|
09 - 06.10.2005
RESUMEN
♦ SEXTA CONGREGACIÓN GENERAL (JUEVES, 6 DE OCTUBRE DE 2005 - POR
LA MAÑANA)
♦ SEXTA CONGREGACIÓN GENERAL (JUEVES, 6 DE OCTUBRE DE 2005 - POR LA
MAÑANA)
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
A las 09.00 horas de hoy , jueves 6 de Octubre de 2005, memoria de
S. Bruno de Calabria, en presencia del Santo Padre, con el canto de
la Hora Tertia, ha tenido lugar la Sexta Congregación General, para
continuar con las intervenciones de los Padres Sinodales en el Aula
sobre el tema sinodal La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de
la misión de la Iglesia.
Presidente Delegado de turno S. Em. R. Card. Francis ARINZE ,
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos.
En la apertura de la Sexta Congregación General el Secretario
General del Sínodo de los Obispos ha expresado los augurios por el
onomástico de los Padres sinodales y otros participantes con ocasión
de la memoria de hoy.
En esta Congregación General, que se concluyó a las 12.30 con la
oración del Angelus Domini, estaban presentes 243 Padres.
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
En esta Sexta Congregación General han intervenido los siguientes
Padres:
- S. Em. R. Card. Eduardo MARTÍNEZ SOMALO, Camarlengo de la Santa
Romana Iglesia (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Manfred SCHEUER, Obispo de Innsbruck (AUSTRIA)
- S. Em. R. Mons. Lucian MUREŞAN, Arzobispo Metropolita de Făgăraş y
Alba Julia de los Rumanos, Presidente de la Conferencia Episcopal,
Presidente del Consejo de la Iglesia Rumena (RUMANIA)
- S. Em. R. Card. Adrianus Johannes SIMONIS, Arzobispo de Utrecht,
Presidente de la Conferencia Episcopal (PAÍSES BAJOS)
- S. Em. R. Mons. Javier ECHEVARRÍA RODRÍGUEZ, Obispo titular de
Cilibia, Prelado de la Prelatura personal de la Santa Cruz y del
Opus Dei (ESPAÑA)
- S. Em. R. Mons. Arthur ROCHE, Obispo de Leeds (GRAN BRETAÑA (INGLATERRA
Y GALES)
- S. Em. R. Card. Giovanni Battista RE, Prefecto de la Congregación
para los Obispos (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Edward OZOROWSKI, Obispo titular de Bitetto,
Obispo auxiliar de Białystok (POLONIA)
- S. Em. R. Card. Joachim MEISNER, Arzobispo de Köln (Colonia,
ALEMANIA)
- S. Em. R. Mons. Gerhard Ludwig MÜLLER, Obispo de Regensburg (ALEMANIA)
- S. Em. R. Mons. Arnold OROWAE, Obispo Coadjutor de Wabag (PAPÚA
NUEVA GUINEA)
- S. Em. R. Mons. Miguel Angel MORÁN AQUINO, Obispo de San Miguel (EL
SALVADOR)
- S. Em. R. Card. Ignace Moussa I DAOUD, Prefecto de la Congregación
para las Iglesias Orientales (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Paul Josef CORDES, Arzobispo titular de Naisso,
Presidente del Pontificio Consejo "Cor Unum" (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Card. Camillo RUINI, Vicario General de Su Santitad para
la diócesis de Roma, Presidente de la Conferencia Episcopal (ITALIA)
- S. Em. R. Mons. Michel Christian CARTATÉGUY, S.M.A., Obispo de
Niamey (NIGER)
- S. Em. R. Mons. Jacques PERRIER, Obispo de Tarbes y Lourdes (FRANCIA)
- S. Em. R. Mons. Jean-Pierre RICARD, Arzobispo de Bordeaux,
Presidente de la Conferencia Episcopal (FRANCIA)
- S. Em. R. Mons. José Guadalupe MARTÍN RÁBAGO, Obispo de León,
Presidente de la Conferencia Episcopal (MÉXICO)
- S. Em. R. Mons. Anthony Sablan APURON, O.F.M. CAP., Arzobispo de
Agaña, Presidente de la Conferencia Episcopal (GUAM - OCEANÍA)
- S. Em. R. Mons. Pierre-Antoine PAULO, O.M.I., Arzobispo Coadjutor
de Port-de-Paix (HAITI)
Facilitamos a continuación los resúmenes de las intervenciones:
- S. Em. R. Card. Eduardo MARTÍNEZ SOMALO, Camarlengo de la Santa
Romana Iglesia (CIUDAD DEL VATICANO)
El Concilio Vaticano II nos recuerda, como es bien sabido, que
nosotros los sacerdotes estamos consagrados ante todo para celebrar
el sacrificio eucarístico, como representantes de Cristo “in persona
Christi agentes” (LG 28).
El sacerdote, en cuanto ministro de Cristo, es sí mismo en la medida
en que, en la Iglesia, no es presencia de sí mismo, sino de Cristo;
no actúa por sí mismo, sino como instrumento de Cristo.
Todo esto determina la vida del sacerdote y su actividad. En efecto,
no tendría algún sentido poner a disposición de Cristo nuestra
inteligencia, nuestra voluntad y nuestra misma voz y luego no
establecer con Él una verdadera comunión de vida, de intenciones y
de sentimientos.
No puede ser que el misterio de la gracia se haga historia humana a
través de la administración sacramental, sin que esto ilumine la
vida, la inspire y la fecunde. Todo esto vale en especial para la
Celebración Eucarística, en la cual también el ejercicio del sagrado
ministerio alcanza su cumbre.
Actuar “in persona Christi”, sin que eso deje su marca en nosotros,
sería hasta una contradicción. No se puede ser instrumentos y
mediadores de amor y misericordia sin llegar a ser nosotros mismos
misericordia y amor: amoris officium (San Agustín).
El sacerdote es el hombre del “sacrificio”, y no sólo en el sentido
de que ofrece el sacrificio de Cristo, sino porque lo ofrece “en
cuanto Él”. Toda la vida sacerdotal es sacrificial, precisamente
porque tiene que ser donada constantemente. Y el sacrificio
eucarístico es el centro, la cumbre y el manantial. Sobre todo aquí
el sacerdote aprende a hacer de su existencia una gozosa inmolación.
“Del Señor Jesucristo, que se sacrificó a sí mismo, decía el Santo
Padre en el encuentro con el Clero de Roma el 13 de mayo pxmo. pdo.-
“para hacer la voluntad del Padre, aprendemos además el arte de la
ascesis sacerdotal”.
[00129-04.03] [IN121] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Manfred SCHEUER, Obispo de Innsbruck (AUSTRIA)
La difícil situación en la que se encuentra la Eucaristía es también
una consecuencia de la falta de orientación teológico-dogmática.
Falta un nexo que dé unidad a los varios aspectos de la Eucaristía:
epíclesis, anámnesis, koinonía y prosphora; real presencia,
sacrificio y comunión; formas de la presencia de Jesucristo en la
Palabra, en los dones sacramentales, en la comunidad, en el
sacerdote.
La Iglesia está unida y construida por la palabra de Dios vivo, que
con derecho se exige a los sacerdotes. La dirección y el oficio
pastoral encuentran su realización precisamente en la Eucaristía, de
la que la Iglesia recibe la vida y crece (LG 26). La Comunidad
eclesial se tiene que encarnar de manera personal y concreta según
la lógica interna de la Encarnación y de la Eucaristía. Las
comunidades parroquiales en las que la Eucaristía se celebra raras
veces o nunca, se separan de hecho del ministerio sacramental. ¿Cómo
podemos llevar a cabo nuestro deber de proclamación de la Palabra y
de celebración de los sacramentos ante el pueblo de Dios? Teniendo
en cuenta la carencia de sacerdotes en muchos países, este problema
afecta también al testimonio, la manera de vivir el servicio
sacerdotal y la posibilidad de atenerse a las reglas que dicho
servicio impone.
[00130-04.03] [IN122] [Texto original: alemán]
- S. Em. R. Mons. Lucian MUREŞAN, Arzobispo Metropolita de Făgăraş y
Alba Julia de los Rumanos, Presidente de la Conferencia Episcopal,
Presidente del Consejo de la Iglesia Rumena (RUMANIA)
Me refiero al primer capítulo del Instrumentum laboris, número 3:
hambre del Pan de Dios. “El pan de Dios es el que baja del cielo y
da vida al mundo” (Jn. 6,33).
En nuestros país, Rumania, los comunistas han tratado de darle al
hombre solamente el pan material, y han querido expulsar de la
sociedad y del corazón de la persona humana el “pan de Dios”. Ahora
nos damos cuenta que, poniendo a nuestra Iglesia greco-católica
fuera de la ley, demostraban tener un gran miedo del Dios presente
en la Eucaristía.
Para que los sacerdotes ya no pudiesen celebrar y hablar de Dios,
fueron encarcelados por la única culpa de ser católicos. La misma
suerte han tenido los laicos que participaban de la Santas Misas
celebradas clandestinamente. En el famoso período de la
“reeducación” y del “lavado de cerebro” en las cárceles de Romania,
para comprometer a los sacerdotes, para ridiculizar la Eucaristía y
para destruir la dignidad humana, los perseguidores los obligaron a
celebrar con excrementos, pero no lograron quitarles su fe.
En vez, ¿ cuántas Santas Misas celebradas clandestinamente con una
cuchara en lugar del cáliz y con el vino elaborado con algún grano
de uva encontrado por el camino; cuántos rosarios confeccionados con
un hilo y con algunos trozos de pan; cuántas humillaciones, cuando
durante el invierno con menos de 30 grados eran desvestidos y
quedaban desnudos para el registro; cuántas jornadas pasadas en la
famosa habitación negra, como castigo porque habían sido
descubiertos en oración?. Nadie lo sabrá jamás. Estos mártires
modernos, del siglo XX han ofrecido todo su sufrimiento al Señor por
la dignidad y la libertad humanas.
Vivimos hoy la libertad de los hijos de Dios verdaderamente
“hambrientos del pan eucarístico”. Confirmo esta afirmación con la
participación a la Divina Liturgia del 80% de nuestros fieles, con
vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa que no faltan, con mucha
gente de gran relieve intelectual muy cercana a la Iglesia.
Lamentablemente después de la caída del régimen en nuestro país
surgieron llagas muy graves: el aborto, el abandono de niños, la
corrupción, la inmigración. El comunismo prometió al hombre el
paraíso en la tierra, y logró destruir la conciencia de nuestros
pueblos del Este europeo, ahora para rehacerla se necesita mucho
tiempo. La Iglesia Católica en Rumania es minoritaria (12%) y junto
con los hermanos ortodoxos tratamos de cicatrizar estas llagas.
Las esperanzas no faltan, y pienso antes que todo en el profundo
sentido religioso de nuestro pueblo, en la profunda devoción con la
que este pueblo se acerca a las celebraciones litúrgicas y a la
Eucaristía, a la sangre de nuestros mártires que rezan por nosotros
delante del Señor, y que por su sangre hacen nacer nuevas
generaciones de fieles.
[00126-04.03] [IN126] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Adrianus Johannes SIMONIS, Arzobispo de Utrecht,
Presidente de la Conferencia Episcopal (PAÍSES BAJOS)
Los fieles están condicionados por influjos e impulsos externos de
un mundo secularizado e individualista. La compleja problemática
actual tiene la capacidad de incidir en los fieles de manera
diferente, según su modo de vivir el misterio de la Eucaristía.
Condiciona y nos lleva, por lo menos, a reconsiderar el concepto de
fe en el sacramento, la participación en el mismo y sus deseos
relacionados con la expresión de la unión eucarística.
En el día del Señor muchos prefieren, y algunas veces están
obligados, hacer otras actividades que, desgraciadamente, se
convierten en prioritarias frente al encuentro con el Señor. Todo
esto corroe el significado central de la Eucaristía. Y corroe
también el tejido social de la comunidad de la fe.
En general se traza un cuadro de desvalorización e inflación de la
Eucaristía.
Pero sobre todo hay que tener compasión, cuando consideramos todas
las condiciones a las cuales los hombres y mujeres están sometidos.
La crisis todavía es más profunda. Esta crisis tiene que
identificarse en el sentir y el comprender lo que es un don y lo que
es un sacrificio. Una persona que recibe y agradece sabe qué
significa donar y también es sensible al sacrificio, así como a la
oblación sacrificial que es Cristo. ¿No deberíamos seguir teniendo
presente esta intuición fundamental de la vida como don y sacrificio
demostrado?
No me parece una solución los cambios estructurales como, por
ejemplo, el que los hombres casados accedan al sacerdocio.¿No es
quizás el sacerdocio célibe, como ya lo es en la vida religiosa, un
testimonio de esta intuición fundamental? Esto significa que
empezaremos a vivir más eucarísticamente y que prepararemos “el
camino para reencontrar el valor de la Eucaristía”.
[00062-04.01] [INO53] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Javier ECHEVARRÍA RODRÍGUEZ, Obispo titular de
Cilibia, Prelado de la Prelatura personal de la Santa Cruz y del
Opus Dei (ESPAÑA)
El Instrumentum Laboris, en el nº 34, subraya la importancia del
sentido del carácter sagrado en la celebración de la Eucaristía. Es
útil estudiar modalidades concretas que ayuden a los fieles a
percibir de manera más clara el sentido de la sacralidad del
Sacrificio eucarístico, para que el Pueblo de Dios sea fortalecido
en su fe y ayudado a vivir santamente. Sería útil, por tanto, sobre
la base de la Instrucción Redemptionis sacramentum, aplicarse para
eliminar los abusos que perjudican la sacralidad de las
celebraciones eucarísticas, y también habría que replantearse
algunas normas, cuya aplicación se presta a una interpretación
abusiva. A modo de ejemplo, podríamos plantearnos si son oportunas
las ceremonias eucarísticas con un excesivo número de
concelebrantes, hecho que impide el desarrollo digno del acto
litúrgico, o también habría que analizar la conveniencia de la
distribución de la Comunión a todos los presentes en una Misa con un
grandísimo número de fieles, cuando la distribución general va en
detrimento de la dignidad del culto. Conceder importancia al
mantenimiento del sentido de lo sagrado en las liturgias
eucarísticas, significaría un gran bien para toda la Iglesia.
[00075-04.04] [IN058] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Arthur ROCHE, Obispo de Leeds (GRAN BRETAÑA
(INGLATERRA Y GALES)
El desarrollo de algunos enfoques post-conciliares de la Catequesis
Eucarística han intentado ofrecer un punto de acceso de tipo
vivencial, utilizando el concepto de comida como categoría principal
de comprensión. Una teología de la Eucaristía, vista
predominantemente bajo la óptica de la comida, carece del vínculo
necesario e intrínseco entre la Eucaristía y el Calvario y el
sacrificio de Cristo. Uno de los resultados de una catequesis de la
presencia Eucarística, pero no del sacrificio, es la dificultad para
distinguir la superioridad de la celebración de la Misa respecto de
la Celebración de la Palabra y de la Santa Comunión. Recibir la
Santa Comunión y no participar, mediante la Misa, en el sacrificio
de Cristo en el Calvario, de una vez y para siempre se convierte en
el elemento significativo. Opino que esto resulta ser problemático,
principalmente para todos aquellos que se encuentran en la situación
de no poder recibir los Sacramentos, debido a las circunstancias de
su vida.
La apreciación empobrecida reservada a la naturaleza insustituible
del sacrificio Eucarístico tiene también algunas implicaciones
lógicas para la manera de entender el sacerdocio. Facilitar el
acceso a la Santa Comunión llega a ser tan relevante e importante
como estar presente en la celebración de la Misa. Tenemos que volver
a relacionar el acceso a la Santa Comunión con la ofrenda de la
Misa, mediante la cual tomamos parte en el sacrificio de Cristo en
la Cruz. La Santa Comunión es parte integrante de la Misa como fruto
de un acto sacramental en el que encontramos el sacrificio de Cristo
en la Cruz.
En este debate el valor del lugar de la adoración Eucarística se
hace aún más importante para nuestra oración y nuestra
contemplación. La presencia de Cristo y su ser sacrificio van
unidos, derivando de y moviéndose hacia la Misa, o sea en la
celebración sacramental en la cual la ofrenda del sacrificio y la
presencia de Cristo en la Santa Comunión están unidos íntimamente.
[00078-04.04] [INO65] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Card. Giovanni Battista RE, Prefecto de la Congregación
para los Obispos (CIUDAD DEL VATICANO)
Hablo de las responsabilidades del Obispo para con la Eucaristía.
1) Nosotros los Obispos no podemos ser buenos Pastores si la
Eucaristía no es el centro y la raíz de nuestra vida, la fuerza
inspiradora de todo nuestro trabajo apostólico. A este respecto, no
ilumina el testimonio del Papa Juan Pablo II.
2) El Obispo es el custodio de la Eucaristía. Él debe promover una
pastoral que ayude a los fieles a volver a encontrar un estilo de
vida que tenga como centro la Eucaristía. La misma manera de
celebrar la Misa por parte del Obispo nutre la fe de los sacerdotes
y del pueblo. Es especialmente importante dedicar todo esfuerzo a la
participación de los fieles en la Misa dominical, y velar para que
las celebraciones eucarísticas sean siempre dignas y bellas.
3)Los Obispos tenemos que comprometernos en recuperar la pedagogía
de conversión que nace de la Eucaristía, como lo requiere el nexo
intrínseco entre la Eucaristía y el Sacramento de la Penitencia.
Además, el Obispo debe dedicarse con desvelo a la difusión del
recurso frecuente a la confesión individual.
4)Los deberes del Obispo hacia la Eucaristía se extienden también a
la obligación de no permitir en la diócesis el abuso en el recurso a
la absolución general o colectiva, ateniéndose a este respecto a las
disposiciones del Motu proprio “Misericordia Dei” del Papa Juan
Pablo II.
Insertada así en el auténtico itinerario de fe por ella misma
estimulado, la Eucaristía se convierte en la Iglesia en manantial de
fuerza para vencer el pecado, fuente de vida y de esperanza, luz que
transforma las culturas y se convierte en germen de un mundo nuevo.
[00131-04.02] [INO76] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Edward OZOROWSKI, Obispo titular de Bitetto,
Obispo auxiliar de Białystok (POLONIA)
La Eucaristía como sacramento del Cuerpo y de la Sangre de
Jesucristo actualiza el sacrificio de la cruz. El sacrificio es el
primum principium de la Eucaristía que ordena jerárquicamente todas
las verdades a ella ligadas. Es, además, la clave para comprender al
hombre y a Dios. Para la definición de la persona es necesario el
amor, para definir al amor es necesario el sacrificio. Sin el
sacrificio no existen ni el amor ni la persona. En consecuencia el
sacrificio esclarece la vida intratinitaria de Dios, la relación de
Dios con la humanidad y la comunión entre las personas.
La globalización económica y el mercado libre actúan de manera que
en el mundo haya cada vez menos espacio para el espíritu de
sacrificio. El ser humano frecuentemente es tratado como una
mercadería o como material a examinar, se deja de verlo como un bien
valioso en sí mismo, con la consecuente deshumanización de las
relaciones interpersonales. A estas presiones terminan cediendo
también los cristianos. Ellos buscan una religión fácil, cómoda, sin
preceptos y sin cruz.
Últimamente estas tendencias se pueden notar en la enseñanza sobre
la Eucaristía. En la misma se subrayan muchos temas importantes: el
banquete, la comunión, la escucha de la Palabra de Dios, el
sacramento y otros. Sin embargo esas tendencias no tienen un punto
de referencia. Esto causa una determinada protestantización de la
teología de la Eucaristía que, en tal enseñanza, se revela como un
rito bello pero poco significativo para la vida.
Mientras tanto el sacrificio de la cruz de Cristo, al que el hombre
accede a través de la Eucaristía, es lo más importante que hay en
este misterio. El sacrificio de Cristo en la cruz ha traído la
salvación a los hombres. La Eucaristía permite al hombre tomar
verdaderamente parte. Recibiendo el Cuerpo de Cristo, el hombre
llega a ser con Èl un solo cuerpo, y bebiendo Su Sangre llega a ser
con Cristo esta misma sangre (CIRILO DE JERUSALEM, Catequesis
mistagógica 4). Gracias a la Eucaristía, aquello que en la vida
humana es sacrificio, se transforma en el sacrificio de Cristo.
Solamente recorriendo el camino de la cruz, se puede llegar a la
gloria de la resurrección.
[00086-04030] [IN080] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Joachim MEISNER, Arzobispo de Köln (Colonia,
ALEMANIA)
Me refiero al Misterio de la Transustanciación a través del cual
nuestro Señor Jesucristo se hace presente en cuerpo y sangre en las
especies eucarísticas. La presencia real eucarística se distingue de
las otras formas - sacramentales también - de presencia de Cristo
porque en el pan y en el vino “Están contenidos en forma verdadera,
real y sustancial el cuerpo y la sangre junto con el alma y la
divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y por consiguiente, todo el
Cristo” (Cfr. Concilio de Trento, DH 1651). Esta fe eucarística
tiene un significado fundamental para la Iglesia católica y por eso
debería ser dada por supuesta; sin embargo, en la actualidad se está
debilitando. Por una interpretación secularizada de la Consagración,
que ignora o hasta niega la presencia sustancial, corporal de
Cristo, la Eucaristía pierde su papel peculiar.
La consagración de las ofrendas eucarísticas en cuerpo y sangre del
Señor es denominada “justamente y en sentido estricto, conversión de
la naturaleza (Transustanciación)” (Cfr. Concilio de Trento, DH
1651). En la actualidad, la gente entiende este concepto de una
forma levemente impropia, ya que “sustancia” hoy indica la materia,
o sea lo que - cum grano salis - la Escolástica no solía definir
“sustancia”, sino “accidentiae”. Sin embargo, cualquiera sea el
juicio que se dé sobre este cambio de término, la realidad que está
en la base del concepto de Transustanciación, “esa conversión,
admirable y singular, de toda la sustancia del pan en el cuerpo, y
de toda la sustancia del vino en la sangre” (Cfr. Concilio de
Trento, DH 1652), ha sido dogmatizada por el Concilio de Trento, y
constituye la base de la fe católica
[00088-04.02] [INO82] [Texto original: alemán]
- S. Em. R. Mons. Gerhard Ludwig MÜLLER, Obispo de Regensburg
(ALEMANIA)
Dice Lutero: “de un don de Dios para nosotros (testamentum seu
sacramentum) ha sido sacado para Dios un sacrificio de los hombres
(sacrificium seu bonum opus)” (cap.babyl. WA 6,25).
El Concilio de Trento, al contrario, afirma: “Nuestro Señor
Jesucristo en la Última Cena,... ha dejado a su amada Esposa, la
Iglesia, un sacrificio visible, tal como lo requiere la naturaleza
del hombre” (D 1740).
¿Qué es el sacrificio “sicut hominum natura exigit?
El sacrificio es el modo de corresponder a la naturaleza humana en
la que el hombre acoge el don de Dios. La Palabra de Dios se ha
hecho carne, pero “en carne semejante a la del pecado” en orden al
pecado (Rm 8,3). El sacrificium del sumo sacerdote, que se ofrece en
sacrificio, se convierte en víctima a causa de la fuerza de los
pecados.
En la sala del Cenáculo Jesús da gracias al Padre y nos dona su
Cuerpo y su Sangre que son ofrecidos en sacrificio por nosotros.
Quien en la Eucaristía acoge a través de Cristo el don de Dios,
llega a ser también él una creatura nueva. Acogido en Cristo, el
bautizado se ofrece a Dios. El sacrificio de la Iglesia corresponde
por lo tanto a la naturaleza del hombre redimida. En Cristo hay una
co-operatio con Dios auténtica y necesaria para la salvación.
“Christus totus, caput et membra”, es fuerza de la “unio
hypostática”, la unidad del sacrificio de Cristo y del sacrificio de
la Iglesia. El hombre es puesto en condiciones, según la propia
naturaleza y vocación, “por la misericordia de Dios”, de ofrecer su
cuerpo “como sacrificio viviente, santo, agradable a Dios” (Rm
12,1).
[00091-04.03] [INO85] [Texto original: alemán]
- S. Em. R. Mons. Arnold OROWAE, Obispo Coadjutor de Wabag (PAPÚA
NUEVA GUINEA)
a) Sigue siendo necesario dedicar una mayor atención a la
inculturación. En la liturgia de la Eucaristía se podría aceptar,
como parte de la misma liturgia, una adaptación significativa de los
elementos culturales con un lenguaje apropiado, símbolos, himnos,
gestos etc., a fin de crear una atmósfera religiosa.
b) Mientras se enfatiza la importancia de la Eucaristía, las
necesidades pastorales producen una situación en la que se creen y
expresan opiniones diferentes. Algunos sienten que la hospitalidad
eucarística es importante. La Eucaristía es alimento para los
hambrientos, no solamente un premio para los que son buenos. Otros
opinan que la Eucaristía no debería ser un sacramento elitista, sino
más bien una celebración de la generosidad de Dios. Otros dicen que
la Eucaristía sólo puede darse a quienes están adecuadamente
preparados. ¿Cómo explica la Iglesia todas estas opiniones tan
distintas?
c) La relación entre la Eucaristía y la Vida debería ser integrada,
ya que la primera transforma y crea una real comunión entre las
personas, caracterizada por el amor, la paz, la alegría, la justicia
etc. (Cfr. Rom 14:17). Sin embargo, la injusticia, la violencia, la
corrupción y la pobreza demuestran que la Eucaristía y la Vida están
separadas. Por eso es necesario que la presencia real, salvífica y
transformadora de Jesús en la Eucaristía sea percibida claramente y
con la debida seriedad, ya que los católicos tendrían que practicar
seriamente su fe con el debido respeto, adoración y relación
personal.
d) La Iglesia cree y enseña que la Eucaristía es la fuente y la
cumbre de la vida. Es también importante para el nutrimento
espiritual. Pero esto ¿puede valer también para las comunidades que
viven en aldeas remotas, sin la oportunidad de tener celebraciones
frecuentes o recibir regularmente la Eucaristía? Esto plantea otras
preguntas: ¿qué clase de sacerdotes necesitamos en estos casos? ¿Es
necesario que el sacerdote haya recibido una larga formación
intelectual y teológica para facilitar los servicios necesarios para
los pobres que viven en áreas remotas y quizás no tengan su misma
formación intelectual?
El problema, en este caso, no es el de tener más vocaciones, sino el
de la justicia y la igualdad de para todos los hijos de Dios que
tienen el derecho de hacer de la Eucaristía el centro de su vida,
celebrándola y recibiéndola lo más asiduamente posible. Se trata de
preparar a los ministros para que celebren la Eucaristía entre la
gente. Un ministro para este tipo de servicio debería recibir la
formación necesaria y, por lo tanto, ser ordenado oficialmente con
esta finalidad; en pocas palabras, adaptándose a la situación en la
que vivimos, para que se haga efectivo entre los fieles lo que la
Iglesia cree respecto la Eucaristía. Por una parte, subrayamos la
importancia de la Eucaristía situándola en el centro de la vida
cristiana y, por la otra, observamos reglas que impiden a los fieles
recibir la Eucaristía. ¿No sería oportuno que la Iglesia consintiera
a los cristianos maduros y con una fe sólida, además de
comprometidos y respetuosos, que recibieran una formación sencilla
para presidir la celebración eucarística que facilitaría la
participación del pueblo en la Eucaristía, de manera que la
importancia y la centralidad de la misma sea una realidad entre los
fieles?
[00107-04.05] [INO89] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Miguel Angel MORÁN AQUINO, Obispo de San Miguel
(EL SALVADOR)
El número 36 del Instrumentum Laboris, citando el Catecismo de la
Iglesia Católica, menciona los nombres con los que ha sido llamado
este Sacramento: Eucaristía, Cena del Señor, Fracción del Pan,
Memorial, Santo Sacrificio, Santa y Divina Liturgia, Santos
Misterios, Comunión, Santa Misa. De una catequesis completa y la
comprensión del significado de estos términos, sin excluir ninguno,
depende la participación verdaderamente consciente en la liturgia.
Pero en el 37, citando el Catecismo, dice que el nombre que
prevalece y que incluye a los otros es el Sacrificio sacramental y
que ayuda a superar la dialéctica entre sacrificio y convivio.
Tomando en cuenta la llamada de atención que el Papa Juan Pablo II
hace en la Mane Nobiscum Domine, 14: "que ninguna dimensión de este
sacramento permanezca olvidada y que es un don demasiado grande para
admitir ambigüedades y reducciones ", considero que corremos el
riesgo de no mantener el equilibrio entre las dos dimensiones de la
Eucaristía: Sacrificio y Cena del Señor.
Como bien lo ha expresado S.E. Mons. Nicola ETEROVIĆ, en el prefacio
del Instrumentum Laboris: "En la Eucaristía la Iglesia encuentra la
anticipación de su gloria en el banquete eterno de las Bodas del
Cordero (Ap 19,7-9). Este inestimable don y gran misterio tuvo lugar
en la ultima cena. Se trata de un sagrada Tradición fielmente
transferida de generación en generación hasta nuestros días".
El banquete o la Cena del Señor no es sinónimo de convivio u opuesto
a sacrificio, porque es la Cena del Cordero inmolado y, ademas, es
sinónimo de comunión que constituye la finalidad y la cumbre de la
Eucaristía.
Los evangelios describen la Eucaristía como última Cena de Jesús con
sus discípulos antes de morir en la cruz. Esto nos recuerda cómo
quiso Jesús que participáramos de su Pascua: celebrando un banquete,
una comida con pan (símbolo de vida) y vino (símbolo de alegría,
amistad y alianza). Jesús asume estos elementos, pero les da un
nuevo sentido: son su cuerpo entregado y su sangre derramada, es
decir, él mismo se entrega a favor de los hombres.
Ofrecer su cuerpo como comida y su sangre como bebida causó
escandalo entre sus contemporáneos, porque no se trata de un
alimento metafórico: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre
verdadera bebida (Jn 6,55). Lo que recibimos es el cuerpo y la
sangre del Señor, es decir, él mismo que se ha ofrecido por
nosotros. Para explicarlo a sus oyentes, Jesús se comparó con el
mana con que Yavé alimentó al pueblo de Israel durante su travesía
por el desierto: "Yo soy el pan de vida. Sus padres comieron el mana
en el desierto y sin embargo murieron. Éste es el pan que ha bajado
del cielo para que quien lo coma, no muera" (Jn 6, 48-50).
Jesús es el Pan de vida porque es nuestra Pascua, "el Cordero de
Dios que quita los pecados del mundo" (Jn 1, 29). El ardiente deseo
de comer este pan con nosotros (Lc 22, 15), expresa su ardiente
deseo de "comunión" con nosotros.
La Eucaristía, es pues, comida y banquete. No es simple signo
manifestativo, como una comida en familia, sino una realidad. Jesús,
presente en la Eucaristía, se hace nuestro alimento espiritual.
Si nos detenemos en los relatos de los banquetes de Jesús en el
evangelio de San Lucas, podemos comprender en qué sentido la
Eucaristía crea comunión. El primer banquete que nos narra, es el de
Jesús con Levi (Lc 5, 27-32). El segundo es en la casa de Simón el
fariseo (Lc 7, 36-50), allí una pecadora le ungió los pies con un
perfume precioso. El tercer banquete fue en la casa de Marta, María
y Lázaro (Lc 10,38-42). EL cuarto, en la casa de otro fariseo donde
cura a un enfermo en día sábado (Lc 14, 1-24). El ultimo banquete
fue antes de la Última cena con otro publicano: Zaqueo (Lc 19 1-10).
Todos estos banquetes explican la Ultima cena de Jesús con sus
discípulos. Enviando expresamente a Pedro y a Juan a preparar la
cena de Pascua "digan al dueño de la casa: el maestro dice: ¿Dónde
esta la sala en la que voy a celebrar la cena de Pascua con mis
discípulos?" (Lc 22, 14-23).
Ya resucitado, un día al atardecer, cena con los discípulos de Emaús
y le reconocen al "partir el pan" (Lc 24, 13-35). En la Eucaristía,
encontramos a Cristo resucitado.
Jesús al instituir la Eucaristía, no se limitó a decir: "Esto es mi
cuerpo, esta es mi sangre de la nueva alianza, sino que añadió:
"entregado por vosotros, derramada por vosotros" (Lc 22, 19-20);
(Ecclesia de Eucharistia, 12) o como dice el Catecismo: "La Misa es,
a la vez e inseparablemente el memorial sacrificial en que se
perpetua el Sacrificio de la cruz y el banquete sagrado de la
comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor" (1328).
La Congregación para el Culto Divino, cuando presentó la primera
redacción de la Institución General del Misal Romano el 18 de
noviembre de 1969, previa aclaración de que no debía considerarse
como documento doctrinal o dogmático, sino como una instrucción
pastoral o ritual pero que tenia en cuenta los principios
doctrinales contenidos en los documentos del Magisterio, en ese
entonces, recibió fuertes ataques denunciando que no estaba
adecuadamente expresada la doctrina Sacrificial de la Misa, ni la
presencia Real de Cristo en la Eucaristía, ni la existencia del
sacerdocio ministerial; ademas consideraban impropias algunas
expresiones como "Cena del Señor".
Examinada la cuestión por la Congregación no descubrieron ningún
error doctrinal. Pero en la primera edición del Misal Romano (1970),
la Congregación introdujo algunas modificaciones al texto.
Al descuidar la dimensión de banquete, se debilitan las fuerzas de
unidad y de comunión entre los que se alimentan del Cuerpo y la
Sangre de Cristo y no podrán ser "discípulos y misioneros de
Jesucristo para que en Él, los pueblos tengan vida" (Tema para la V
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano).
[00115-04.04] [IN098] [Texto original: español]
- S. Em. R. Card. Ignace Moussa I DAOUD, Prefecto de la Congregación
para las Iglesias Orientales (CIUDAD DEL VATICANO)
En esta intervención me detendré a considerar las dimensiones
trinitaria, mariana y eclesiológica de la Eucaristía, en referencia
a los números 28 y 77 del Instrumentum Laboris.
Pero deseo comenzar rindiendo honor al Santo Obispo Ignacio de
Antioquía, insigne maestro eucarístico de quien llevo el nombre como
patriarca emérito, y lo hago con una citación de su carta a los
Efesios. Con alegría la he visto también en el Instrumentum Laboris
(Nº 23 y nota Nº 40). Es breve, pero muy famosa: “Todos y cada uno
-por la gracia cristiana, por la única fe, por Jesucristo estirpe de
David en la carne (cf. Rm 1,33), hijo del hombre e hijo de Dios-,
todos vosotros, por lo tanto, manteneos íntimamente unidos en la
obediencia al obispo y al colegio presbiteral y en la partición del
único pan que es remedio de inmortalidad, antídoto contra la muerte,
alimento de la eterna vida en Cristo” (S. Ignacio a los Efesios 20,
2).
De la doctrina eucarística católica subrayo ante todo la dimensión
trinitaria.
Recibimos la Santa Eucaristía del Padre Celestial que ha enviado a
Su Hijo; del Hijo que se ha encarnado y se ha ofrecido en sacrificio
sobre la cruz; del Espíritu Santo que ha descendido sobre María y
que santificó el pan y el vino en la celebración eucarística. Sin la
acción de la Santísima Trinidad no tendríamos Encarnación,
Redención, Eucaristía y Comunión.
A continuación, la dimensión mariana.
También de las manos de María recibimos el don de la Eucaristía.
Dios ha dispuesto que gracias a Ella la Encarnación, la Redención,
la Eucaristía y la Comunión llegaran hasta nosotros. María fue la
primera en recibir en su seno el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La
Encarnación fue la primera comunión de la historia. Primer
tabernáculo fue su corazón inmaculado. La liturgia siria invoca a
María, que lleva en el vientre al Niño Jesús, llamándola “segundo
Cielo”. Antes que todo Apóstol y sacerdote es María quien ha donado
Jesús al mundo. ¡María y la Eucaristía no se pueden disociar!
Finalmente, la dimensión eclesiológica del misterio eucarístico.
Sólo si está estrechamente unida a Maria. la Iglesia puede hacer
presente al Señor Jesús a través de la celebración de la Eucaristía
para donarlo a todos "para que tengan vida y la tengan en
abundancia" (cf. Jn 10, 10). También de la Iglesia recibimos la
santa Eucaristía. La Eucaristía hace la Iglesia, pero al mismo
tiempo es la Iglesia quien hace la Eucaristía a través de los
ministros ordenados para ello. El encuentro eucarístico con el Señor
hace crecer la comunión fraterna con aquéllos que forman la
comunidad católica recogida entorno al Sucesor de Pedro y a sus
hermanos en el episcopado, abriendo horizontes de comunión también
con los pastores y los fieles de las otras Iglesias y Comunidades
cristianas. La dimensión trinitaria, mariana y eclesiológica de la
Santa Eucaristía es muy importante para las tradiciones orientales,
que ven en ella la vía más segura para la esperada unidad con todos
los hermanos en Cristo.
Estoy contento y agradecido de que los delegados ecuménicos
compartan nuestro itinerario sinodal y le pido al Señor que lleve a
cumplimiento el auspicio con el que se abre el Instrumentum Laboris:
“si la Iglesia Católica respira con dos pulmones, y por ello
agradece a la Divina Providencia, también espera el santo día, en el
cual esa riqueza espiritual podrá ser ampliada y vivificada por una
plena y visible unidad con aquellas Iglesias Orientales que, aún
careciendo de una plena comunión, en buena parte profesan la misma
fe en el misterio de Jesucristo Eucaristía” (cf. I. L., pág. V).
[00128-04.04] [IN117] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Paul Josef CORDES, Arzobispo titular de Naisso,
Presidente del Pontificio Consejo "Cor Unum" (CIUDAD DEL VATICANO)
En referencia a los nºs 31, 33 y 37 del Instrumentum Laboris, es
importante subrayar la dimensión de la fe como condición para
acceder al Misterio de la Eucaristía. La fe, por tanto, no es un
aspecto marginal, sino central para afrontar el tema de este Sínodo.
En particular, hay que destacar el carácter sacrifical de la
Eucaristía.
Siguiendo la tradición de los profetas, que manifestaban con signos
su mensaje, también Jesús anticipa en la Última Cena, con el signo,
cuanto acontece en su persona durante los días del misterio pascual.
La misma palabra “ANÁMNESIS” no indica solamente el recuerdo de un
hecho histórico, sino que significa también que, en el recuerdo, el
hecho mismo se hace presente y resulta eficaz.
El teólogo Odo Casel ha subrayado cómo el sacrificio de Cristo,
históricamente único, trasciende en realidad los límites del espacio
y del tiempo, y alcanza así en todos los tiempos a cada hombre que
se abre a la fe.
El dogma del carácter sacrifical de la Eucaristía, sancionado por el
Concilio de Trento, ha sido ratificado por el Catecismo de la
Iglesia, que lo ha extendido también a la ofrenda de la Iglesia
misma con su Cabeza.
[00127-04.03] [IN119] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Camillo RUINI, Vicario General de Su Santitad para
la diócesis de Roma, Presidente de la Conferencia Episcopal (ITALIA)
Un paso significativo en el modo de relacionarse con la Eucaristía,
sobre todo por parte de los jóvenes, es el redescubrimiento de la
Adoración Eucarística: en el silencio prolongado de la Adoración
ellos encuentran una mejor oportunidad de relación personal con
Cristo y con Dios Padre.
Una experiencia que he tenido personalmente, ya que realicé una
catequesis con muchos jóvenes de Roma sobre el tema "Encontrar a
Cristo en la Eucaristía ", con ocasión de la Jornada Mundial de la
Juventud, ha demostrado que estos jóvenes, a pesar de ser creyentes
sinceros y bien formados culturalmente, tenían bastante dificultad
para comprender verdaderamente la presencia real eucarística En
efecto, ellos tenían clara la diferencia entre cambio real y un
simple cambio de significado, pero les resultaba difícil comprender
cómo la presencia eucarística de Cristo podía ser verdaderamente
real, ya que para nuestros sentidos y para los posibles experimentos
siguen siendo pan y vino.
La dificultad principal residía en la ecuación, aunque no fuera del
todo consciente, entre lo que es real y lo experimental. El único
camino transitable que he encontrado para hacerles superar esta
ecuación fue la de proponerles la realidad de Dios, Ser supremamente
real pero que, sin embargo, no se puede alcanzar a través de ningún
experimento físico. En efecto, el tipo de racionalidad y de cultura
dominante plantea a la comunicación de la fe el problema de aclarar
previamente que la realidad auténtica es mucho más amplia que la que
vemos según nuestra experiencia: es éste un importante campo de
trabajo para la catequesis y la teología.
[00125-04.04] [IN124] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Michel Christian CARTATÉGUY, S.M.A., Obispo de
Niamey (NIGER)
Vivimos en una región de mayoría musulmana. Los cristianos no
representan siquiera el 1% de la población. La comunidad cristiana
no vive replegada en sí misma y son numerosos los casos de
matrimonios mixtos islámico-cristianos. Las mujeres cristianas que
no se casan con musulmanes a menudo son excluidas de la comunidad
musulmana y de la comunidad cristiana.
La mujer cristiana no puede recibir el sacramento del matrimonio. Es
difícil para un musulmán aceptar los actos cristianos. Ella, pues,
queda definitivamente excluida de la comunión sacramental.
Como cristiana será excluida de la comunidad musulmana. Se esperará
que se convierta al Islam. La pertenencia religiosa es una cuestión
de identidad muy fuerte. La pertenencia religiosa va emparejada a la
pertenencia social.
Nos presentan la doctrina sobre la comunión espiritual. Pero no es
suficiente para integrar totalmente a las mujeres en la comunión
eclesial. Para vivir la comunión en su plenitud, ¿no es acaso
necesario comulgar? No hay medias tintas en ese campo. La Eucaristía
es un encuentro sensible con Jesucristo.
En las situaciones de exclusión y de fragilidad que viven nuestras
mujeres cristianas, estamos convencidos de que la Eucaristía puede
aportar este reconocimiento tan necesario para un camino cristiano y
un testimonio de vida.
Somos los portavoces de estas mujeres que sufren y que viven en
situaciones sin salida, que no pueden evolucionar. ¿Puede un Obispo
permitir que estas mujeres participen en la Eucaristía? Someto a
ustedes, queridos padres sinodales, mi pregunta y el sufrimiento de
estas mujeres en tierra del Islam.
[00134-04.04] [IN007] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Jacques PERRIER, Obispo de Tarbes y Lourdes
(FRANCIA)
La Adoración Eucarística es recordada principalmente en los números
41, 66, 67 y 75.
Podemos observar en nuestros países que la Adoración Eucarística
está bastante aceptada por las nuevas generaciones de católicos.
Para éstos no es un redescubrimiento, sino un puro y simple
descubrimiento.
1) ¿Cómo puede explicarse la moda de la Adoración Eucarística entre
los jóvenes? Porque estas generaciones no pueden vivir sin imágenes.
Viendo la Hostia, ciertamente, nosotros no vemos a Cristo, ni en su
divinidad ni en su humanidad, pero fijamos nuestra mirada en el
signo más directo de su presencia real.
2) ¿Cuál es la gran ventaja de la Adoración Eucarística ? La de
rescatar a la oración cristiana de la trampa de la introspección. La
Adoración Eucarística se vive cara a cara.
3) ¿Podría la Adoración Eucarística ser un peligro? Se corre el
riesgo de vivir la Adoración Eucarística de manera individualista y
poco eclesial. Segundo peligro: la ausencia de palabras. Porque los
jóvenes necesitan comprender cómo se expresa la fe y cómo la
expresan ellos mismos. Tercer peligro: descuidar las otras
modalidades de la presencia, reales aunque distintas, de Cristo
resucitado.
4) La Adoración Eucarística puede conducirnos, y reconducirnos, a la
acción eucarística.
[00132-04.00] [IN012] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Jean-Pierre RICARD, Arzobispo de Bordeaux,
Presidente de la Conferencia Episcopal (FRANCIA)
En Francia, como en todos los demás países de Europa occidental, nos
encontramos frente a un enfoque muy subjetivo relativo a la
participación en la mesa dominical. “Voy cuando me apetece; iré
cuando sienta la necesidad”. No es importante, tal vez, que se
descubra que nuestra participación en la eucaristía dominical está
muy vinculada a nuestra profesión de fe en el Cristo Resucitado? No
olvidemos que el Resucitado no posee otra mediación para revelerse
al mundo y continuar su obra de salvación que el cuerpo que Él tiene
hoy, la comunidad de sus discípulos, la Iglesia. Es en la Eucaristía
que Cristo transforma la comunidad de sus discípulos que Él reúne en
su cuerpo eclesial. Y cada uno está llamado a ser un miembro
viviente de este cuerpo. En el centro de la liturgia de la Mesa, la
oración eucarística nos invita a recibir el cuerpo eucarístico del
Señor y a convertirnos en su cuerpo eclesial en el mundo. San
Agustín decía a los nuevos bautizados: Tú escuchas “el cuerpo de
Cristo y respondes “Amén”. Sé un miembro del cuerpo de Cristo para
que tu” amén” sea verdadero (Sermón 272). Es necesario profundizar
más aún en la dinámica de la oración eucarística para entrar con
mayor intensidad en las grandes actitudes espirituales que nos llama
a vivir.
[00133-04.03] [IN015] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. José Guadalupe MARTÍN RÁBAGO, Obispo de León,
Presidente de la Conferencia Episcopal (MÉXICO)
Quiero hacer un reconocimiento a la benéfica y no siempre bien
valorada labor espiritual que realiza en diferentes partes del mundo
la "Adoración Nocturna". Es una asociación que nació en el siglo XIX
con un reducido grupo de personas sencillas y que pronto se extendió
por los cinco continentes. Hoy la Adoración Nocturna sigue viva,
pero sorteando muchas dificultades, como resultado de la
secularización de las costumbres y del poco aprecio de algunos
agentes pastorales que la consideran anticuada y sin incidencia en
la labor transformadora del mundo.
En México la Adoración Nocturna cuenta con más de cuatro millones de
adoradores; tienen como objetivo hacer guardias de oración durante
la noche ante Jesús Sacramentado, en actitud de adoración,
reparación y desagravio. Se conectan así con el espíritu de las
primeras comunidades cristianas que realizaban vigilias de oración
en la víspera de las grandes fiestas litúrgicas.
Entre nosotros, en los tiempos trágicos de la persecución religiosa,
a principios del siglo XX, la Adoración Nocturna y la Acción
Católica aportaron un numeroso contingente de mártires que
ofrendaron su sangre como testimonio de la autenticidad de su fe en
Cristo.
Hoy urge lograr una renovación de la Adoración Nocturna que,
respetando su estilo, le permita integrar esquemas de oración más
adaptados a la sensibilidad espiritual de nuestro tiempo y que
respondan a las necesidades de las nuevas generaciones y a su
sensibilidad.
Es importante lograrlo, entre otras razones, porque las familias de
los adoradores han sido tradicionalmente semilleros de vocaciones a
]a vida sacerdotal y a ]a vida consagrada, tan necesarias en
nuestros días.
[00093-04.04] [IN018] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. Anthony Sablan APURON, O.F.M. CAP., Arzobispo de
Agaña, Presidente de la Conferencia Episcopal (GUAM - OCEANÍA)
En el Pacífico la escasez de sacerdotes y la agresividad de las
sectas evangélicas constituyen un reto para la misma supervivencia
de la fe católica. En base a mi experiencia, la única respuesta que
se puede dar a este doble obstáculo es la formación de “comunidades
basadas en la fe”, como ha dicho a los jóvenes de Colonia el Papa
Benedicto. En esa misma ocasión, el Santo Padre ha dicho a lo
jóvenes que la fuerza del Evangelio se deja sentir con vivacidad” en
las pequeñas comunidades de fe. Es preciso que la Iglesia actual
haga claramente visibles los símbolos eucarísticos; quizás sea
necesario que la Iglesia recurra al “pan verdadero” que se vuelve
Cuerpo de Cristo que todos tendrán que comer, y del vino que se
vuelve Sangre de Cristo que todos tendrán que beber. Estos símbolos
no se limitan a aproximarse a la realidad que expresan, sino que la
representan plena y vehementemente. ¡Además, como la Eucaristía es
un banquete, la mejor postura de los que reciben el Cuerpo y la
Sangre de Cristo es la sentada, y no de pie! (Instrumentum laboris,
números 13, 37, 50, 65). .
El “signo de paz” tendría que intercambiarse inmediatamente antes de
la preparación de las ofrendas, antes de que empiece la Anáfora como
conclusión de la Liturgia de la Palabra, en lugar de realizarse
inmediatamente antes de la fractio panis. De otra forma, tanto el
perdón representado por el signo de paz, como la veneración debida a
la fractio panis pierden todo su impacto cuando las personas
intercambian el signo de paz. Todo esto se puede conseguir
significativa y respetuosamente con una catequesis adecuada.
En mi experiencia con comunidades del Camino Neo-catecumenal pude
notar un incremento importante de la fe en la vida de miles de
personas, familias, incluso jóvenes, que aman a la Iglesia y
manifiestan respeto y amor por el Sacramento de la Eucaristía.
Apelo a quienes hoy están al frente de la Iglesia para que hagan
todo lo posible para ayudar a las personas a conocer realmente a
Jesucristo mediante los símbolos de la Eucaristía y la realidad que
estos representan.
[00094-04.04] [INO20] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Pierre-Antoine PAULO, O.M.I., Arzobispo Coadjutor
de Port-de-Paix (HAITI)
¿Ministro extraordinario de la Eucaristía o de la santa Comunión?
El Instrumentum Laboris en los números 55 y 56 habla de “ministros
extraordinarios de la Eucaristía”, mientras que en la Instrucción
“Redemptoris Sacramentum” de la Congregación para el Culto Divino y
la Disciplina de los Sacramentos, en los números 158 y 159 se usa la
expresión: “ministro extraordinario de la santa Comunión”.
Existe por lo tanto en estos documentos del magisterio un desacuerdo
terminológico. ¿Cuál de los dos términos es el mejor en el plano
doctrinal?
Considerando que la Eucaristía es el sacramento y que la comunión es
un rito implícito al sacramento; considerando que los ministros
extraordinarios de los que se habla no intervienen a nivel de la
celebración del sacramento, sino más bien en el cumplimiento del
rito, en la distribución de la comunión; entonces, según nuestra
opinión, sería más exacto, en lo que respecta a la terminología, y
más correcto, desde el punto de vista teológico, utilizar para este
género de ministerio la expresión “ministro extraordinario de la
santa Comunión”.
[00096-04.03] [IN025] [Texto original: francés]
|