 |
PABLO VI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 12 de julio de 1978
La voz del silencio
En esta breve conversación que caracteriza nuestra audiencia, pensamos en el
doble estado de ánimo que invade la conciencia del hombre durante las
vacaciones.
En primer lugar el relajamiento general, consecuencia espontánea de la
interrupción de las tareas normales, tanto escolásticas como profesionales, lo
que resulta conforme con la naturaleza misma de las vacaciones y con la
recuperación, aunque sea pasajera, de una cierta libertad, En efecto, ¿las
vacaciones no constituyen un período en el que se goza del propio tiempo y se
desatan los lazos que normalmente vinculan nuestras acciones, permitiéndonos,
durante esa temporada, gozar del placer de vivir y de descansar?
Para otros, en cambio, y a veces incluso para los mismos individuos que se
proponen conceder a sus vacaciones un estilo de vida espontáneo, inspirado en
los propios gustos y caprichos, un diverso estado de ánimo ocupa la conciencia
interior: el de aprovechar el período de vacaciones para dar a la propia
libertad un empleo útil, a veces más intenso que la actitud que nos liga al
trabajo ordinario, como si tuviéramos prisa por disfrutar de la relativa
libertad que se nos concede, para hacer algo original. incluso con notable
interés, como leer, cuidar nuestra salud, viajar, reflexionar.
Pues bien, deseamos a todos que sus vacaciones lo sean de verdad, para el
descanso, para la distracción, para una recuperación de fuerzas y de serenidad.
Pero nos interesa especialmente el segundo astado de ánimo: el de aprovechar
ansiosamente la relativa libertad, que el tiempo de despreocupación
de los deberes normales nos concede, para una "toma de conciencia" sobre la
propia vida y para una eventual reordenación de nuestras ideas y de nuestras
obligaciones.
Este segundo estado de ánimo interesa ahora a nuestra breve reflexión para
recordaron que somos muy poco dueños de nuestras acciones, y que cuanto más
atareados estamos en las ocupaciones ordinarias, tanto más nos vemos obligados
a vivir fuera de nosotros mismos, dominados por la presión de los deberes que
hemos introducido en nuestro interior y que nos fuerzan a vivir de un modo
impersonal, inconsciente, nada libre y a veces nada bueno.
Las vacaciones deberían servir no solamente para el descanso físico, sino
también para una tarea espiritual. Y cuanto más nos llevan a concedernos una
distracción, una ausencia y fuga de nosotros mismos, tanto más deberían
proporcionarnos momentos de interioridad, de reflexión personal, de conciencia
operante, de voz del silencio, a la escucha de todo el desenvolvimiento de
nuestra vida. Nos parece que no vamos contra la corriente sicológica de las
personas inteligentes, las cuales se plantean, especialmente si son jóvenes, el
problema de la autodirección del propio modo de vivir. Más aún, les invitamos a
concederse algún día, alguna hora al menos, de meditación, algún momento de
revisión y programación de la propia existencia.
Muchas veces, esta necesidad de concentración se patentiza precisamente en los
momentos mejores del contacto del ánimo con la revelación que el cuadro de la
naturaleza hace de sí mismo, obligando al espectador a acoger el impulso de
superar la visión del propio panorama y a ascender, por las vías del pensamiento
—que se hace contemplativo y casi
estático—, hasta la advertencia del misterio reflejado en las cosas y que parece
palpitar en ellas. (Recordemos la visión de San Agustín, la cual, en cierto
modo, le es concedida a todo espíritu capaz de contemplar; cf. Confesiones Quaere super nos, 10, 6, 9; 13, 32, 47).
Este acto de concentración, para quien posee la suerte de tener
fe, lleva
fácilmente a la oración interior, a escuchar una voz, no del todo desconocida para cada uno de nosotros los cristianos, aunque casi siempre reprimida y ofuscada; no es una voz imperante, sino una voz que
llama: "Ven y sígueme" (Lc 5, 2-7). Es decir, se trata del pronunciamiento de
una exigencia, que puede tener diferentes grados y, más todavía, diversos modos
de ser seguida; pero, de todas formas, es una voz que parece trazar, en el
tiempo de nuestra vida, un camino recto y audaz: el de una auténtica vida
cristiana.
Así sea. Con nuestra bendición apostólica.
Saludos
(A las religiosas de San Carlos de Lión)
En la imposibilidad de saludar a cada grupo, felicitamos a
las Hermanas de Saint Charles, de Lión, que han querido celebrar
su capítulo general en Roma, demostrando su adhesión a la Sede Apostólica, según es
espíritu de su fundador, el sacerdote Charles Demia. Las bendecimos especialmente, así como a
todos los religiosos y religiosas aquí presentes.
(A los participantes en el II Seminario Internacional sobre
"Artesanía y religión")
Un saludo especial va dirigido a los asistentes al II Seminario Internacional
sobre "Artesanía y religión", patrocinado por la Smithsonian Institution
y los Museos Vaticanos. Estamos muy agradecido al Comité de Religión y Arte de
América y al Secretariado de la Colección Vaticana de Arte Religioso Moderno,
que han organizado conjuntamente este acontecimiento.
Nuestro mensaje de hoy es de aliento y de gran consideración hacia vuestros
objetivos y actividades. Apreciamos altamente el hecho de que seáis
conscientes de la necesidad real de los valores religiosos para la inspiración, no sólo en el
terreno del arte en general, sino también en el campo concreto de la expresión
artística, que constituye el tema de vuestro Seminario. Persuadido como estamos
del papel único de todo el arte religioso para elevar a la humanidad hacia Dios,
nos complacemos en repetiros las palabras que dirigimos hace cinco años a los
artistas reunidos en la Capilla Sixtina: "Abrigamos la esperanza de que se afiance en el corazón de
los artistas la convicción de que la Iglesia católica todavía y siempre les
estima, les ayuda y les protege" (Discurso a los artistas, 23 de junio de 1973).
Solidario en este empeño invocamos las bendiciones de Dios sobre vuestra obra.
(A los
representantes de la Sociedad Radio Canadá)
Nos complace dirigir una palabra de bienvenida a los
representantes de la Sociedad Radio Canadá, que asisten a esta
audiencia y que nos permiten transmitir a los telespectadores de su
gran país, rico en tradiciones cristianas, nuestra especial bendición, destinada
a todos los hogares reunidos ante la pequeña pantalla. Nos satisface
saber que la televisión canadiense se propone presentarle la vida
del Siervo de Dios André Bassette. Hacemos votos para que el
ejemplo de sus virtudes cristianas, de su fe vivida y de su amor a
Cristo pueda ser para todos una inspiración y una invitación a vivir
cada día más según el Evangelio.
(En español)
Amadísimos hijos e hijas: Pensamos en un doble estado de ánimo que invade la conciencia humana durante las vacaciones. Primeramente de recreo,
resultado de
liberarse de los deberes diarios y propicio para gozar
del propio tiempo, reposando. Un segundo estado de ánimo ocupa la
conciencia interior: es el de aprovechar las vacaciones haciendo algo útil,
como una lectura, una cura, una reflexión. Este segundo estado de
ánimo nos recuerda cuán poco somos dueños de nosotros mismos, cuando
estamos dominados por deberes introducidos en nuestro interior y que nos obligan a vivir de manera no
personal, no libre y frecuentemente
no buena. Las vacaciones, además del reposo físico, deberían servirnos para
una fuga de nosotros mismos, a procurarnos momentos de interioridad,
de silencio para contemplar el desarrollo de nuestra vida y descubrir
meditando el misterio que palpita dentro de nosotros y de las cosas. Obrando así llegaremos
a la oración interior y a escuchar esa voz tan conocida para los cristianos:
"ven y sígueme" (Lc 5, 2-7). Así sea, con nuestra bendición
apostólica que extendemos
a cuantos nos están escuchando por la radio.
|