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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A ASIA ORIENTAL, OCEANÍA Y AUSTRALIA

DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS REPRESENTANTES PONTIFICIOS
EN VARIAS NACIONES DE ASIA*

Manila, Filipinas
Sábado 28 de noviembre de 1970

 

Nos os expresamos la alegría de encontrarNos, si bien por un breve momento, en medio de vosotros, que sois nuestros colaboradores más próximos y fieles. Nos os expresamos nuestro vivo agradecimiento por la diligencia con que habéis cooperado al éxito de esta Conferencia pan asiática de las Conferencias Episcopales y Nos queremos hacer una mención especial y particularmente cálida del Nuncio Apostólico en las Islas Filipinas, cuya competencia y devota dedicación, apoyado por dinámicos colaboradores, Nos han permitido realizar esta primera etapa de nuestro viaje al Extremo Oriente.

Como podéis constatar, Nuestra voluntad con ocasión de estos encuentros es, ante todo, establecer un contacto fraterno con los Obispos, animarlos en las deliberaciones de su pastoral, en el respeto del principio de subsidiaridad, y del vínculo de la colegialidad episcopal y de poner en práctica, progresivamente, las grandes orientaciones del último Concilio.

La figura de los Nuncios está también en evolución. Hasta ahora, el Nuncio no era más que el representante del Papa ante los Gobiernos y las Iglesias. Su relación con las Iglesias era, sobre todo, de orden jerárquico y administrativo; quedaba, en cierto modo, un cuerpo extraño a la Iglesia local. Hoy día, el Nuncio debe aportar a su acción un acento pastoral más pronunciado. También él está al servicio del Reino de Dios en marcha en el país.

Si Nos venimos de esta manera a tomar parte en los trabajos de las grandes asambleas episcopales regionales, como el último año en Kampala, como aquí en Manila y como lo Nos haremos en el curso de este viaje en Sydney, es precisamente para manifestar Nuestra comunión y Nuestra solidaridad con las inquietudes pastorales de cada región del mundo. La colegialidad es caridad y corresponsabilidad, hemos dicho Nos mismo en la apertura de la última sesión del sínodo de obispos del pasado año. Vosotros, los Representantes pontificios, debéis ser para las jerarquías locales el signo viviente de esta comunión y de esta solidaridad, favoreciendo, en cuanto os sea posible, sus preocupaciones pastorales. Viniendo del corazón de la cristiandad, vosotros sois los testigos de la catolicidad, de la universalidad del Mensaje cristiano. Participando del carisma particular de Pedro, vosotros representáis de manera privilegiada las exigencias de la unidad en la deseable diversidad de expresiones de la propia fe. Por vuestra relación estrecha con la sede del Jefe del colegio apostólico, vosotros constituís, en cierto modo, un lazo de unión entre las iglesias particulares del mundo entero.

Todo esto no se puede concebir sin una aproximación más fraterna a la vida de las iglesias locales, donde os pertenece encontrar para cada caso las modalidades concretas, con espíritu de servicio y con la conciencia de ser, sobre todo, los lazos de la caridad.

Con todos Nuestros ánimos y con la seguridad de Nuestra profunda confianza en vuestro delicado apostolado, Nos os impartimos, lo mismo que a vuestros colaboradores, Nuestra Paternal bendición apostólica.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.49 p.8.

 

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