Amadísimos hijos e hijas:
«A los pobres los tenéis siempre con vosotros» (Jn 12,8).
Estas palabras dichas por Jesús a sus Apóstoles tienen un profundo significado.
Parece que suenan como si los esfuerzos de la caridad cristiana y de la justicia
humana estuviesen destinados a quedar siempre frustrados. ¿No parece confirmar
esto mismo una mirada general sobre el panorama de nuestro tiempo? Por más que
demos la impresión de conocer todas las maneras de combatir la pobreza, seguimos
oyendo hablar de guerras, hambre, desastres. No obstante, para un cristiano el
hecho de que tales situaciones se repitan continuamente no significa que sean
inevitables. Al contrario, el cristiano entiende las palabras de Jesús en el
sentido de que ninguno entre sus seguidores puede ignorar que Jesús se
identificó con los pobres. Hasta el final de los tiempos, los pobres estarán
“con” Jesús. Ellos son sus amigos, sus compañeros, sus hermanos y hermanas. El
cristiano, precisamente por ser cristiano, debe colocarse al lado de los
necesitados. Debe ponerse a disposición para asistirlos en sus necesidades más
urgentes. Debe comprometerse a sí mismo para ayudar, como sea, a la construcción
de un mundo mejor, de un mundo más justo.
La Cuaresma es un tiempo muy propicio para el ejercicio del
desprendimiento, porque recuerda al cristiano quién es él. Se pone en guardia
frente a la satisfacción de una existencia cómoda y frente a la tentación de
vivir en la abundancia. Este Año Santo, dedicado a la reconciliación, es un
desafío a cada uno en todo aquello que implica la reconciliación: dar y
compartir con la familia humana. Si cada uno permite a sus hermanos y hermanas
entrar en la propia vida; si comparte con ellos sus bienes y no sólo las sobras,
habrá superado muchos obstáculos para la reconciliación y habrá logrado
renovarse a través del desprendimiento.
Este Año Jubilar nos exige un testimonio de completa solidaridad con
todos aquellos con quienes Jesús se identificó de modo particular. Será ésta la
mejor prueba que podremos dar a nuestros hermanos y hermanas: que este Año sea
“Santo” para toda la humanidad.
Sí. Esto es lo que os pedimos hoy al comenzar la Cuaresma: una
solidaridad genuina, una solidaridad práctica con los pobres de Cristo. Y os lo
pedimos en nombre de Jesús. Con profundo afecto hacia todos vosotros, hijos e
hijas de todo el mundo, os bendecimos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo.