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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A BOGOTÁ

DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS OBSERVADORES DE LAS IGLESIAS CRISTIANAS

Viernes 23 de agosto de 1968

 

Queridos hermanos en Cristo, Nuestro Señor:

Con gozo os recibimos hoy. Hemos venido a Bogotá para dar testimonio público y solemne de nuestra fe en Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, el enviado del Padre, el Señor de la Iglesia, presente entre nosotros en el Misterio de la Eucaristía.

Por El, Dios ha querido «reconciliar todas las cosas consigo, así las que están en la tierra como las que hay en los cielos, haciendo las paces mediante la sangre de su cruz» (Col. 1, 20). Poniéndonos en paz con Dios, Cristo nos trae la paz entre nosotros (Cfr. Io. 20, 20).

La fe en Cristo Jesús es la base de todo esfuerzo para llegar a la comunión perfecta entre los cristianos aún desunidos. El Señor es uno; todos nosotros debemos realizar esta unidad, visible y espiritual a la vez, de la que habla San Pablo cuando dice: «todos vosotros, uno sois en Cristo Jesús» (Gal. 3, 28).

La vuelta de todos a la Unidad no será nunca el resultado de un compromiso humano o de un tentativo que sirva exclusivamente para estrechar entre nosotros los lazos sociales. Será realizada por el Espíritu que nos inspira una fidelidad total a Cristo Jesús, a su persona y a la revelación que, en El, se nos ha dado. Será realizada por el Espíritu de Cristo, que nos envía al mundo para anunciar la buena nueva a los pobres. Por tanto nosotros debemos proceder con humildad, con lealtad de los unos hacia los otros, pero sobre todo «caminando en la verdad por la caridad» (Ef. 4, 15) a fin de que podamos llegar juntos a un conocimiento más profundo y a una manifestación más evidente de las insondables riquezas de Cristo (Cfr. Concilio Vaticano II, Decr. «Unitatis Redintegratio» n. 11).

La Iglesia Católica ha entrado en diálogo con vuestras Iglesias y Comunidades. Roguemos al Señor que se digne bendecir estos contactos y hacerlos fecundos para la Iglesia y para el mundo que tanta necesidad tiene del mensaje cristiano de justicia y de paz. Os agradecemos de todo corazón vuestra visita y os invitamos a recitar con nosotros, cada uno en su propia lengua, la oración que el Señor nos enseñó.

 

 

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