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CARTA DEL PAPA PABLO VI AL CARDENAL JOSÉ GARIBI Y RIVERA,
ARZOBISPO DE GUADALAJARA
A Nuestro querido Hijo el Cardenal José Garibi y Rivera Arzobispo de
Guadalajara
Con sentimientos de particular benevolencia y de gozo profundo Nos dirigimos a
Ti, querido Hijo, para asegurar que en estos momentos en que se inaugura la sede
del Colegio Mexicano en la Ciudad Eterna, Nos encontramos espiritualmente
presente en medio de Nuestros Venerables Hermanos en el Episcopado, de los
amadísimos sacerdotes, seminaristas y fieles que, procedentes de México y
rodeados de una afectuosa corona de personalidades y de amigos, asisten a un
acto de trascendencia para la vida de la Iglesia en esa noble Nación, tan cerca
siempre de Nuestro corazón de Padre.
Se ha querido unir esta fecha a aquella otra, tan histórica, que evoca la
llegada del Mensaje de Cristo, de su Cruz y de sus Misterios, a las tierras
americanas, donde a lo largo de los siglos la fe se fue arraigando gracias
también al ministerio fecundo de celosos sacerdotes que salieran del benemérito
y glorioso Colegio Pío Latino Americano para difundir e intensificar el Reino de
Dios bajo la asistencia materna de la dulce Virgen del Tepeyac.
El incremento providencial de vocaciones y el interés por que ellas encuentren,
junto a la Cátedra de San Pedro, una formación espiritual, intelectual,
pedagógica y disciplinar, adecuada a las exigencias pastorales del País donde se
ejercitará la actividad sacerdotal, han aconsejado y hecho realidad el
Pontificio Colegio Mexicano en Roma. A cuantos han contribuido a su
ejecución expresamos Nuestro aplauso y felicitación.
Confiadamente esperamos que de este Santuario Vocacional, erigido en un período
de intensa renovación post-conciliar, salgan numerosos y selectos apóstoles,
verdaderos ministros de la acción de la gracia en las almas, que configuren en
su vida los ejemplos y las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, Maestro,
Sacerdote y Pastor que vino a «servir y a dar su vida para redención del mundo»
(Marc. 10, 45).
Es necesario, en verdad, entender al mundo, conocer y compartir sus problemas,
sus angustias, sus legítimas aspiraciones; pero en el carácter sagrado del
Ministro del Culto y del servicio divino, ha de conservar siempre su primacía la
actitud sobrenatural que se alimenta con la meditación de la Palabra de Dios y
con «el trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el
Espíritu Santo» (Concilio Vaticano II, Decreto sobre la Formación Sacerdotal,
n. 8). La participación consciente en el Misterio sacrificial y sacramentalmente
santificador de la Iglesia, el testimonio de la unidad entre los hermanos que
atrae a los hombres a Cristo, la adhesión a los propios Obispos, el espíritu de
abnegación y de vida interior, serán la mejor garantía para que el entusiasmo
vocacional conserve inalterado su vigor y para que la eficacia de penetración
ministerial se vea copiosamente bendecida por Dios.
Con estos ardientes deseos que presentamos como súplica al Altísimo, por
intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, Nos complacemos en otorgarte a Ti,
querido Hijo, a Nuestros Venerables Hermanos en el Episcopado, a los Sacerdotes
y Seminaristas de México, en particular a los Alumnos del nuevo Colegio, una
efusiva Bendición Apostólica que de corazón extendemos a cuantos participan en
la ceremonia de inauguración y al amadísimo México sobre el que invocamos la
continua asistencia de los dones celestiales.
Del Vaticano, 12 de octubre de 1967.
PAULUS PP. VI
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