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MENSAJE DEL PAPA
PABLO VI
PARA LA CUARESMA DE 1975

 

Amadísimos hijos e hijas:

«A los pobres los tenéis siempre con vosotros» (Jn 12,8). Estas palabras dichas por Jesús a sus Apóstoles tienen un profundo significado. Parece que suenan como si los esfuerzos de la caridad cristiana y de la justicia humana estuviesen destinados a quedar siempre frustrados. ¿No parece confirmar esto mismo una mirada general sobre el panorama de nuestro tiempo? Por más que demos la impresión de conocer todas las maneras de combatir la pobreza, seguimos oyendo hablar de guerras, hambre, desastres. No obstante, para un cristiano el hecho de que tales situaciones se repitan continuamente no significa que sean inevitables. Al contrario, el cristiano entiende las palabras de Jesús en el sentido de que ninguno entre sus seguidores puede ignorar que Jesús se identificó con los pobres. Hasta el final de los tiempos, los pobres estarán “con” Jesús. Ellos son sus amigos, sus compañeros, sus hermanos y hermanas. El cristiano, precisamente por ser cristiano, debe colocarse al lado de los necesitados. Debe ponerse a disposición para asistirlos en sus necesidades más urgentes. Debe comprometerse a sí mismo para ayudar, como sea, a la construcción de un mundo mejor, de un mundo más justo.

La Cuaresma es un tiempo muy propicio para el ejercicio del desprendimiento, porque recuerda al cristiano quién es él. Se pone en guardia frente a la satisfacción de una existencia cómoda y frente a la tentación de vivir en la abundancia. Este Año Santo, dedicado a la reconciliación, es un desafío a cada uno en todo aquello que implica la reconciliación: dar y compartir con la familia humana. Si cada uno permite a sus hermanos y hermanas entrar en la propia vida; si comparte con ellos sus bienes y no sólo las sobras, habrá superado muchos obstáculos para la reconciliación y habrá logrado renovarse a través del desprendimiento.

Este Año Jubilar nos exige un testimonio de completa solidaridad con todos aquellos con quienes Jesús se identificó de modo particular. Será ésta la mejor prueba que podremos dar a nuestros hermanos y hermanas: que este Año sea “Santo” para toda la humanidad.

Sí. Esto es lo que os pedimos hoy al comenzar la Cuaresma: una solidaridad genuina, una solidaridad práctica con los pobres de Cristo. Y os lo pedimos en nombre de Jesús. Con profundo afecto hacia todos vosotros, hijos e hijas de todo el mundo, os bendecimos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

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