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PALABRAS DEL PAPA JUAN XXIII
EN SU VISITA AL SEMINARIO ROMANO
*

Sábado 3 de marzo de 1962

 

«Santa María, socorre a los pobres, anima a los pusilánimes, ayuda a los débiles, pide por el pueblo, intercede por el clero y por el devoto sexo femenino: que todos sientan tu ayuda en esta santa festividad."

¡Qué propia y feliz parece esta invocación dirigida a la Virgen Santísima bajo el título de "Señora de la confianza"! Es una oración que sobre todo habla al corazón del Papa en los momentos de preocupación diaria por el bien de todos; y que reza de una manera especial en su participación, a veces fatigosa, pero gustosamente aceptada, en los trabajos preparatorios del Concilio.

Hay días de tristeza, y el sacerdote sabe que debe ejercitarse en todas las virtudes, cardinales y teologales. Aquí está la fuente continua de purísimo gozo; ella por encima de toda la adversidad, hace de la vida un perenne canto. Hay circunstancias que nos hacen parecer más próximos a la gruta de Belén, y hay otras en las que estamos más junto a la cruz de Cristo. Pero qué descanso, sabiendo que Él siempre nos guarda y nos sostiene, invitándonos a estar junto a la Madre, al lado del discípulo predilecto.

Así situados, es más fácil pedir a la Señora que interceda por el pueblo cristiano, para que, entre otras cosas, en esta época de grandes hallazgos no solamente históricos, sino también y especialmente científicos, quede ,vencida la tentación de la soberbia, y no quede disminuida la fuerza incomparable encerrada en el "Hágase tu voluntad", que es el fundamento de toda sana filosofía y de todo verdadero éxito.

La súplica "intercede por el clero" es para los seminaristas de todo el mundo, e indica la formación de un verdadero coro de almas fervientes y cariñosas, las formaciones privilegiadas dispuestas al servicio divino; muy de acuerdo hoy con la preparación del Concilio y que es garantía de un continuo brote de apóstoles para enriquecer la expansión y las obras de la "Iglesia santa de Dios".

A la plegaria va unido el deber de agradecer al Señor todo el bien que por medio de las actividades del clero católico, de los sacerdotes santos, llamados a degustar la vida espiritual: y hacerla compartir al pueblo cristiano, continuamente se difunde en la familia humana.

Vaya, pues, un pensamiento especial a las madres, especialmente a las de los sacerdotes, a las religiosas consagradas al Señor, y a todas las demás almas que le secundan o se dedican a determinadas formas de colaboración en el apostolado y con edificante emulación contribuyen a la glorificación del Evangelio.

Como se ve, todas las clases de gente pasan ante la Madre celestial y quedan confortadas precisamente por la ilimitada seguridad que dimana de su bondad, de su amable sonrisa, y de su maternal predilección.

El ejemplo de las almas elegidas que recurren a María con toda confianza, como a la Madre más tierna, nos exhorta a seguir el camino de los siervos de Dios de todos los tiempos. Especialmente son invitados a esta imitación los que se preparan al sacerdocio: queremos que en ellos se multipliquen las disposiciones de humildad, esperanza, generosidad, anhelo, del corazón en degustar, ya aquí en la tierra, los esplendores y armonías del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el reino celestial, donde María es Reina como lo es de todos los santos y de todos cuantos el Señor ha redimido.

 


* Discorsi Messaggi Colloqui del Santo Padre Giovanni XXIII, vol. IV, p.649-651.

 

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 

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