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PABLO VI

ÁNGELUS

Domingo 2 de julio de 1978

 

Los buenos, los reflexivos, los piadosos, que abundan en nuestro pueblo, dedicarán hoy un pensamiento en su oración al importante acontecimiento que centra la atención de los responsables del país: la elección del Jefe de Estado, acontecimiento que interesa por evidentes razones a todos los ciudadanos: ¡Que Dios bendiga a la nación!

Pero la gente está dominada, en estas calendas de julio, por una atención colectiva propia de cada uno: ¡las vacaciones! Las deseamos para vosotros, hijos queridísimos, buenas, sanas y serenas. regeneradoras de fuerzas físicas y espirituales. Más todavía, nosotros renovamos el deseo —augurio y recomendación— de que todos gocéis de la oportunidad de tener un contacto restaurador con la naturaleza, con el aire libre y puro, con aquel gran libro, que el trabajo organizado moderno no permite fácilmente explorar, gozar, admirar; nos referimos a la naturaleza: la atmósfera, el panorama, el campo, la montaña, el mar no hay necesidad de hacer la apología de esto porque ya la costumbre social lleva a todos a un contacto con el mundo exterior.

Nos limitamos a augurar a todos, incluso a aquellos que están constreñidos a un trabajo irrenunciable, a los que sufren y a los ancianos, pero especialmente a los muchachos y a la juventud: ¡felices vacaciones!

Debemos añadir una recomendación: la de saber despertar en el período de las vacaciones una virtud contemplativa, que es en el fondo una alegría mayor que un simple goce físico-natural, la virtud de gozar, conocer, admirar el gran cuadro del mundo de los seres que nos rodean, como si nuestro espíritu fuese su espejo, del que transparenta interiormente y fácilmente un impulso transcendente, es decir, el origen y el fin religioso: Dios está presente, más que nunca presente. No renunciemos a esta experiencia realista y espiritual. San Francisco, con su cántico, nos da ejemplo y empuje.

La Virgen nos ayudará.

 

 

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