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DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII
A UNA PEREGRINACIÓN DE TRABAJADORES DE BARCELONA
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Lunes 25 de octubre de 1954

 

Hijos amadísimos, productores barceloneses, que en tan crecido número habéis querido llegaros hoy a la casa del Padre común, que tanto os ama, para manifestarle vuestro religioso fervor y vuestro amor filial: bien venidos seáis una y mil veces, y que el cielo os pague el consuelo que hoy Nos procuráis con vuestra visita!

Y si, entre los no pocos cuidados de Nuestro ministerio pastoral, hemos querido disponer de unos minutos para recibiros y para conversar con vosotros, no necesitamos deciros el porqué: sois a Nuestros ojos los dignos representantes de una nación particularmente amada por su viva fe y por su fidelidad al Papa; venís de una región digna de especial estima por su espíritu de iniciativa, su laboriosidad y la protección que en ella encuentran todas las ideas buenas y grandes; Nos recordáis una espléndida ciudad, a Nos no totalmente desconocida, cuyo nombre evoca todavía los recentísimos esplendores del inolvidable Congreso Eucarístico; sois, en fin, trabajadores, sois de los que especialmente experimentan a diario lo dura que es la lucha por la vida y éstos —el que se fatiga, el que sufre— han sido, son y serán siempre los predilectos del Vicario de Aquel que vino al mundo «evangelizare pauperibus» a evangelizar a los pobres (Lc 4, 18), de Aquel que dio como contraseña de su divina misión «pauperes evangelizatur», los pobres son evangelizados (Mt 11, 5).

Sí, hijos queridísimos, la Iglesia —como decíamos hace poco mas de tres años, por medio de la radio, a todos los productores españoles— la Iglesia os ama con amor de madre: la Iglesia vive vuestras mismas ansias: la Iglesia se preocupa y se ha preocupado siempre de la cuestión obrera, de la cuestión social, ofreciendo sobre todo aquellos grandes principios, que han de ser la única base de toda verdadera solución, y descendiendo también, cuando le es posible, a aquellas iniciativas prácticas que están a su alcance. La iglesia desea que quienes trabajan puedan vivir una vida realmente humana, para luego poder vivir una vida cristiana, sin que las excesivas preocupaciones terrenas les impidan mirar al cielo; la Iglesia propugna una más justa distribución de los bienes naturales, partiendo principalmente de la base de un justo salario, que garantice la vida presente vuestra y de vuestra familia, abriendo las puertas al ahorro como garantía del porvenir. Pero dejadnos añadir una vez más que la Iglesia desea que todas las redenciones materiales tengan por base una anterior elevación intelectual y moral, porque no de solo pan vive el hombre (Dt 8, 3) y está escrito: buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura (Mt 6, 33).

Precisamente en este sentido, Nos esperamos mucho de esas Instituciones, que para este fin van surgiendo en vuestra patria, de las cuales, lo mismo que de vuestra legislación social, deseamos ver cuanto antes los saludables frutos.

Productores barceloneses, hijos amadísimos, cuando mañana, a lo mejor, inclinados sobre vuestras máquinas, sintiendo todo el peso de la fatiga cotidiana, os detengáis un momento para secaros el sudor de la frente; o al entrar en vuestro hogar vaciléis un instante, asaltados por las justas preocupaciones que suponen el mantenimiento y el porvenir vuestros y de vuestras familias, no olvidéis que vuestro Padre de Roma está a vuestro lado, os recuerda, os manda una palabra de consuelo y de aliento y os desea toda clase de bienes. Jesús divino obrero sea siempre vuestro modelo; la oración, vuestro refugio; y la esperanza en los bienes eternos, el lenitivo de todos vuestros dolores. Que la Virgen Santísima, especialmente en este Año Mariano, os tenga bajo su manto para defenderos de todos los peligros. Y estad bien ciertos de que la Iglesia os ama y de que solamente en ella podréis hallar la. serenidad y la paz de vuestras almas.

Prenda de todos estos vienes quiere ser la Bendición, que ahora os damos y que deseamos que llegue no solamente a vosotros, aquí presentes, con todo lo que lleváis en la mente y en el corazón, sino también a vuestras organizaciones con sus diri­gentes a la cabeza, a todos vuestros hermanos en el trabajo, a todas vuestras familias, a Barcelona, a toda la región catalana y a España entera, objeto siempre de las especiales predilecciones Nuestras.


* Discorsi e Radiomessaggi, vol. XVI, págs. 233-234.

 

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 

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