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PABLO VI
ÁNGELUS
Domingo 15 de enero de 1978
Invitamos a todos a la oración. Tenemos necesidad más que nunca de la ayuda de
Dios, y lo invocaremos en los días próximos dedicados a la "Semana por la unión
de los cristianos" (del 18 al 25 de enero), para que esta gran causa del
restablecimiento de la unidad entre la Iglesia católica, las Iglesias separadas
y las fracciones cristianas autónomas alcance el favor divino.
No es que nos sintamos ajeno e insensible a los problemas de actualidad en la
vida pública, pues éstos revisten también aspectos espirituales de suma
importancia. Tendremos igualmente una intención religiosa especial por ellos:
que la Sabiduría divina ilumine a cuantos están implicados en dichos problemas.
Pero responderemos con adhesión más intensa a la invitación referente a la
cuestión ecuménica, que nos pide expresar en plegaria nuestro ansioso deseo de
ver reconciliados entre sí a cuantos ostentan el nombre de cristianos, en la
convicción de que ello es ya un requisito esencial para el restablecimiento de
la perfecta unidad del Cuerpo místico de Cristo. No podemos conformarnos con la
situación estática del ecumenismo, el cual reclama la superación de las
divisiones congénitas. Una vez más es necesario impetrar el auxilio misterioso
que sólo el Señor puede dar y que nosotros podemos únicamente pedirlo
haciéndonos idóneos para obtenerlo y seguir sus designios.
El horizonte ecuménico no oculta sino que aclara más bien la visión de los otros
campos de la actividad humana; nosotros miramos ahora a él para tener luz sobre
estos otros. Perseveremos, pues, pacientemente y confiados en la oración, a la
que por cierto no será ajena María, la Madre de todos los que creen en Cristo.
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