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DISCURSO DEL SANTO PADRE
PÍO XII
A GRUPO DE PEREGRINOS DE LA COFRADÍA
DE SANTA MARÍA DE MONTSERRAT
Sábado 28 de octubre de 1950
Entre los peregrinos que también hoy han querido venir a consolar con su
presencia el corazón del Padre común, creemos digna de especial mención la
numerosísima peregrinación monserratina —insigne representación de la fidelísima
España y, más en especial, de la fuerte y emprendedora Cataluña— que Nos trae,
para que la bendigamos, una imagen de su «Moreneta» querida.
Montserrat, con su espléndida vegetación y con aquellas rocas altas, robustas y
erguidas que la coronan. como manos de gigante que señalaran el camino del
cielo. Nos parece la encarnación de un espíritu elevado, amplio y fecundo, que
ha hecho de aquel nido de águilas, a través de diez siglos densos de historia,
un centro de potente espiritualidad, un faro de sana cultura, un hogar para las
más nobles artes y, en resumen, un centro para millones de corazones. Así
debieron entenderlo tantos Predecesores Nuestros al colmarla de privilegios y de
gracias.
Nos también queremos hoy, bendecir al ilustre cenobio y de manera especial
hacemos intención de bendecir esta preciosa imagen que Nos presentáis, a fin de
que también aquí en Roma sirva para llevar muchas almas a su Hijo. Y que Nuestra
Bendición, extendiéndose a todos vosotros aquí presentes. se extienda también a
vuestras familias, a vuestros parientes y amigos, a toda la tierra catalana y a
toda la España amadísima.
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