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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS PEREGRINOS DE BARCELONA

Sábado 10 de agosto de 1963

 

Dirigimos un saludo especial al Arzobispo-Obispo de Barcelona, Monseñor Gregorio Modrego y Casáus, a quien nos cabe la suerte de conocer desde hace muchos anos y que hoy nos ofrece una prueba nueva de su celo, trayendo a Roma una Peregrinación Diocesana, que aquí vemos presente y que recibimos con sumo gusto.

A todos vosotros, queridos hijos, os damos la bienvenida, pensando en el significado particular que una peregrinación reviste cuando está integrada, en su mayoría, por personas del sector obrero y del trabajo y se encamina hacia la Cátedra de S. Pedro. Nosotros debemos, en efecto, reconocer que este título de «trabajador» pone en evidencia la categoría social a la que vosotros pertenecéis y que os constituye, en estos momentos, representantes de vuestros compañeros de fe, de patria y de tareas; y, como a tales os recibimos, reconociendo en vosotros a los hijos fieles de la Iglesia Católica, a las ciudadanos de la tierra de Cataluña y de la Nación Española, a los compañeros de tantos trabajadores honrados, valientes y modernos .

Habéis venido para dar y para recibir honor. Queréis, en efecto, presentar vuestro homenaje filial al Papa y en él venerar al Sucesor de S. Pedro, al Vicario de Cristo. Y por tanto a Jesucristo Nuestro Señor, a quien se dirige vuestra piedad que él no dejará de premiarla con sus gracias.

Al mismo tiempo vosotros recibís del Papa el honor que la Iglesia católica reserva a los hombres del trabajo. Conocéis ciertamente cuánto interés, cuánto amor, la Iglesia dedica a los trabajadores y cómo en estos últimos años ella ha multiplicado sus enseñanzas para proclamar y para defender vuestros derechos, para asistiros en el cumplimiento de vuestros deberes, para conservar en la clase obrera su patrimonio religioso y moral, para tutelar la dignidad de la persona humana cualquiera que fuere su profesión, para dar a la fatiga material su valor espiritual, para disipar las ideas falsas especialmente difundidas en el mundo obrero, esa, sobre todo, de que la Iglesia de Cristo no es amiga del pueblo trabajador.

Habéis, ciertamente, oído hablar de las grandes Encíclicas Pontificias sobre la cuestión social y conocéis qué dentro del corazón la Iglesia, mediante el magisterio de los Papas, lleva el deseo de la elevación de las clases trabajadoras. Baste citar estas palabras de la Encíclica Mater et Magistra de Nuestro venerado Predecesor, el Papa Juan XXIII, que dicen así:

«Dado que en nuestra época las economías nacionales evolucionan rápidamente... consideramos oportuno llamar la atención de todos sobre un precepto gravísimo de la justicia social, a saber, que el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, de forma que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la Nación» (A.A.S. 1961, p. 419).

Os hemos recordado estas palabras y podríamos citar tantísimas más a fin de que sepáis lo mucho que la Iglesia, lo mucho que el Papa os quieren y desean vuestra prosperidad tanto temporal come espiritual. Llevad siempre en el corazón la seguridad de ser amados por la Iglesia, conservaos unidos y disciplinados bajo la guía de vuestro Arzobispo y de vuestros dirigentes, amad a vuestra Nación y vuestro trabajo; y llevad a vuestros compañeros y a vuestras familias la Bendición Apostólica que ahora vamos a impartir a todos vosotros en el nombre del Señor.

            

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