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PABLO VI
REGINA COELI
Domingo 16 de abril de 1978
El pensamiento religioso se concentra hoy en uno de los aspectos más bellos, más delicados, más difíciles y
decisivos de la vida espiritual de nuestra fe tanto personal como social de su manifestación en la Iglesia. Y es el habla interior, que enseguida se hace
fuertemente exterior, del Señor en las almas o, por mejor decir, en algunas
almas. Se trata de la vocación sagrada, sea ésta eclesiástica o religiosa.
Algunas almas son "llamadas". En el Evangelio el hecho está muy claro y
constituye una trama de su historia. Cristo llama a algunos de sus discípulos a
seguirle de manera total y exclusiva, y "les da el nombre de Apóstoles" (cf.
Lc 6, 13). Estos son doce, son los "doce", fundamento de la Iglesia, con potestades pastorales superiores y eminentes (cf.
1 Cor 3, 11); pero otros son "llamados" al seguimiento y servicio de Cristo, designados
también por El (cf. Lc 10, 1; 17). Se desenvuelve un diálogo misterioso entre los llamados y el pastor que los guía y les habla
secretamente (cf. Jn 10, 14; 16); la voz autorizada de la Iglesia inspira
e interpreta exteriormente este diálogo y garantiza la autenticidad; es uno de
los problemas más delicados e importantes de la vida del pueblo fiel (cf.
Enchiridion clericorum; y la discusión de J. Lahitton, La
vocation sacerdotale).
Y justamente hoy, cuarto domingo de Pascua, y con el Evangelio del Buen Pastor, ha
sido elevada al honor de los altares en Roma, en la basílica de San Pedro, una nueva Beata, la Sierva de Dios
María Catalina Kasper, la cual —ella misma lo dice— estaba en continuo coloquio
con el Señor en el interior de su alma sencilla y piadosa.
Recojamos este ejemplo y estímulo para escuchar la voz de Dios en el interior de
nuestras almas y serle fieles luego en el servicio de la vocación
exterior que el Señor nos asigna.
Para ello sea intercesora la Virgen cuya protección y ayuda invocamos; y la invocamos (permitidme añadir recuerdos de esta noche y este día) por las víctimas
del desastre ferroviario de Bolonia, y por tantas otras desgracias y dolores de
nuestra sociedad, presentes en nuestra mente y, sin duda, también en la oración
de todos, para que obtengan del Señor, Buen Pastor y Amigo, protección y
gracias. Os transmitimos su bendición.
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