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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE COLOMBIA
ANTE LA SANTA SEDE*

Jueves 25 de noviembre de 1976

 

Señor Embajador,

Sean nuestras primeras palabras de cordial bienvenida para Vuestra Excelencia que en este acto solemne nos presenta las Cartas Credenciales de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Colombia ante la Santa Sede.

Con ánimo grato hemos escuchado sus deferentes expresiones para con la Sede Apostólica, y hemos podido revivir imágenes imborrables de nuestra peregrinación al Continente Latinoamericano para el Congreso Eucarístico de Bogotá. Fue aquel, ciertamente, un momento saliente de nuestra misión de Pastor universal, en que nos fue dado comprobar con íntimo gozo la vitalidad espiritual y moral de la Iglesia en América Latina.

Sabemos muy bien, y lo decimos con gran satisfacción, que la vivencia del mensaje evangélico, confiado a la Iglesia para transmitirlo sin cesar a la humanidad, constituye una parte primordial en la conformación del ánimo colombiano. No sería exagerado afirmar que se trata de un punto de encuentro, del resorte poderoso que impulsa a cuantos en Colombia, en la ciudad y en el campo, anhelan recorrer caminos de mayor dignificación personal y social, de progreso integral y generalizado, conscientemente unidos en la paz y solidaridad fraternas.

Es en medio de este quehacer prometedor donde la Iglesia, sensible a las vibraciones de dolor o de gozo, de esperanza o desaliento del corazón humano, quiere seguir ofreciendo, en actitud inmutable de servicio, sus desvelos y sus recursos, buscando únicamente –por cuanto a ella le corresponde- contribuir a hacer cada vez más perfecto el edificio comunitario, en el cual se vean acogidas y cumplidas las aspiraciones espirituales y humanas de todos y cada uno.

Así lo esperamos también de la capacidad creadora y de la voluntad renovada de nuestros hijos en Colombia: porque estamos seguros de que, en conformidad con sus nobles tradiciones cristianas, toda iniciativa encaminada a la sana expansión del individuo y de la comunidad hallará en ellos un eco efectivo y una colaboración decidida.

Señor Embajador, con nuestro sincero aprecio por su deferente saludo de parte del Señor Presidente de Colombia, le rogamos transita a las Altas Autoridades de su País nuestras expresiones de sentida gratitud. Queremos también formular a Vuestra Excelencia nuestros mejores votos por el feliz cumplimiento de la misión que hoy comienza. Cuenta para ello con nuestra benevolencia y sobre todo con nuestras oraciones, en las que tendremos además un recuerdo especial para todos los hijos amadísimos de su noble Nación, sobre los cuales invocamos continuos favores celestiales.


*AAS 68 (1976), p.726-727.

Insegnamenti di Paolo VI, vol. XIV, p.975-976.

L’Attività della Santa Sede 1976, p.328-329.

L'Osservatore Romano 26.11.1976, p.1.

L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.48, p.8.

 

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