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PABLO VI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 5 de julio de 1978
Hablaremos una vez más de las vacaciones. Las cuales, cuando abarcan un
período limitado en el desarrollo normal de la vida, especialmente de la vida
que avanza —es decir, la infancia y la juventud—, revisten gran importancia,
sobre todo para el desarrollo físico y espiritual del adolescente que, en el uso
espontáneo de sus facultades, hace tesoro de las propias energías, físicas y
mentales, quizá no menos que cuando están encauzadas por una disciplina a la
que hay que someterse. Es cosa bien sabida de todos; y por eso deseamos
nuevamente "felices vacaciones" a cuantos tienen la suerte de gozar sanamente
de ellas.
Pero hemos de recordar que las vacaciones, especialmente para quien entra, o ya
ha entrado, en la madurez física y advierte la potencial riqueza de las propias
facultades espirituales, tienen una importancia grandísima, a veces decisiva,
para el desarrollo intelectual y moral del hombre.
La lectura de un libro, la asistencia a un espectáculo, la realización
inteligente de un viaje, el nacimiento de una amistad y también, en ocasiones,
la experiencia de una desgracia o una enfermedad, pueden tener gran eficacia
pedagógica que, a veces, vale tanto o más que la adquirida en la asistencia a la
escuela.
Aquí vamos a limitarnos a observar que las vacaciones no solamente
tienen la finalidad, útil y oportuna, porque restauran y desarrollan las
fuerzas físicas, o por el incomparable valor formativo que proporciona el
contacto sensible con el mundo físico que las vacaciones despliegan ante el ser
humano, abriéndole nuevas páginas de la naturaleza, bellas, amplias, complejas
y, a veces, terribles; sino que ofrecen también un objetivo espiritual. ¿Cuándo
el hombre piensa más en sí mismo, cuándo se reconoce como persona, cuándo
penetra más en la profundidad y en la problemática de su propio ser, para
sentirse admirado o atemorizado, que en los momentos libres y solitarios de la
propia conciencia?
Las vacaciones no son solamente una hermosísima pausa, que interrumpe, con un
gozo físico y exterior, la monotonía profesional de su propio trabajo, sino también, y sobre todo, un encuentro del hombre consigo mismo, con su profesión, con el valor de la propia existencia.
Sobre este segundo aspecto del período de descanso y restablecimiento de
fuerzas propios de las vacaciones —el aspecto personal, interior,
espiritual—, queremos deciros unas palabras. No para amargaros esas vacaciones,
sino para abrir sus ventanas a la brisa del espíritu.
Por ejemplo y en primer lugar: ¿No es quizá este bendito tiempo, en que nos
despreocupamos de las mil cosas que agobian ordinariamente nuestro ánimo, el
momento más propicio para una reflexión fundamental sobre el empleo de la
propia vida? ¿Se desarrolla esa vida sobre la línea de aquel imperativo que
califica su inteligencia, su mérito, su esperanza, es decir, sobre la línea del
deber, de la ley de Dios, del amor primero y total, que nos asegura aquí el
acierto y, más allá del tiempo, la salvación? Quien resuelve este íntimo y
angustioso problema, ya ha aprovechado bien sus vacaciones.
Segundo punto. En el programa de las vacaciones, ¿no se podía incluir un breve período (dos o tres días) de recogimiento espiritual, de reflexión, de
retiro; una excursión o peregrinación a algún santuario, la asistencia a
reuniones de oración e incluso de penitencia, que ayuden al resurgimiento del
espíritu? ¡Cuántos recuerdos elevados, cuántas promesas generosas —inertes,
olvidadas, deshechas— no lleva cada uno consigo! ¿Y no podrían renacer y florecer esos instantes, profundamente personales, para la
vida de mañana, transformando en ella la prosaica vulgaridad de los días en
aliento poético de energía y bondad alegremente vividas?
Tercer punto, que exigiría un capítulo aparte. Las vacaciones, ¿no se han hecho
quizá también para la lectura? En los días lluviosos, que no permiten
excursiones, en los días de descanso que siguen a los glandes paseos, ¿no es
precisamente un libro, un buen libro, lo que mejor llena estos ratos perdidos de
las vacaciones? Sí; un libro bueno y de fácil lectura es un amigo que puede dar
a las vacaciones un valor nuevo. Con tal, naturalmente, de que sea un verdadero
amigo, es decir, un libro que ofrezca grato descanso a la mente y sea fértil semilla de sanos, agradables y fortalecedores
pensamientos. Desgraciadamente, el mercado de libros no es siempre favorable
a las necesidades del espíritu. ¡Más bien, al contrario!... Pero tratemos de
elegir bien, que todavía es posible.
A este acierto en la elección, proporcionada a la edad e índole de los
lectores, quiere llegar también nuestro augurio de buenas vacaciones.
Con nuestra bendición apostólica.
Saludos
Llamamiento por la paz en el Líbano
En este reencuentro espiritual, quisiéramos comunicaros, queridos hijos, la profunda
pena que experimentamos al conocer las noticias que, desde hace algunos días,
continúan llegando desde el Líbano.
Tras crueles enfrentamientos y episodios de violencia en diversas partes del
país, furiosos bombardeos se han abatido sobre los barrios cristianos de
Beirut, su capital, donde han causado numerosas víctimas —muertos y heridos—
provocando destrucciones y sembrando el terror entre la población indefensa.
Y nos preguntamos, no sin angustia: ¿Cuándo terminará el doloroso calvario del
pueblo libanés? Este país se dirige con inquietud hacia un porvenir incierto de
una patria inmersa en el torbellino de violencia y odio, que no perdona ni a
la juventud ni a las instituciones, y se halla en trance de minar el espíritu
de fraternidad entre sus hijos, que se sintieron, tiempo atrás, y con mucha
honra, orgullosos de ver a su nación puesta como ejemplo de colaboración
pacífica a los ojos del Oriente Medio y del mundo entero.
Hemos conjurado a las partes contendientes, hemos animado a los países amigos del Líbano para que se preocupen, con valor y lealtad, de que se eviten los enfrentamientos y
derramamientos de sangre y se restablezcan, en la población, la reconciliación y
la serenidad. Hoy lanzamos un nuevo llamamiento urgente para que se restablezca
inmediatamente la tregua y sea respetada por todos escrupulosamente.
En cuanto a vosotros, queridos hijos, os invitamos a uniros a la oración que
elevamos al Señor, a fin de que ilumine a los responsables y haga eficaz
nuestro llamamiento, a la vez que proporcione esperanza y fortaleza a nuestros
hermanos libaneses, haciendo que cesen sus sufrimientos.
(A un grupo de sacerdotes del instituto secular Missionari della Regalità)
Se halla presente entre nosotros un grupo de sacerdotes pertenecientes al instituto secular Missionari della Regalità, acompañados por el cardenal Ferdinando Giuseppe Antonelli. Queremos dirigirles un especial saludo. Queridos hijos: Sabemos que celebráis este año el XXV
aniversario de la fundación de vuestra Asociación, que fue iniciada por el
llorado padre Agostino Gemelli. Nuestra palabra, por tanto, se hace cálido
auspicio para una vida espiritual cada vez más auténtica al servicio del Señor
y de su santa Iglesia, especialmente en el ámbito de vuestras respectivas
comunidades diocesanas, dentro del espíritu de armónica fraternidad sacerdotal.
A todos os estimulamos in nomine Domini, mediante la más amplia bendición apostólica.
(A la peregrinación de la diócesis de
Terracina-Latina, Priverno y Sezze)
Deseamos dirigir un paternal saludo al numeroso grupo de fieles de
Terracina-Latina, Priverno y Sezze, que han querido celebrar, con una
significativa peregrinación de devoción ferviente hacía el Sucesor de Pedro, el
XXV aniversario de la consagración episcopal de su pastor, mons. Enrico Romolo
Compagnone, así como el II centenario de la coronación de la Virgen del
Socorro, del santuario de Cori. Os manifestamos, queridísimos hijos, nuestro
sincero aplauso y nuestra cordial complacencia por el ejemplar testimonio que
habéis querido ofrecer: sacerdotes, religiosos, religiosas, madres y padres de familia, jóvenes. Todos, en torno a vuestro obispo, queréis
proclamar que vuestra comunidad diocesana desea vivir los mismos ideales
sobrenaturales, asumir responsablemente el empeño de una profesión de fe
cristiana a todos los niveles "en unión de espíritus, con la misma caridad, con
los mismos sentimientos" (cf. Flp 2, 2). Sobre todos vosotros y sobre vuestros seres queridos invocamos la abundancia de
los favores celestiales, en prenda de los cuales os impartimos de corazón
nuestra bendición apostólica.
(A los oficiales y alumnos del buque-escuela
"Custódio de Mello", de la Marina Militar Brasileña)
Con estima en Cristo saludamos a los presentes de lengua portuguesa; en
particular a los oficiales, cadetes y tripulantes del buque-escuela "Custódio de Mello", del Brasil. ¡Bienvenidos!
En la gallardía de vuestra grata presencia encontramos motivo para desear que
brille siempre en vuestra vida igual pundonor: el culto de los auténticos
valores humanos y cristianos, con solidaridad, espíritu de servicio y amor,
bases de la fraternidad y de la paz entre los hombres. Pedimos al Dios de la Paz
que esté siempre con vosotros, y os bendecimos, así como a vuestros seres
queridos.
(En español)
Amadísimos hijos e hijas: Seguimos hablándoos hoy de las
vacaciones. Ellas asumen gran importancia, no sólo para los jóvenes, en cuanto
contribuyen a su desarrollo físico y espiritual; sino también para los mayores,
para su progreso intelectual y moral. Las vacaciones, además de descanso, tienen una finalidad
espiritual: interrumpen la monotonía del trabajo y ayudan al hombre al
encuentro consigo mismo, con la propia profesión, con el valor de la existencia.
Son también el momento propicio para una reflexión fundamental sobre el empleo de la propia vida,
conforme a la ley de Dios, amor primero y total que nos asegura la salvación.
Sería bueno también dedicar algún día al retiro espiritual para
despertar tantas promesas generosas olvidadas. Y finalmente llenar el tiempo
libre leyendo un buen libro que ofrezca a la mente semilla de pensamientos sanos y agradables.
Con nuestra bendición apostólica que extendemos a todos cuantos nos están
escuchando a través de la radio.
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