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CLAUSURA DEL CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO
II
PABLO VI
MENSAJE DEL CONCILIO A
LOS MUJERES
1. Y ahora es a vosotras a las que nos dirigimos, mujeres de todas
las condiciones, hijas, esposas, madres y viudas; a vosotras también, vírgenes
consagradas y mujeres solteras. Sois la mitad de la inmensa familia humana.
2. La Iglesia está orgullosa, vosotras lo sabéis de haber elevado y
liberado a la mujer, de haber hecho resplandecer, en el curso de los siglos, en
la diversidad de sus caracteres, su innata igualdad con el hombre.
3. Pero llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la
mujer llega a su plenitud, la hora en que la mujer ha adquirido en el mundo una
influencia un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora.
4. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación
tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto
a la humanidad a no degenerar.
5. Vosotras, las mujeres, tenéis siempre como misión la guardia del
hogar, el amor a las fuentes de la vida, el sentido de la cuna. Estáis presentes
en el misterio de la vida que comienza. Consoláis en la partida de la muerte.
Nuestra técnica lleva el riesgo de convertirse en inhumana. Reconciliad a los
hombres con la vida. Y, sobre todo, velad, os lo suplicamos, por el porvenir de
nuestra especie. Detened la mano del hombre que en un momento de locura
intentara destruir la civilización humana.
6. Esposas, madres de familia, primeras educadores del género
humano en el secreto de los hogares, transmitid a vuestros hijos y a vuestras
hijas las tradiciones de vuestros padres, al mismo tiempo que los preparáis para
el porvenir insondable. Acordaos siempre de que una madre pertenece, por sus
hijos, a ese porvenir que ella no verá probablemente.
7.Y vosotras también, mujeres solteras, sabed que podéis cumplir
toda vuestra vocación de devoción. La sociedad os llama por todas partes. Y las
mismas familias no pueden vivir sin la ayuda de aquellas que no tienen familia.
8. Vosotras, sobre todo, vírgenes consagradas, en un mundo donde el
egoísmo y la búsqueda de placeres quisieran hacer la ley, sed guardianas de la
pureza, del desinterés, de la piedad. Jesús, que dio al amor conyugal toda su
plenitud, exaltó también el renunciamiento a ese amor humano cuando se hace por el amor infinito y por el
servicio a todos.
9. Mujeres que sufrís, en fin, que os mantenéis firmes bajo la cruz
a imagen de María; vosotras, que tan a menudo, en el curso de la historia,
habéis dado a los hombres la fuerza para luchar hasta el fin, para dar
testimonio hasta el martirio, ayudadlos una vez más a guardar la audacia de las
grandes empresas, al mismo tiempo que la paciencia y el sentido de los comienzos
humildes.
10. Mujeres, vosotras que sabéis hacer la verdad dulce, tierna,
accesible, dedicaos a hacer penetrar el espíritu de este Concilio en las
instituciones, escuelas, hogares y en la vida de cada día.
11. Mujeres del universo todo, cristianas o no creyentes, a
vosotras, que os está confiada la vida, en este momento tan grave de la
historia, vosotras debéis salvar la paz del mundo.
8 de diciembre de 1965
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