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PEREGRINACIÓN DEL PAPA PABLO VI A TIERRA SANTA

PALABRAS DE DESPEDIDA DEL SANTO PADRE
A LAS AUTORIDADES ISRAELÍES

Domingo 5 de enero de 1964

 

Recuerdo de Pío XII

Al terminar esta jornada inolvidable Nos quisiéramos, con vosotros, hacer subir hasta el Cielo el himno del agradecimiento. No se olvidan, cuando han sido vistos una vez, estos lugares que hacen revivir a la vez el antiguo y el nuevo testamento, estos lugares impregnados de los recuerdos de la Biblia, de los ejemplos y de las enseñanzas de Jesucristo.

A las Autoridades y a todos los aquí presentes, Nos volvemos a manifestar Nuestra satisfacción por esta visita, Nuestra gratitud por la acogida que se nos ha dispensado y por las atenciones de que Nos hemos sido objeto.

Hemos venido entre vosotros con los sentimientos de Aquel a Quien somos conscientes de representar y que los Profetas anunciaron en otros tiempos con el nombre de «Príncipe de la Paz». Esto equivale a decir que Nos no tenemos para todos los hombre y para todos los pueblos más que pensamientos de benevolencia. La Iglesia, en efecto, los ama igualmente a todos.

Nuestro gran Predecesor Pío XII lo afirmó con fuerza y en muchas ocasiones, durante el último conflicto mundial, y todo el mundo sabe lo que hizo por la defensa y la salvación de todos los que soportaban la prueba, sin ninguna distinción. Sin embargo, como sabéis, se han querido sembrar sospechas e incluso acusaciones contra la memoria de este gran Pontífice. Tenemos la satisfacción de tener ocasión de afirmarlo en este día y en este lugar: nada más injusto que ese atentado contra tan venerable memoria.

Quienes, como Nos, han conocido más de cerca a esta alma admirable, saben hasta dónde podían llegar su sensibilidad, su compasión por los sufrimientos humanos, su valor y la bondad de su corazón.

Bien lo sabían también los que, terminada la guerra, acudieron con lágrimas en los ojos a darle las gracias por haberles salvado la vida. Verdaderamente, conforme al ejemplo de Aquel al que representa acá en la tierra, el Papa no desea más que el verdadero bien de todos los hombres.

Nos formulamos los mejores votos por vosotros, al final de esta visita, complaciéndoNos en pensar que Nuestros hijos católicos, que viven en esta tierra, continuaron disfrutando en ella de los derechos y de las libertades que hoy se reconocen generalmente a todos.

 

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