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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DOMINICANA*


Jueves 25 de noviembre de 1965

 

Señor Embajador:

Ante todo muchas gracias por las palabras que Nos habéis dirigido al entregarnos las Cartas Credenciales que os acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de vuestro Gobierno ante la Santa Sede.

Al saludo que Nos habéis presentado en nombre del Presidente Provisional de la República queremos corresponder con el Nuestro en el que va en primer lugar todo el afecto que del corazón brota espontáneo hacia vuestro pueblo, rico en tradiciones religiosas y cívicas, tan probado en los últimos meses.

Vemos con consuelo, todavía no ausente de trepidación, los esfuerzos realizados para mantener y consolidar la paz en el País. Cualquier ánimo sereno —¡cuánto más el Nuestro en calidad de Vicario del Príncipe de la paz!— ve con simpatía y saluda con esperanza cuanto se haga para seguir por el camino de la concordia de los espíritus a la luz del grande y supremo ideal del bien común, aunque esto exija ulteriores sacrificios.

No hace falta que pongamos de relieve la obra de la Santa Sede, a través principalemente de su Representación en esa República y de la Jerarquía local: solamente deseamos. aprovechar esta solemne ocasión para renovar Nuestra exhortación a la unión, al trabajo únanime de reconstrucción civil, social y religiosa, ganando el tiempo perdido, en el pleno respeto a los derechos de Dios y de la persona humana.

No dudamos de que la buena voluntad de todos los ciudadanos, en particular de los que han asumido la responsabilidad de sus destinos, harán superar este momento tan delicado.

Señor Embajador: su prolongada estancia en la Ciudad Eterna le habrá hecho ver el interés con que la Santa Sede constantemente se aplica a la obra de pacificación en el interior de los pueblos y en su convivencia con las demás Comunidades. Los votos y plegarias que ahora formulamos en favor de la República Dominicana son fruto del intenso amor que le profesamos. Sed portador de tales sentimientos. Y tened la seguridad de que por Nuestra parte tendréis la mayor comprensión y más eficaz colaboración en vuestra tarea de estrechar cada vez más los lazos que a vuestra Nación unen con la Santa Sede. Sea prenda de la divina asistencia la Bendición Apostólica que a Vuestra Excelencia y a la Nación Dominicana, con sus Autoridades y pueblo, de corazón otorgamos.


*AAS 57 (1965), p.990-991.

Insegnamenti di Paolo VI, vol. III, p.670-671.

L'Osservatore Romano 26.11.1965, p.1.

 

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