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DISCURSO DEL SANTO PADRE
PABLO VI A LOS JÓVENES GUATEMALTECOS
Sábado 27 de noviembre de 1971
Amadísimos hijos e hijas:
Con viva complacencia recibimos esta visita que nos hacéis, acompañados por
el Excelentísimo Señor Embajador de Guatemala ante la Santa Sede, porque nos
ofrecéis la oportunidad de encontraros a vosotros y de enviar, por vuestro
medio, un paterno saludo a todos los queridísimos jóvenes guatemaltecos.
La Iglesia se siente siempre muy cerca de la juventud, participa de sus
aspiraciones, desea ayudarla a realizar sus esperanzas, porque, aun en ciertas
actitudes menos aceptables, no puede menos de intuir en el fondo el ansia de un
mundo nuevo, donde los valores espirituales y los ideales de fraternidad, de paz,
de justicia, de amor, de autenticidad, sean los verdaderos criterios de la vida
personal y social.
Al iniciar dentro de poco vuestros estudios universitarios, os exhortamos a
prepararos con seriedad y entusiasmo, para poder ser un día los forjadores
conscientes de una nueva sociedad, de la que vayan desapareciendo esos defectos
que actualmente denunciáis y criticáis con energía.
En Cristo, hecho Hombre para salvar y liberar, en Cristo que ofrece toda su
vida por los demás, tenéis el verdadero modelo e ideal, que trasforma los
corazones de sus seguidores y da a la vida una perspectiva total, en la que la
tarea común del progreso integral del hombre alcanza todas sus dimensiones tanto
mirando hacia Dios como mirando al camino de nuestra peregrinación terrena.
Al El pedimos que os ayude en vuestros estudios y trabajos, a El pedimos por
vuestra Patria, y en prenda de sus gracias, impartimos de corazón a vosotros, a
vuestros familiares presentes y ausentes, a vuestros profesores, a los jóvenes
de vuestro País, y a todo el amadísimo Pueblo de Guatemala, nuestra paternal
Bendición Apostólica.
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