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PABLO VI

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 28 de diciembre de 1977

 

La Navidad es una fiesta que permanece, Decimos esto refiriéndonos al influjo que esta celebración litúrgica debe ejercer en nuestros espíritus, dejando en ellos no sólo un recuerdo grato y especial en las vicisitudes pasajeras del tiempo, como lo deja todo acontecimiento inserto en el curso de nuestra vida que por circunstancias especiales ha grabado un recuerdo en nuestro espíritu. La Navidad, como una fuente todavía viva de pensamiento y de estímulo pedagógico, moral y religioso, permanece y debe permanecer cual día que no se oscurece, sino que difunde su luz incluso en el tiempo posterior a su fecha cronológica.

En la Navidad hay que pensar una y otra vez. Así lo hicieron los pastores que fueron los primeros testigos del nacimiento de Jesús, al ser convocados por el ángel para comprobar el hecho acaecido. Fueron a Belén, encontraron a Jesús, con María y José y, a la vuelta, "contaron lo que se les había dicho acerca del Niño. Y cuantos los oían —observa el Evangelio de San Lucas—, se maravillaban de lo que les decían los pastores" (Lc 2, 17-18). Así, podemos decir, el Evangelio comienza a ser noticia, a difundirse discreta y secretamente, y a contribuir a la formación de esa conciencia popular mesiánica que acogerá, luego, la predicación de Juan Bautista, el Precursor, y después la del mismo Cristo.

Pero otra circunstancia muy clara nos exhorta a pensar nuevamente el hecho de la Navidad, evocado por la fiesta litúrgica, para descubrir el sentido, el significado trascendente que esconde y manifiesta. La Navidad tiene un contenido propio secreto, que se descubre sólo a quien lo busca. Pensemos en la misma Virgen María, en el éxtasis de su alma limpísima, ya bien consciente del misterio de su divina maternidad (cf. Lc 1, 28, ss.) y absorta totalmente en la meditación de cuanto sucedía en ella y a su alrededor.

Dice el Evangelio, de San Lucas también, como conclusión de la narración referente a la noche del acontecimiento natalicio: "María guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón" (2. 19). Esta actitud de recogimiento, de reflexión y de meditación de la Virgen nos la narra también otro pasaje evangélico que es como una conclusión del relato evangélico sobre la primera edad, hasta los 12 años, del Niño Jesús: "Su Madre —concluye San Lucas—, conservaba todas estas cosas en su corazón" (2, 51).

De esta manera se nos ofrece el primer ejemplo de vida contemplativa en la historia evangélica; y el ejemplo es encantador y magistral.

Sí, la presencia de Cristo en el mundo es una luz que lo ilumina pero no sin el diafragma del misterio; un misterio que reclama de cada uno de nosotros atención y estudio. La Revelación no es un hecho sensible y exterior solamente; es una Revelación cubierta por la envoltura de la parábola (cf. Mt 13, 13). Ve quien quiere ver, ve quien mira, ve quien quiere penetrar en el sentido y en los fines de la Revelación. Revelación que en su contenido divino no tiene confines y justifica por ello el esfuerzo contemplativo de los fieles, a quienes el Maestro divino dirá: "Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos porque oyen" (Mt 13, 16).

Por eso, si queremos que la Navidad tenga una influencia positiva y eficaz, no la podemos clasificar entre los momentos pasajeros de nuestra vida espiritual, sino que ¡debe permanecer!

La Navidad debe permanecer, ante todo, como un acontecimiento determinante de nuestra conciencia religiosa: ¡el Verbo de Dios se ha hecho hombre!, y esto es un acontecimiento que debe sostener como un auténtico quicio nuestro modo de pensar y de vivir. Ser cristianos no es, pues, cosa secundaria, discutible y voluble; no es una ideología subjetiva y adaptable a corrientes facultativas de la mentalidad histórica o ambiental. Es la verdad felizmente obligante, transfigurante y vivificante, "La verdad os hará libres" (Jn 8, 32), Sí, el pesebre nos pone de rodillas ante el misterio de la Encarnación, misterio de humildad infinita, pero misterio de gloria infinita para Cristo y de salvación para nosotros (cf. Flp 2, 1-11).

La Navidad debe permanecer, además, como escuela: el ejemplo del pesebre no agota sus enseñanzas en una lección pasajera de ingenua maravilla y de poesía pastoral; el pesebre es un espejo de la vida concebida según el Evangelio, en la que no se han apagado las energías para obrar ni los valores de la actividad humana, sino que más bien se dan energías y valores comprometidos por un esfuerzo total de amor humilde.

Por tanto, procuremos recordar la Navidad como un punto de partida, una línea que quiere ser trayectoria en el camino de una auténtica vida cristiana.

Con nuestra bendición apostólica.


Saludos

(Palabras del Papa al llegar a la cátedra)

La hora de Dios, la hora de la llamada de Dios para Roma, que tiene tanta necesidad, para Italia, para los países latinos y para todo el mundo, pueda alcanzar ya su plena maduración prometedora y feliz. Esta mañana nos alegra mucho poder prolongar nuestra felicitación en el sentimiento, en el espíritu, en los propósitos y en la alegría a todos vosotros que aquí presentes manifestáis la unión espiritual con el representante de Cristo en la tierra y de unos con otros.

(A los participantes en la asamblea nacional de la Unión Apostólica del Clero)

Nos conforta la presencia hoy aquí de los responsables diocesanos de la Unión Apostólica del Clero de Italia, reunidos en Roma en asamblea nacional. A ellos, que tienen estos días la tarea —entre otras— de estudiar la adecuación de las actividades de la Asociación a las exigencias actuales del clero italiano, va nuestro estímulo por la obra que realizan en favor de sus hermanos en las distintas diócesis. Perseverad, hijos carísimos, en esta obra providencial. Mantened viva siempre (también a través de las formas asociadas de la "Unión Apostólica") la convicción de que los presbíteros deben realizar en plenitud su vocación personal a la santidad, a fin de hacer eficaz su acción pastoral en el mundo. Al bendeciros queremos bendecir de corazón a todos los sacerdotes italianos, especialmente queridos para nosotros.

(A los miembros de la Asociación Mariana de Santa Catalina Labouré)

Está presente hoy entre nosotros un nutrido grupo de miembros de la "Asociación Mariana" que acaban de celebrar un congreso para reafirmar sus programas de profesión cristiana integral, precisamente en la clausura de los actos conmemorativos del centenario de la muerte de Santa Catalina Labouré y en recuerdo de esta alma privilegiada. Hijos e hijas carísimos, y vosotros, religiosos y religiosas que les acompañáis: con gran gusto os dirigimos un saludo particular que quiere ser de complacencia y de estímulo para que perseveréis en el afán laudable de manteneros siempre fieles en el fervoroso espíritu mariano, distintivo de la Asociación antigua y benemérita a que pertenecéis. El hecho admirable con el que fue agraciada la Santa en la capilla de la "Rue du Bac" de París, sea para vosotros estímulo constante en orden a irradiar en vuestro ambiente familiar y comunitario el amor a la Inmaculada Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Pensamos que el período de Navidad que habéis elegido para reuniros puede ser ocasión muy oportuna para reafirmar vuestros propósitos: meditando en los misterios de la infancia desde la cuna de Belén hasta la casa de Nazaret, encontráis unidos a la Madre y al Hijo, y podéis contemplar a María que os muestra a Jesús. Que esta indicación sostenga siempre vuestra piedad, vuestra fe, vuestra vida; sí —os lo repetimos nosotros—, ad Iesum per Mariam!

(A los representantes del Centro Nacional de Vocaciones)

En esta audiencia está presente un nutrido grupo de "animadores vocacionales de todos los ambientes" y de "animadores de grupos eclesiales", presididos por el obispo de Parma, mons. Amilcare Pasini, que toman parte en un congreso nacional centrado sobre el tema "Compromiso apostólico y vocación". Hijos queridísimos, al reafirmar vuestra disponibilidad plena y gozosa a la llamada del Señor, mostráis que sois conscientes de la dignidad de miembros vivos de Cristo, Cabeza del Cuerpo místico; y conscientes del correlativo deber de anunciar al mundo, por una parte, las realidades sobrenaturales con las que estáis en contacto directo, procurando así el crecimiento de la Iglesia: y por otra, de descubrir, fomentar y cultivar en las familias, en la juventud y, especialmente, en la adolescencia jovial y prometedora los gérmenes de la vocación a que Dios destina a todos y cada uno según los propios talentos, pero sobre todo la que lleva a la consagración total y perfecta a Cristo y a las almas. Cuando os disponéis a continuar con renovado fervor tal acción apostólica, más difícil hoy que nunca, pero necesaria, os exhortamos a caminar con intrepidez hacia las metas de vuestra misión de heraldos de Dios, sin vacilar ante las fatigas, renuncias y sufrimientos, a fin de que su nombre sea glorificado por todos. Os acompaña en esta misión nuestra bendición paterna que impartimos de todo corazón a vosotros. a vuestros maestros y a vuestras familias respectivas.

(Al consejo general de la "Piccola Compagnia di Maria")

Dirigimos ahora un saludo especial a las religiosas de la "Piccola Compagnia di Maria" que celebran el centenario de su fundación; están aquí presentes con algunos médicos y enfermeras de su clínica de Roma. El centenario de vuestra congregación sea ocasión propicia no sólo para que agradezcáis a Dios los favores recibidos, sino también para sacar motivaciones nuevas y espolearos a una vida religiosa cada vez más intensa y a un servicio de entrega a las almas en el campo de apostolado que os es propio, es decir, en la asistencia a los enfermos, con solicitud mayor por los más necesitados. La misión que estáis llamadas a ejercitar en la Iglesia y en la sociedad es verdaderamente importante; cumplidla siempre con la profundidad de la vida interior y con la entrega y la generosidad de intentos que inspiraron a vuestra Fundadora, Con nuestra bendición apostólica.

(A los numerosos jóvenes de la Oficina Central de Estudiantes Extranjeros en Italia)

Un saludo afectuoso deseamos dirigir al grupo de estudiantes extranjeros atendidos con tanto desvelo por la Oficina Central para Estudiantes Extranjeros en Italia (UCSEI). Hijos carísimos, deseamos expresaros antes que nada nuestra complacencia sincera por vuestra presencia, y también el deseo más cordial para que vuestra estancia en Italia sea serena y agradable; y sobre todo fructuosa para vuestra preparación espiritual, cultural y profesional. Los países a donde volveréis enriquecidos de experiencias varias, os esperan, tienen necesidad de vuestras energías jóvenes, de vuestro entusiasmo generoso, de vuestra contribución eficaz a su crecimiento y promoción humana. Que podáis ser los constructores (en el sentido más total de la palabra) del porvenir de vuestras naciones. Con estos deseos invocamos sobre todos vosotros y sobre vuestros seres queridos la gracia de Dios omnipotente. y os ciamos una bendición especial.

(A la coral polifónica "Claudio Monteverdi")

Entre los grupos que toman parte en este encuentro espiritual, deseamos saludar con una palabra particular a los miembros de la coral polifónica Claudio Monteverdi de Castelfiorentino, que han querido venir a manifestarnos sus sentimientos filiales hacia nuestra persona. Os agradecemos sinceramente este gesto amable y os exhortamos a cultivar elevados sentimientos humanos y cristianos. El arte musical del que sois siempre diestros intérpretes debe ser para cada uno ayuda válida en el esfuerzo de elevación hacia Aquel que es la perfecta armonía, porque es la perfección absoluta, el Padre celestial. Os damos de corazón nuestra bendición apostólica, que extendemos complacido a las muchas personas de Castelfiorentino que han querido acompañares hasta aquí y a todos vuestros seres queridos.

(En español)

Amadísimos hijos e hijas: La Natividad es una fiesta que no pasa: es como un manantial vivo de pensamiento y de estímulo pedagógico, moral y religioso permanente. Por eso hay que meditarlo, al igual que los pastores que fueron los primeros testigos del nacimiento de Jesús: "A su vuelta de Belén, contaron lo que se les había dicho" (Lc 2, 14). Navidad tiene además un sentido secreto, que descubre solamente quien lo busca en actitud de reflexión, a ejemplo de María "que conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón" (2, 19). He ahí el primer modelo de vida contemplativa en la historia evangélica. La presencia de Cristo en el mundo es efectivamente una luz que lo ilumina, pero no sin el diafragma del misterio: un misterio que nos reclama explorarlo con toda atención. La Navidad debe quedar sobre todo como un acontecimiento de nuestra conciencia religiosa: El Verbo de Dios se hizo carne: he ahí el hecho que debe sostener nuestro modo de pensar y de vivir. El pesebre nos coloca ante el misterio de la Encarnación, misterio de infinita humildad; de gloria para Cristo, de salvación para nosotros. Pensemos pues en la Navidad como punto de partida, una línea que quiere ser trayectoria para el camino de una auténtica vida cristiana. Con nuestra bendición apostólica, que hacemos extensiva a cuantos nos están escuchando a través de la radio.

 

 

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