocaciones sacerdotales y religiosas que florecieron y florecen en esa región. Lo cual es de capital importancia y digno de encomio, puesto que solamente cuando la vida religiosa se desarrolla y crece, donde las familias se muestran fieles al cumplimiento de los deberes cristianos, el número de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa suele prosperar. Esto es lo que con vivo agrado vemos entre vosotros, aún después del año 1949 en que, con la autoridad de Nuestro Predecesor el Papa Pío XII, desmembrándolas de la de Vitoria, se erigieron dos nuevas diócesis en las provincias vascongadas.

Y no se ha de pasar en silencio el hecho de que de esa región han marchado numerosos misioneros, no pocos sacerdotes suyos se han trasladado a la América latina para dedicarse allí al sagrado ministerio, y ella misma ha dado a la Obra de la Propagación de la Fe su aportación conspicua y generosa.

Nos es, además, bien conocido cuanto, de acuerdo con las necesidades de hoy, se trabaja en el campo social, principalmente la atención asidua que se presta al sector obrero, en particular con la creación de Escuelas Profesionales. Cuanto se lleva a cabo en este aspecto es de la mayor trascendencia desde el momento que se ha de procurar por todos los medios que los obreros, parte escogida de la grey del Señor, vayan a alimentar su vida en los pastos saludables de la Iglesia.

Al contemplar con gran consuelo de nuestro corazón todo esto, plácenos aplicar al venerable clero y al pueblo fiel de esa diócesis de Vitoria las palabras del apóstol: "Gracias agimus Deo emper pro omnibus vobis, memoriam vestri facientis in orationibus nostris... memores operis fidei vestrae et laboris et caritatis" (1Ts 1, 2-3), "Damos gracias a Dios en todo tiempo por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones... recordando la actividad de vuestra fe y el trabajo de vuestra caridad".

Viendo que, con el favor,  de Dios, en esa diócesis está hondamente enraizada la religión católica, con fervor de obras y florecimientos de la vida cristiana pedimos que, en lo posible, tratéis también de hacer partícipes de estos dones recibidos del Cielo a los demás que de ellos carecen: es decir, que de día en día se vea incrementada, según vuestras fuerzas y con el debido orden, vuestra ayuda a la Iglesia, en otras partes necesitada de sacerdotes. Esto será elocuente prueba y aleccionador ejemplo de caridad, de aquella caridad que procura el bien al prójimo sin descuidar las propias necesidades; pues, como dice San Agustín, es preciso que nos unamos entre nosotros con mutuo amor y que ligados los miembros con tan dulce vínculo, seamos cuerpo de tan gran cabeza" (Inx. Io Ev. tr., 62, 2; PL, 35, 1809).

¿Quién tiene palabras para alabar esta unidad con que todos nos unimos entre nosotros mismos y con Cristo? Ella es la que también hace que los sacerdotes, los seminaristas y los fieles todos se adhieran con devoción a los que "Spiritus Sanctus posuit episcopos regere Ecclesiam Dei" (Hch, 20, 28). "El Espíritu Santo puso los obispos para pastorear la Iglesia de Dios", la que impulsa a obedecer y a llevar a la práctica, con estas significativas palabras: "Por lo tanto, recordar cuanto el mismo Doctor Eximio, hablando a los fíeles de Hipona, como Pastor solícito, les advertía, con estas significativas palabras: "Por lo tanto, hermanos, en espíritu de obediencia, sabed que sois ovejas de Cristo... Si nosotros apacentamos con temor y nos preocupamos por la suerte de las ovejas, éstas, ¿cómo no han de preocuparse por sí misma? A nosotros toca, pues, cuidar; a vosotros, obedecer; a nosotros pertenece la vigilancia pastoral; a vosotros, la humildad propia del rebaño" (Serm., 146, 1; P. M., 38, 796).

Proseguid con renovado empeño cuanto hacéis para el fomento de una acción social en consonancia con las normas de la Iglesia, particularmente para llevar a la práctica lo que la encíclica Mater et Magistra enseña; continuad en el cumplimiento de los deberes que, como miembros de la sociedad civil, a cada uno os incumben. De este modo, depuesta cualquier disensión y discordia, todos permanezcan unidos, como miembros vivos mantengan esta unidad del cuerpo místico y abunden en el espíritu de Cristo.

Esto hemos querido deciros con entrañas de caridad en el centenario de esa diócesis de Vitoria. Pidiendo fecundos y escogidos dones del Cielo para ti, venerable hermano, para cuantos tomen parte en las solemnidades de estos días, para la grey confiada a tus cuidados, os damos a todos, en testimonio de particular benevolencia, la bendición apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, a 25 de marzo del año 1962, cuarto de Nuestro Pontificado.

JOANNES PP.XXIII

 

 

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