Amadísimos hijos e hijas:
Una vez más llega la Cuaresma con sus urgentes invitaciones. Tiempo
que nos acerca a Cristo, la Cuaresma, a través del mismo Cristo, nos acerca los
unos a los otros. La Cuaresma es un tiempo de comunión, lo cual lleva también
consigo el saber poner las cosas en común.
Quedamos impresionados ante la descripción que hacen los Hechos de
los Apóstoles de la vida comunitaria de la Iglesia primitiva, «Todos los fieles
vivían unidos; y tenían todas las cosas en común» (Act 2, 44). No se
trataba de algo artificial, inventado para cimentar la cohesión de la joven
comunidad de Jerusalén; se trataba, más bien, de la manifestación de ese «único
corazón» (ibid. 4, 32) que inspiraba todos los gestos de los creyentes,
uniéndolos en el corazón mismo de Jesús.
Uno de los efectos más relevantes de esta unanimidad está indicado
en los Hechos cuando dicen que el constante compartir los bienes se hacía en
función de las necesidades de cada cual. De esta manera, los primeros cristianos
practicaban espontáneamente el principio según el cual los bienes de este mundo
han sido destinados por el Creador para satisfacer las necesidades de todos sin
excepción. El compartir cristiano traduce en hechos esta obligación natural, que
el impulso de la caridad convierte en algo infinitamente más urgente.
Compartir es, pues, una actitud cristiana fundamental. En las
numerosas iniciativas de amor al prójimo, desde la limosna y el servicio
individual hasta la cooperación colectiva a la promoción de los pueblos
materialmente menos favorecidos, el cristiano siente la alegría de compartir, de
gozar junto con los demás del patrimonio que Dios ha puesto generosamente a
disposición de todos.
Se ha dicho que hay un arte de dar y un arte de recibir; los
cristianos sólo tienen una palabra para ambos, la de compartir fraternalmente.
Este compartir, que la presente Cuaresma nos hace practicar como signo de
comunión con todos los hombres, invita a todos a participar en el Misterio de la
Cruz y de la Resurrección de Cristo.
Al comenzar este tiempo fuerte de la liturgia, Nos, con las palabras
de San Pablo a los primeros cristianos, invitamos a todos los fieles de esta
gran comunión que es la Iglesia católica «a poner aparte lo que puedan ahorrar»
(cf. 1 Cor 16, 2), con espíritu de penitencia y de caridad, para
ofrecerlo en la colecta común. A todos aquellos que están así dispuestos a
compartir sus bienes con los hermanos que carecen de lo necesario, los
bendecimos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.