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CLAUSURA DEL CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO
II
PABLO VI
MENSAJE DEL CONCILIO A
LOS JÓVENES
1. Finalmente, es a vosotros, jóvenes del mundo entero, a quienes
el Concilio va a dirigir su último mensaje. Porque sois vosotros los que tenéis
que recibir la antorcha de las manos de vuestros mayores y viviréis en el mundo
en el momento de las mayores transformaciones de su historia. Sois vosotros los
que, recogiendo lo mejor del ejemplo y de las enseñanzas de vuestros padres y
maestros, vais a formar la sociedad de mañana; os salvaréis o pereceréis con
ella.
2. La Iglesia, durante cuatro años, ha trabajado para rejuvenecer
su rostro, para responder mejor a los designios de su Fundador, el gran
viviente, Cristo, eternamente joven. Al final de esa impresionante "revisión de
vida" se vuelve a vosotros; es para vosotros, los jóvenes, sobre todo para
vosotros, que acaba de alumbrar en su Concilio una luz, una luz que alumbrará el
porvenir, vuestro porvenir.
3. La Iglesia está preocupada porque esa sociedad que vais a
constituir respete la dignidad, la libertad, el derecho de las personas, y esas
personas son las vuestras.
4. Está preocupada, sobre todo, porque esa sociedad deje expandir
sus tesoros antiguos y siempre nuevos, la fe, y que vuestras almas se puedan
sumergir libremente en su bienhechoras claridades. Tiene confianza en que
encontraréis tal fuerza y tal gozo que no estaréis tentados, como algunos de
vuestros mayores, a ceder a las filosofías del egoísmo o del placer, o a
aquellas otras de la desesperanza y de la negación, y que frente al ateísmo,
fenómeno de laxitud y de vejez, sabréis afirmar vuestra fe en la vida y en lo
que da un sentido a la vida; la certidumbre de la existencia de un Dios justo y
bueno.
5. En nombre de este Dios y de su Hijo Jesús, os exhortamos a
ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada
de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías.
Jóvenes, luchad contra todo egoísmo, negaos a dar libre curso a vuestros
instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de
males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros y edificad con entusiasmo un
mundo mejor que el de vuestros mayores.
6. La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo
pasado, siempre vivo en ella, y marchando hacia la perfección humana en el
tiempo y hacia los objetivos últimos de la historia y de la vida, es la
verdadera juventud del mundo. Posee lo que es la fuerza y el encanto de la
juventud; la facultad de reunirse a lo que comienza, de darse sin recompensa, de
renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y veréis en ella
el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la
verdad y del amor, el compañero y amigo de los jóvenes. Es en hombre de Cristo
que os saludamos, que os exhortamos y os bendecimos.
8 de diciembre de 1965
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