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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
A LOS MIEMBROS DEL PATRONATO
DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE SALAMANCA
Miércoles 3 de julio de 1974
Señor Cardenal e Ilustrísimos Señores, miembros del Patronato de la
Universidad Pontificia de Salamanca,
Es para nos motivo de particular complacencia recibiros a vosotros, dignos
representantes de una entidad eclesial de tan singular raigambre histórica como
es la Universidad Pontificia de Salamanca.
Os damos nuestra cordial bienvenida y os agradecemos esta visita, que nos
ofrece la oportunidad de saludaros personalmente, a algunos por vez primera y a
otros una vez más, como al Señor Cardenal Vicente Enrique y Tarancón y al Excmo.
Señor Don Antonio Garrigues, Presidente Ejecutivo del Patronato.
Quisiéramos subrayar en esta ocasión el carácter peculiar de la Universidad
de Salamanca, precisamente por ser Pontificia y por ser la Universidad del
Episcopado Español, y que por ello tiene como Presidente permanente de su
Patronato al Presidente «pro tempore» de la Conferencia Episcopal, en este
momento el Señor Cardenal-Arzobispo de Madrid.
En repetidas ocasiones hemos dado prueba de nuestra solicitud, de nuestra
estima y admiración para con el Centro Universitario Salmantino y la Sagrada
Congregación para la Educación Católica ha dado indicaciones precisas acerca de
lo que ella representa para la Santa Sede y lo que de ella se espera.
Miramos con complacencia la labor desarrollada, que merece nuestro aplauso y
reconocimiento, mientras estamos seguro de que la colaboración eficaz y armónica
entre clero secular, clero regular y laicado católico españoles será capaz de
ofrecer, bajo la guía prudente y experta del Episcopado, los deseados frutos de
renovación eclesial y de creciente irradiación de la cultura cristiana y humana.
Estos frutos no deben madurar solamente entre el numeroso clero español e
hispanoamericano que frecuenta vuestras aulas –y que constituye la parte más
notable del alumnado-, sino que hay que buscarlos también con relación al
laicado, para que, imbuído de espíritu cristiano, pueda ser factor de eficiente
presencia cristiana en el seno de la actual sociedad española, que tantos
cambios está experimentando y que encierra tantas esperanzas de futuro.
La Universidad de Salamanca, continuadora de aquel glorioso Centro, cuyos
Maestros la hicieron famosa en todo el mundo, tiene también hoy la noble misión
de proseguir, con mente abierta a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad,
la difusión del pensamiento cristiano, manteniendo una total fidelidad a las
enseñanzas del Magisterio y viviendo en estrecha y cordial unión con el
Episcopado.
De este modo, el trabajo fructificará en abundancia y podrá ofrecer a la
Iglesia y a la sociedad, sobre todo española, una aportación muy enriquecedora.
Con estos votos y esperanzas, os aseguramos nuestra continua solicitud y
aliento en vuestros objetivos, invocamos la ayuda sobre vuestras múltiples
tareas, a la vez que os impartimos a vosotros y a todos los Profesores y Alumnos
nuestra paterna Bendición Apostólica.
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