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PABLO VI

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 25 de enero de 1978

 

La Iglesia celebra hoy la conversión ole San Pablo, acontecimiento decisivo para el cristianismo y confirmación de la vocación universal de la nueva religión que, nacida en un país determinado y en el ámbito de la tradición hebrea, tuvo en el nuevo Apóstol el misionero que mejor comprendió y predicó el Evangelio a todos los hombres. En efecto, uno es Dios y uno también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó a Sí mismo para redención de todos. Testimonio dado en el tiempo establecido para "cuya promulgación (San Pablo lo atestigua de sí mismo en la primera Carta a Timoteo 2, 5-7) he sido yo hecho heraldo y apóstol —digo verdad en Cristo, no miento—, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad".

Vaya hoy al Apóstol Pablo nuestro saludo reverente y afectuoso, asociado al pensamiento que también hoy dirige la piedad de la Iglesia al gran deseo apostólico, todavía no realizado, del pleno restablecimiento de la unidad entre los cristianos, en la oración y en la esperanza de que la aspiración hecha hoy más ardiente y más plausible por el ecumenismo contemporáneo, celebrada en nuestros corazones y también. Dios lo quiera, en los de los hermanos todavía separados de nosotros, quede coronada por el éxito.

Pediremos, pues, a San Pablo una palabra suya que conforte nuestros espíritus turbados por tantas vicisitudes de la vida actual en el mundo, que disminuyen nuestra confianza en el progreso pacífico de la paz en el mundo.

Todos estamos afligidos por el triste recrudecimiento de la violencia privada pero organizada en la sociedad contemporánea que traduce en fenómenos de desorden incivil la inseguridad que la atormenta y que un dominante pluralismo moral y político, falsificación de la libertad, parece cohonestar.

Están además las dificultades económico-sociales que se extienden por todas partes con efectos negativos muy duros y que dejan entrever situaciones aún peores, tanto que se difunden locos deseos de gozos superfluos y temores paralizantes de la normalización del trabajo, y todo ello crea una sicología de desconfianza que agosta la actividad productiva y sugiere remedios falsos y desordenados. Y como sucede casi siempre, un mal trae otro mal, y con frecuencia peor. Todos estamos preocupados. Lo peor, se dice, es que no hay horizonte; una tentación de pesimismo se difunde y paraliza muchas energías que habían nacido con tanta clarividencia para un futuro mejor.

El cuadro es de todos conocido y amenaza con su sombra este momento de nuestra civilización proyectándose sobre la historia del mañana.

He aquí, pues, nuestro remedio tomado precisamente del tesoro de enseñanzas del Apóstol Pablo. Lo presenta él en su Carta a los romanos, cuando, después de haberles exhortado con vibrantes sugerencias a diversas formas de la vida moral, como debe ser en personas iluminadas por la fe y sostenidas por la gracia, resume su exhortación en esta conocidísima sentencia: "No te dejes vencer del mal, antes vence al mal con el bien" (Rom 12, 21). ¡Qué sencilla parece la palabra del Apóstol! Creemos que merece la pena fijarla en la memoria.

Así, pues, notemos: la doctrina apostólica es interior y tiende a modificar la mentalidad fácil de quien cede al malestar y a la turbación de las condiciones exteriores en las que se desenvuelve nuestra vida. Estamos en un mundo no sólo adverso a nuestra existencia por tantos motivos físicos y materiales, sino igualmente enemigo por las dificultades de su ordenamiento social, o mejor, por el desorden de factores que le impiden ser ordenarlo, queremos decir, razonable y justo. Nosotros advertimos esta malicia que hace difícil y alguna vez insoportable la convivencia social. ¿Qué debemos hacer? ¿Podemos dejar que el mal nos venza, es decir, nos domine y nos trague en sus espirales haciéndonos cautivos también a nosotros? Este es el proceso de la venganza que aumenta el mal y no lo cura. ¿O debemos ceder al pesimismo y a la pereza, abandonándonos a una vil resignación? Eso no es cristiano.

El cristiano es paciente, pero no abúlico ni indiferente. La actitud sugerida por el Apóstol es la de una reacción positiva; lo que él nos enseña es oponer la resistencia del bien a la ofensa del mal; nos enseña a multiplicar el esfuerzo del amor para reparar y vencer los daños del desorden moral; nos enseña que la experiencia del mal encontrado en nuestro camino debe estimularnos a mayores virtudes y a actividad más eficaz para nuestro corazón.

Así fue San Pablo. Así fueron los Santos. ¡Así sea para todos nosotros!

Con nuestra bendición apostólica.


Saludos

(A los obispos que participan en un congreso organizado por mons. Klaus Hemmerle, obispo de Aquisgrán (Alemania), en el centro "Mariapoli" de los focolarinos de Rocca di Papa)

Deseamos saludar con muestras de particular afecto a un grupo internacional de obispos, que están haciendo estos días una experiencia de intensa comunión espiritual en el centro de los "Focolarinos" de Rocca di Papa. Venerados hermanos en el Episcopado, no podemos dejar de manifestar nuestra complacencia por tal iniciativa. Todo cuanto favorece la mutua caridad fraterna encaminado a que el servicio eclesial sea cada vez más generoso y fecundo, se sitúa en el centro del Evangelio y del "mandamiento nuevo" formulado por Jesucristo Nuestro Señor. Por ello, os deseamos cordialmente a cada uno de vosotros que toméis conciencia creciente de vuestro ministerio pastoral colegial en el contexto vivo del Pueblo de Dios, a fin de que vayan siendo cada vez mayores los frutos en pro del crecimiento de la Iglesia Santa. Nos complacemos en confortar estos deseos con una amplia bendición apostólica.

(A los miembros del "Grupo juvenil" de la parroquia de Santa María de Loreto de Villalago, Italia)

Toma parte en la audiencia de esta mañana el grupo de jóvenes de la parroquia de Santa María de Loreto, de Villalago, que organizó esta Navidad por primera vez el "Nacimiento viviente", y a quienes acompaña una representación cualificada de aquella comunidad religiosa y civil. Hijos queridísimos, os agradecemos esta visita y el afecto que la ha impulsado, y de ello sacamos motivo para exhortaron a que hagáis objeto de reflexión continua el misterio que habéis representado. En efecto, qué inmensa riqueza de enseñanzas se pueden deducir de la Encarnación del Hijo de Dios que ha venido al mundo en extrema indigencia; de la disponibilidad de María y José en cumplir las leyes humanas aun en aquella particular situación suya de viajeros alejados e indefensos; y cómo no admirar la prontitud de los pastores en acudir presurosos a adorar al Niño recién nacido; y la profundidad y generosidad de los Magos en Belén. Todo esto, que nos narran los Evangelios de Mateo y Lucas, debe aguijonearnos a una creciente correspondencia a la llamada divina y al anuncio del mensaje evangélico; y a la vez a un amor grande, vivo si operante hacia Cristo Señor. Sed, pues, auténticos testigos de aquel Dios que "por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo". Con nuestra bendición apostólica. .

(Al consejo capitular de la congregación "Obreras de la Santa Casa de Nazaret")

Nuestro saludo paterno se dirige ahora al grupo de religiosas que forman el consejo capitular de las "Hermanas Obreras de la Santa Casa de Nazaret". Es un instituto que tuvo origen en Brescia, nacido del gran corazón del sacerdote Arcangelo Tadini; las religiosas de esta congregación trabajan apostólicamente en fábricas y talleres actuando al lado de las mujeres obreras con presencia discreta, silenciosa y eficaz. Hijas queridísimas, contáis con nuestro agradecimiento por este compromiso vuestro específico, sumamente valioso; os animamos a perseverar en esta obra social, humana y cristiana, tan providencial. En las dificultades que nunca faltan y en las des. ilusiones que pueden sobrevenir en cualquier momento, mirad con confianza creciente a Jesús. obrero de la casa de Nazaret; y al igual que Jesús proponeos el programa diario de crecer en sabiduría y gracia, para llevar a los ambientes de trabajo de hoy el ejemplo lozano y auténtico de vuestro equilibrio y seguridad interiores, de vuestra firme fe cristiana y de una plena consciencia de vuestra dignidad de mujeres, y de mujeres consagradas. Con nuestra bendición apostólica.

(En alemán)

Dirigimos ahora nuestro especial saludo y unas palabras de agradecimiento a los editores y colaboradores de Zeitschrift für Publizistik in Kirche und Welt - Communicatio Socialis. Fundada en el espíritu del Concilio, vuestra revista constituye una valiosa contribución para la investigación científica, así como para la consulta en el mundo de la prensa cristiana y es un medio importante de comunicación social. Esta publicación es altamente apropiada para difundir el pensamiento y facilitar el intercambio de experiencias en lo que se refiere a los problemas y tareas del trabajo periodístico actual, así como también para dar una base sólida y una gran eficacia a la comunicación intereclesial y al apostolado de la prensa. Por lo cual, acompañamos vuestros futuros trabajos con nuestros mejores deseos y os impartimos cordialmente, como prenda de especial luz divina y de auxilio espiritual, nuestra bendición apostólica.

(En español)

Amadísimos hijos e hijas: Hoy la Iglesia celebra la conversión de San Pablo, el Apóstol misionero que extendió la predicación del Evangelio a todos los hombres. El mismo dirá en su primera Carta a Timoteo que ha sido hecho "maestro de los gentiles en la fe y en la verdad". Al Apóstol Pablo elevamos hoy nuestro pensamiento, acompañado de la plegaria, para que la Iglesia viva cada vez más la verdad de que "uno es Dios, uno también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús", y camine con paso seguro hacia la unidad de todos los cristianos. Y en el momento presente, en el que la violencia privada pero organizada, el desorden social y tantos otros males engendran en la comunidad la tentación del pesimismo, recojamos una frase luminosa de San Pablo en su Carta a los romanos: "No te dejes vencer del mal, antes vence al mal con el bien". Recordemos esas palabras y hagamos que penetren en nuestra mentalidad práctica. Ante el mal existente, nosotros los cristianos no podemos abandonarnos al pesimismo, a la pereza o a la resignación. Como nos indica el Apóstol, hemos de reaccionar positivamente, oponiendo el bien al mal, multiplicando las energías del amor para superar con ellas los daños del desorden moral. Así venceremos el mal que encontramos en nuestro camino. Eso hizo San Pablo, eso hicieron los Santos. Hagámoslo también nosotros. Con nuestra bendición apostólica para vosotros y cuantos nos escuchan por radio.

 

 

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