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VIAJE APOSTÓLICO A GINEBRA

DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
A LAS MISIONES DIPLOMÁTICAS EN GINEBRA*

Martes 10 de junio de 1969

 

Es un privilegio de este País el haber atraído, por su habitual neutralidad prudente y activa, la atención de los responsables del destino de los pueblos al acabar los grandes conflictos mundiales. Esto le ha valido a Ginebra el ser escogida como sede de un número importante de instituciones internacionales y lo que Nos proporciona hoy el placer de encontraros.

Sois, Señores, los acreditados por vuestros Gobiernos ante estas instituciones; Nos cabe el placer de saludar en vuestras personas a unos hombres que tienen fe en tales organizaciones internacionales, cuyo trabajo aprecian, y contribuyen, por su parte, a asegurar el éxito de las mismas. Permitid, pues, que por ello Nos felicitemos.

Una característica de nuestro tiempo es la amplitud singular que han alcanzado los problemas internacionales y los organismos que se dedican a resolverlos. De quienes, como vosotros, sostienen con su activa colaboración tales organismos, puede decirse que trabajan por el bien de la humanidad, y que su acción merece estima y respeto.

Esta actividad no es, quizá, siempre apreciada como merecería: está de por medio la educación en la vida y en la acción internacionales y, como toda educación, también ésta requiere tiempo y paciencia. ¡Sed, Señores, sus buenos artífices! Colaborar, como vosotros lo hacéis, en el plan internacional, es poner la concordia en lugar de la desconfianza; por tanto, es trabajar positivamente en la construcción de ese edificio tan frágil, constantemente amenazado, y sin embargo tan deseable, que se llama la paz entre los pueblos.

La Iglesia católica estima y alienta estos esfuerzos; ella misma desea estar presente cada vez que se trata del verdadero bien del hombre y, en virtud de ello, la Santa Sede ha querido hacerse representar ante muchos de los organismos a los cuales vosotros estáis acreditados: esto demuestra la importancia que da a los servicios que presta a la humanidad todo este trabajo desplegado en el sector internacional.

Por todo ello, Señores, Nos formulamos cordialmente votos por el feliz resultado de vuestras actividades. Quiera Dios hacerlas fructificar. Que él las bendiga como Nos las bendecimos en su nombre invocando su asistencia y su protección poderosa sobre vuestras personas, vuestras familias y Patrias.

 


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.24 p.6.

 

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