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MENSAJE DEL PAPA PABLO VI PARA LA VI JORNADA
MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
Tema: Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad
Hermanos e hijos esparcidos por el mundo, hombres todos de buena voluntad,
EL HOMBRE MODERNO puede reconocer con facilidad que muchas de sus actitudes,
juicios, tomas de posición, adhesiones y oposiciones se deben a los
conocimientos, cada vez más vastos y rápidos, de opiniones y de
comportamiento que le llegan por medio de los instrumentos de comunicación
social.
Nuestra vida sitúa a jóvenes y adultos frente a un flujo casi
incesante de noticias y de interpretaciones, de imágenes y de sonidos, de
propuestas y de solicitaciones. En esta situación, el ser racional se
siente impelido a la pregunta inquietante: ¿dónde está la
verdad? ¿Cómo apresarla o descubrirla en el cúmulo de
comunicaciones que nos acosan en todo momento?
Misión y responsabilidad del informador
1. Cada uno de los hechos tiene su propia verdad que abarca muchos aspectos,
no siempre perceptibles fácilmente en su totalidad. Sólo el empeño
conjunto y sincero del comunicador y de los receptores puede ofrecer una cierta
garantía de que todo acontecimiento sea conocido en su verdad íntegra.
Aparece así la excelencia de la misión del informador que
consiste no sólo en destacar aquello que resalta inmediatamente, sino
también en indagar los elementos de encuadramiento y de explicación
acerca de las causas y las circunstancias de cada uno de los hechos que él
debe señalar. Este quehacer podría compararse, de alguna manera, a
una "investigación científica", debido a la seriedad y
entrega que exige el control y la valoración critica de las fuentes, con
fidelidad a los datos observados y con la trasmisión integral de los
mismos.
La responsabilidad es luego más grave aún cuando el
comunicador está llamado -como sucede a menudo- añadir a la simple
relación del hecho, elementos de juicio y de orientación.
2. Todo lo que precede se ha de referir también, y con aplicaciones
particulares y características, a la información religiosa o a
aquellas circunstancias que piden una valoración religiosa.
Al acontecimiento religioso no se le puede comprender adecuadamente si se le
considera tan sólo en su dimensión humana, psicológica y
socialmente comprobable. Hay que descubrir también su dimensión
espiritual, o, lo que es igual, la conexión e inserción en el
misterio de la comunión del hombre con Dios, es decir, en el misterio de
la salvación.
Esto significa captar, en cuanto es posible, la verdad precisamente "religiosa"
de ciertos sucesos especiales, que podrá ser asida por entero sólo
cuando se tuviere en cuenta el contexto espiritual del fenómeno religioso
al cual se refiere el acontecimiento, y -por encima de la sola competencia
profesional- la luz de la fe, la única que puede ofrecer plena comprensión.
sobre todo en determinadas circunstancias, de tal verdad religiosa.
Necesidad de capacidad crítica en el receptor de la
comunicación social
3. Este empeño en indagar y respetar la verdad afecta, con la misma
urgencia, a aquellos que en los medios de la comunicación social buscan
la información y las orientaciones de juicio. Es tarea de todos los
receptores ser siempre activos y corresponsables; su sentido de responsabilidad
y su preparación los dispondrán a recibir activa y críticamente
todo lo que se les expone desde el exterior.
El hombre, y mucho más el cristiano, no abdicará jamás
de su capacidad de contribuir a la conquista de la verdad: no sólo la
abstracta o filosófica, sino también la concreta y diaria de los
sucesos particulares; si abdicase, dañaría de esa forma la propia
dignidad personal. Queremos, por tanto, en esta ocasión, renovar nuestra
invitación para que cada hombre se aplique y sea ayudado convenientemente
a conseguir la necesaria capacidad de juicio autónomo ante el mensaje de
los instrumentos de comunicación social, de manera que pueda escoger
libremente entre las distintas opiniones y dar a la mejor de ellas la propia
adhesión.
Fidelidad a la verdad evitando toda manipulación de la misma
4. Hoy, la mayoría de los hombres toman contacto con alguna forma de
comunicación social -prensa, radio, televisión, teatro, cine,
grabaciones magnetofónicas- no sólo con fines informativos, sino
sobre todo recreativos y culturales, dedicándose a evocar y a participar
espiritualmente en hechos y situaciones, reales o imaginarios, reproducidos
gracias a una determinada creación artística, dirigidos a expresar
y a sugerir determinados valores y sentimientos.
Entrando en contacto con tal clase de publicaciones y de espectáculos
pensando en la distensión y en la diversión, y también en
un mejor conocimiento del hombre y del mundo que lo rodea, la facultad crítica
del individuo deberá encontrarse siempre suficientemente atenta en lo que
se refiere a la verdad, para lograr, así, percibir siempre las posibles
desviaciones.
Por otra parte, hay que reconocer una libertad al artista, quien,
precisamente para expresar "lo bello" de la realidad, tiene derecho de
servirse de la ayuda de la fantasía dando de esta forma vida a una nueva
creación. Esta, en cambio, aunque coincida con la realidad concreta y
ordinaria, no puede ser algo completamente diferente de ella; debe, en efecto,
continuar siendo fiel a su verdad y a la verdad de los valores a los cuales está
relacionada. Pues el arte, si es realmente tal, es una de las expresiones más
nobles de la verdad.
Por tanto, para prestar un servicio al hombre y ser discípulos y
buscadores de la verdad, hay que contribuir a la busca y al goce de la verdad
que naturalmente excluye cualquier explotación -bien por especulación
comercial, bien por otros fines vituperables- de la debilidad humana o de la
insuficiente preparación del público.
La «Palabra» es liberadora y salvífica
5. Nuestro Mensaje no puede terminar, hermanos y hombres del mundo actual,
sin que os señalemos una senda aún más elevada para
conseguir la verdad más perfecta.
Somos cristianos, seguidores de Cristo, Aquel que es «camino, verdad y
vida" (Jn 14, 6) para todos los hombres, también para
aquellos que aún no le conocen. El es el Hijo de Dios, que vino a habitar
entre los hombres para dar "testimonio de la verdad" (Jn 18,
37), y asegurarnos que sólo la verdad nos hará libres (Jn
8, 31-36), librándonos de toda esclavitud (Gál 5, 1).
Nosotros, los cristianos, queremos estar en medio del mundo dentro de las
realidades humanas de cada día, siendo los humildes pero convencidos
testigos de la verdad que creemos.
Los medios actuales de comunicación social son las nuevas grandes vías
abiertas también a los cristianos para su misión de testimonio y
de servicio a la verdad. Tales medios sirven, sobre todo, para expresar y
difundir la palabra.
También nosotros tenemos una palabra importantísima que decir
y que confiar al poder de los instrumentos de comunicación social: es la
Palabra sustancial que Dios dice de Sí mismo, su Verbo, que es también
la palabra absoluta y definitiva que Dios dice sobre el hombre, salvándole
de continuo mediante las innumerables vicisitudes de la crónica diaria y
de la historia secular.
Nosotros, los cristianos, sabemos que los sucesos concretos que afectan cada
día a nuestra vida personal y a la vida del mundo, no son fortuitas
coincidencias debidas al arbitrio de un ciego e inexorable destino, sino que
constituyen la trama de un misterioso designio no completamente develado para
nosotros, pero con el cual Dios, en cada instante, nos aborda e interpela invitándonos
a su comunión salvífica; lo cual nos empuja a la aceptación
moral y gozosa de todos los acontecimientos y a la entrega plena de amor.
Esta visión profunda de las cosas es la verdad inquebrantable de la
cual queremos ser discípulos y testigos, ya como comunicadores, ya como
receptores; y de ella brotará, poco a poco, la auténtica libertad
que perseguimos: libertad, de las pasiones humanas y de los prejuicios
intelectuales; libertad, del miedo al fracaso y a la derrota; libertad, de todo
lo que nos hace esclavos de grupos concretos de poder y de presión, que
imponen determinadas interpretaciones de la vida y de la crónica diaria
desligándola de toda dependencia de la verdad; libertad frente al "arribismo"
que impulsa a esconder y confundir la verdad para cubrir degradantes vergüenzas,
y a veces objetivos incluso inhumanos.
La noble tarea del apostolado en el campo de las comunicaciones
sociales
6. Hermanos e hijos amadísimos: os ofrecemos estas indicaciones
acerca de la verdad que debe regular -contamos con que esto sea admitido por
todos- el uso de los medios actuales de la comunicación social.
La suprema verdad que es Dios, es fuente también de la verdad de las
cosas. La Verdad que ha venido a morar entre los hombres, se ha hecho modelo del
obrar humano. El respeto a la finalidad de las cosas, y la fidelidad a la norma
de nuestro obrar, serán para nosotros garantía de la realización
de la verdad en todas las circunstancias.
A los pastores, a los sacerdotes, a los religiosos, a los laicos, que se
dedican al servicio de los hermanos por medio de los instrumentos de comunicación
social, contribuyendo, así, a guiarles al encuentro con la "verdadera
luz que ilumina todo hombre" (Jn 1, 9), expresamos nuestro más
vivo aliento.
Con el deseo de que todos, informadores, técnicos, productores,
educadores y receptores quieran aprovecharse de esta Jornada para una fructuosa
reflexión sobre estos importantes temas, impartimos de corazón y
con gran confianza nuestra bendición apostólica.
Vaticano, 21 de abril, 1972.
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