The Holy See
back up
Search
riga

PABLO VI

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 19 de abril de 1978

 

Amar a Dios para amar al prójimo

Por gracia del Señor hemos tenido el gozo espiritual de declarar "Beata" —uno de los momentos más altos de nuestro ministerio— a María Catalina Kasper, que el siglo pasado fundó en Alemania la congregación femenina de las Pobres Esclavas de Jesucristo, difundida ya en el mundo; es una congregación que se dedica al servicio del prójimo en numerosas obras de caridad, Esta "beatificación" ha atraído la atención y ha dado a conocer esta institución piadosa merecedora de que la Iglesia contemporánea reflexione sobre ella.

Podemos considerar este acto que se inserta ya para siempre en la historia religiosa del mundo, al lado de otras fundaciones semejantes que caracterizaron la vida de la Iglesia durante el siglo pasado sobre todo, y también en el nuestro, por el florecimiento de instituciones evangélica y socialmente maravillosas, hasta el punto de constituir un fenómeno de calidad y vigor por la presencia de la Iglesia en una sociedad en evolución, no orientada de suyo hacia la fe y costumbres de los siglos precedentes. Pero en el siglo XIX una vitalidad nueva vuelve a despertar el sentido religioso cristiano y se manifiesta especialmente en obras de interés humano impulsado sobre todo por religiosidad católica.

Este aspecto del fuerte revivir espiritual del catolicismo se polariza en empresas determinadas que tienen todas en la raíz y en el corazón una figura humana, humanísima, que origina, resume, fija y perpetúa características religiosas y sociales propias. La santidad confiere energías sorprendentes a cada una de estas figuras de tal modo, que la Iglesia renueva su lozanía gracias a ellas y manifiesta, incluso ante ojos profanos y hostiles, una vitalidad extraordinaria que hoy nos gusta llamar carismática. ¿Qué santidad? Es una santidad siempre tan única y original, aunque se manifieste de formas parecidas, que el aspecto terreno e histórico de la Iglesia aparece como el de un jardín en primavera.

En este jardín —cuyas flores mejores, la botánica, queremos decir, la hagiografía de la Iglesia, casi no puede clasificar, ni distinguir, ni acertar a identificar de tantas como son— admiramos a los santos modernos que alegran a la Iglesia y le descubren a ella misma su nota permanente de santidad alimentada en las fuentes de una gracia divina inagotable.

¡Alegrémonos en el Señor! Y detengámonos todos un momento a contemplar la flor propuesta ahora a la veneración de la Iglesia.

María Catalina Kasper es precisamente una flor de belleza singular que merece admiración e imitación. Nace en tierra austera, pero con cuánta sociabilidad amistosa hacia esa tierra afortunada. Nace de entre el pueblo; y cuánto le ayuda esta condición a la sencillez natural, y cómo plasma su fuerza de mujer que consagra la existencia a servir al pueblo. Nace pobre; pero qué carisma de riqueza evangélica sabe sacar ella de haber vivido la experiencia de la pobreza evangélica: humildad, trabajo, simpatía hacia lo social, espíritu de servicio, sentido de obediencia y de orden. Nace trabajadora, y a la fatiga por conseguir el pan, sobre todo el pan para los demás, dedica todas las energías. Nace y crece fuera de los ambientes de la cultura profana; pero cuánta sabiduría, cuánta intuición de la realidad humana se transparentan en la convivencia con la gente de su ambiente y de su tiempo. Nace mujer; y cuánta bondad, cuánta delicadeza y cuánto amor derrama a su alrededor con la pureza virginal de su vida.

Cristiana renació de nuevo María Catalina con el santo bautismo y con la educación piadosa y popular de su profesión de hija de la Iglesia, hija humilde, sencilla, vulgar se podría decir.

El punto focal en el que se concentra la aureola de las virtudes de María Catalina y del que irradia el esplendor de su santidad vigorosa, serena y magisterial, nos parece éste: la coincidencia del amor a Cristo y en Cristo al misterio divino del que deriva la primera vocación al Amor, "El nos amó primero" (1 Jn 4, 10), vocación excelsa y gratuita; la coincidencia, decimos, con el amor al prójimo, a ese prójimo, cualquiera que sea, que necesita ser amado, servido, cuidado, perdonado.

Coincidencia no quiere decir relación exacta entre amor a Dios y amor al prójimo; es más exacto decir derivación; en la economía evangélica el amor al prójimo deriva, debe derivar, del amor de Dios recibido y correspondido.

El amor al prójimo, el amor social, para ser genuino, para ser fuerte, para ser inextinguible, santo, por tanto, y auténticamente cristiano, debe tener la fuente en el amor de Dios, en el amor religioso. Esto es catecismo elemental, y a la vez fundamental: amar a Dios para amar al prójimo en quien, si está necesitado o sufre o es desgraciado, se personifica Cristo: mihi fecistis, me lo habéis hecho a mí el bien hecho al hombre que sufre y está necesitado (cf. Mt 25, 40).

María Catalina es una Beata en la que esta palabra eterna se hizo realidad y sigue realizándose en sus hijas.

Alabanza a Dios, honor a María Catalina, y a nosotros, esperanza. Con nuestra bendición apostólica.


Saludos

La audiencia general del miércoles 19 de abril se desarrolló en dos momentos sucesivos, por la gran afluencia de peregrinos. El primer encuentro de Pablo VI tuvo lugar en la basílica de San Pedro, para los 6.000 visitantes procedentes de países de lengua alemana. A ellos el Papa dedicó estas breves palabras en alemán:

La nueva Beata María Catalina Kasper debe ser para vosotros modelo de abnegación, servicio a los demás e intercesora de todos.

En el Aula de Nervi

(A los ex-alumnos del Pontificio Seminario Romano Mayor)

Nuestro saludo cordial y afectuoso va ahora a un grupo de ex-alumnos del Pontificio Seminario Romano Mayor, entre los que están nuestros venerados hermanos los cardenales Umberto Mozzoni y Egidio Vagnozzi que conmemoran juntos en la oración los cincuenta años de ordenación sacerdotal. Queridísimos hijos: Os expresamos nuestra complacencia y nos unimos a vosotros en esta circunstancia singular de vuestra vida, en la que os proponéis dar gracias de todo corazón a Dios que os ha elegido benévolamente a participar en el sacerdocio ministerial de su Hijo, Cristo Jesús; que ha dilatado vuestro corazón ante los problemas, necesidades, exigencias espirituales de su Iglesia y de los hombres todos; que se ha valido de vosotros como de instrumentos electos y privilegiados de su misericordia infinita; que os ha amado con verdadero amor de predilección. La alegría serena de vuestro sacerdocio redunde todavía largos años en edificación del Pueblo de Dios. Os acompañamos en estos días y en los días por venir con nuestra bendición apostólica especial.

(A los Clérigos Regulares Marianos)

Tenemos el gusto de recibir esta mañana a una representación importante de Clérigos Regulares Marianos. presentes en Roma estos días para celebrar la asamblea trienal de oración y estudio de su congregación. Queridísimos hijos: Os agradecemos vuestra visita que nos ofrece ocasión de deciros una palabra de aliento y de buenos deseos, al mismo tiempo que nos trae el consuelo de vuestro afecto sincero. Sabemos que entre los objetivos de vuestro instituto figura la instrucción y educación de los jóvenes, obra ardua pero sumamente importante, que realizáis con celo sacerdotal, y que exige comprensión cordial del alma de los jóvenes y de sus problemas, apertura de mente y de corazón, y entrega total hasta el sacrificio de sí. Al reafirmar vuestro afán y disponibilidad generosa, os estimulen y guíen la oración y el ejemplo de la Virgen Inmaculada a quien vuestra institución está consagrada. Con nuestra bendición paterna que impartimos de corazón a vosotros y a toda la congregación.

(Al consejo general y a los provinciales de los Oblatos de María Inmaculada)

Pedimos disculpa por no poder saludar a cada uno de los grupos presentes: todos tienen un lugar en nuestro corazón. Sin embargo, deseamos alentar muy especialmente al superior general y a los provinciales de los Oblatos de María Inmaculada. Queridos hijos: A través de vosotros y de tantos hermanos vuestros, la inspiración misionera del beato mons. de Mazenod ha "llenado el universo", por así decir. Recordad, recordad: el estilo de las misiones del interior y de aquellas más lejanas y difíciles ha podido cambiar; pero el ardor misionero debe seguir siendo joven y dinámico. Que esta reunión de Roma haga avanzar la unidad de miras y de compromisos sobre este punto en toda la congregación. Y que cada Oblato y toda la comunidad de Oblatos ponga en el corazón de su vida la prioridad del seguimiento y amor de Cristo Salvador. Cristo colabora siempre con sus discípulos verdaderos e hijos amantes de su Santísima Madre. Con nuestra bendición apostólica.

(A la asamblea general de la "Fédération Internationale des Aides au Prêtre")

A los miembros de la Federación Internacional de asistentes de los sacerdotes reunidos en asamblea general, deseamos de nuevo dirigir las palabras de aliento y estímulo que dedicamos el año pasado a vuestra organización. En una hora en que los sacerdotes deben llevar a cabo un ministerio difícil y frecuentemente sobrecargado, asumís una tarea de elección a fin de crear en su casa un clima de sencillez y a la vez digno, agradable, acogedor, apto para favorecer el cumplimiento de las obligaciones sacerdotales y satisfacer las necesidades de los colaboradores laicos. Encontrad en este servicio a la Iglesia y en la ayuda mutua de vuestras asociaciones la fuerza que necesitáis. Mil gracias en nombre de los sacerdotes. Con nuestra. bendición apostólica.

(A los miembros del Parlamento Europeo)

Nos complacemos en dedicar un saludo especial a un grupo de miembros del Parlamento Europeo. Os agradecemos vuestra visita e invocamos las bendiciones divinas sobre vuestro trabajo para bien de la sociedad. Oramos para que vuestras actividades vayan enderezadas siempre a comprender cada vez más profundamente la hermandad entre los hombres.

(A un grupo de sacerdotes norteamericanos de Chicago)

Dedicamos un saludo particular a los sacerdotes de Chicago que están conmemorando los cuarenta años de ordenación. En este tiempo el mundo ha sido testigo de muchos cambios; pero recordad siempre que el Sacrificio eucarístico sigue siendo "centro y raíz de toda la vida riel presbítero" (Presbyterorum ordinis,14). Queridos hijos, a lo largo de vuestra vida encontraréis siempre vuestra identidad sacerdotal en la Eucaristía. Es la fuente perenne de vuestro celo pastoral y la razón por la que fuisteis ordenados. Que sea siempre el gozo de vuestra vida.

(En español)

Amadísimos hijos e hijas: La reciente beatificación de María Catalina Kasper nos ofrece hoy tema de fecunda reflexión. Esta nueva Beata es una más de esas tantas figuras estupendas que dieron a la Iglesia, en el siglo pasado, una presencia evangélica y vitalizante en medio de una sociedad en evolución. La santidad fue la fuerza que impulsó a estas almas grandes. Y con esa energía interior, personas sencillas, como nuestra Beata, realizaron empresas magníficas y ejemplares. Si buscamos el punto focal de la virtud de nuestra Beata, lo encontramos aquí: ella amó a Cristo intensamente; y de ese amor brotó su amor al prójimo, a todos sin distinción. Esta es la gran lección para nosotros; pues el amor social, para ser genuino y perseverante, debe encontrar su fuente en el amor religioso, que hace descubrir a Dios en los demás. Sigamos ese ejemplo Con nuestra bendición apostólica.


Saludamos con particular agrado al señor cardenal Narciso Jubany, arzobispo de Barcelona, presente en esta audiencia. Sabemos que ha venido a Roma, acompañado de algunos miembros del Secretariado nacional de Liturgia de España, para presentarnos la edición oficial del Misal Romano en lengua española. Agradecemos esta visita y aprovechamos gustoso la ocasión para testimoniarle, señor cardenal, nuestro profundo aprecio por la benemérita labor realizada. Sea expresión de nuestra cordial benevolencia la bendición apostólica que impartimos a usted y a cuantos han colaborado en dicha tarea.

 

 

top