|
14 - 08.10.2005
RESUMEN
♦ CONMEMORACIÓN DEL XL ANIVERSARIO DE LA INSTITUCIÓN DEL SÍNODO DE
LOS OBISPOS
Esta tarde, sábado 8 de octubre de 2005, a las 16.30 horas, con la
oración del Adsumus, ha iniciado la Especial Congregación General
para la Conmemoración del XL Aniversario de la Institución del
Sínodo de los Obispos.
En la apertura, el Secretario General del Sínodo de los Obispos,
S.E.R. Mons. Nikola ETEROVIĆ ha iniciado los trabajos con el
siguiente discurso:
Sínodo de los Obispos: expresión privilegiada de la colegialidad
episcopal
Beatísimo Padre, Venerables Padres Sinodales, Queridísimos Hermanos
y Hermanas
Es una grande gracia de Dios Uno y Trino celebrar el 40º aniversario
de la institución del Sínodo de los Obispos en el curso de una
Asamblea sinodal. Tal providencial coincidencia sitúa los
participantes en este acto conmemorativo in medias res. De hecho, es
superfluo describir detalladamente la actividad sinodal a quienes
están tomando parte de ella activamente.
Sin embargo el 40º aniversario del Sínodo de los Obispos es una
ocasión para profundizar la naturaleza teológica y jurídica de esta
institución que, nacida en el Concilio Vaticano II, trató de
mantener el espíritu y la metodología de trabajo adaptada a sus
propiedades. Sin entrar en los resultados concretos, tema que supera
estas palabras de ocasión, durante cuatro décadas, el Sínodo de los
Obispos tuvo el gran mérito de desarrollar la dimensión sinodal del
corpus episcoporum de fomentar la colegialidad episcopal entre los
Obispos y con el Santo Padre, Obispo de Roma y Jefe del colegio
mismo en un ambiente de profunda comunión eclesial. En las Asambleas
sinodales se experimenta la verdadera colegialidad episcopal, aunque
de manera diferente que en los concilios ecuménicos.
Antes de escuchar la palabra de los Em. Oradores, quisiera indicar
algunos datos estadísticos relativos al Sínodo de los Obispos.
Instituido el 15 de septiembre de 1968, el Sínodo de los Obispos
tuvo hasta el momento cuatro Presidentes, cuatro Pontífices: Pablo
VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Su Santidad
Benedicto XVI está presidiendo por primera vez un Sínodo de los
Obispos. Durante su breve pontificado, Juan Pablo I prácticamente no
tuvo manera de ejercitar su función de Presidente del Sínodo. Pablo
VI y Juan Pablo II. Por lo tanto, fueron los dos Romanos Pontífices
que han marcado la historia del Sínodo de los Obispos. De las once
Asambleas Generales Ordinarias, celebradas hasta ahora, cuatro
tuvieron lugar en el curso del Pontificado del Siervo de Dios Pablo
VI, respectivamente en 1967, 1971, 1974 y 1977. El mismo Pontífice
presidió una Asamblea General Extraordinaria en 1969.
Por la cantidad de Asambleas Sinodales celebradas, el Siervo de Dios,
Juan Pablo II puede ser llamado el Papa del Sínodo. Presidió seis
Asambleas Generales Ordinarias, en 1980, en 1983, en 1987, en 1994 y
en 2001; 1 Asamblea General Extraordinaria, en 1985, y 8 Asambleas
Especiales: 1980 para Holanda, 1991 para Europa, 1994 para África,
1995 para Líbano, 1997 para América, 1998 par Asia, 1998 para
Oceanía y 1999 II para Europa.
En su ya insigne historia, el Sínodo de los Obispos tuvo 4
Secretarios Generales: desde 1967 a 1979 su Excelencia Mons.
Ladislao Rubin, desde 1979 hasta 1985 su Excelencia Mons. Jozef
Tomko, desde 1985 hasta 2004 Su Eminencia el Card. Jan Pieter
Schotte, C.I.C.M.. Desde el 11 de febrero de 2004, tal cargo fue
recubierto por Su Excelencia Mons. Nikola Eterović.
Entre los resultados de las experiencias sinodales se cuentan: 8
Exhortaciones Apostólicas post-Sinodales: La Evengelii nuntiandi;
Catechesi tradendae; Familiaris consortio; Reconciliatio et
paenitentia, Christifideles laici, Pastores dabo vobis; Vita
consecrata y Pastores gregis.
Se deben mencionar además las 6 Exhortaciones Apostólicas
post-Sinodales de las Asambleas Especiales: Ecclesia in Africa, Una
esperanza nueva para el Líbano, Ecclesia in America, Ecclesia in
Asia, Ecclesia in Oceania, Ecclesia in Europa.
Los documentos mencionados tuvieron una gran influencia en la vida
de la Iglesia Católica.
En las 21 Asambleas sinodales han participado 3972 padre,
distribuidos de la siguiente manera: en 11 Asambleas Generales
Ordinarias 2474, en 2 Asambleas Generales Extraordinarias 311 y en
las Especiales 1187. El número más reducido de presencias
corresponde al Sínodo para Holanda con 19 padres sinodales. El
número más elevado corresponde a la actual 11ª Asamblea General
Ordinaria con 256 padres sinodales.
El Sínodo de los Obispos tuvo el privilegio de que dos cardenales
Relatores Generales de las Asambleas Generales Ordinarias,
respectivamente la de 1974 y la de 1980, se convirtieron en
Pontífices. Se trata del Em.mo Card. Karol Wojtyla y luego de Su
Eminencia el Card. Joseph Ratzinger.
En los cuarenta años de vida del Sínodo de los Obispos se han
producido varias modificaciones en la metodología de trabajo. En
esta Asamblea estamos experimentando la última, hecha según las
sabias indicaciones del Santo Padre Benedicto XVI, que tiene una
gran experiencia sinodal.
El Sínodo de los Obispos está al servicio de la comunión eclesial a
través del Colegio Episcopal que tiene por Jefe el Obispo de Roma.
Como la Iglesia, siempre viva y joven, por la gracia del Espíritu
Santo, así también el Sínodo de los Obispos permanece abierto a la
inspiración del Espíritu del Señor resucitado y presente en Su
Iglesia, sobre todo en el sacramento de la Eucaristía, para gloria
de Dios Padre y para la salvación del mundo.
El signo tangible de la juventud del Sínodo es también el hecho de
que más de la mitad de los padres sinodales de la XI Asamblea
General Ordinaria participa por primera vez a una asamblea sinodal.
Es signo de esperanza para el futuro de la Iglesia que, no obstante
las adversidades de distinto tipo, está llena de confianza en la
divina providencia, continúa desarrollando la misión que el Señor
Jesús le encomendó: “Id, pues y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
(Mt 28, 19)”.
[00201-04.03] [NNNNN] [Texto original: italiano] A continuación, han
sido presentadas en el Aula las siguientes relaciones y
comunicaciones
I. RELACIONES
●El Sínodo de los Obispos tiene 40 años - Aspectos teológicos del
Sínodo de Obispos
S.Em.R. Card. Jozef TOMKO, Prefecto emérito de la Congregación para
la Evangelización de los Pueblos; Presidente del Pontificio Comité
para los Congresos Eucarísticos Internacionales
● Cuatro decenios de desarrollo institucional - Aspectos jurídicos
del Sínodo de los Obispos
S.Em.R. Card. Péter ERDŐ, Arzobispo de Esztergom-Budapest
II. COMUNICACIONES
● El Sínodo especial para Batavia - Asamblea especial para los
Países Bajos
S.Em.R. Card. Adrianus Johannes SIMONIS, Arzobispo de Utrecht, (Miembro
de la Asamblea sinodal)
● Convocation of the Special Assembly - Asamblea especial para
África
S.E.R. Mons. Paul VERDZEKOV, Arzobispo de Bamenda (Miembro de la
Asamblea sinodal y del Consejo postsinodal)
● Le Synode des Évêques dan son Assemblée Speciale por le Liban -
Asamblea especial para Líbano
S.E.R. Mons. Cyrille Salim BUSTROS, M.S.S.P., Eparca de Newton,
Estados Unidos de América (Relator General de la Asamblea sinodal y
miembro del Consejo postsinodal)
● Frutos del Sínodo de América - Asamblea especial para América
S.Em.R. Card. Juan SANDOVAL ÍÑIGUEZ, Arzobispo de Guadalajara (Relator
General de la Asamblea sinodal y miembro del Conbsejo postsinodal)
●Some positive results of the Special Assembly for Asia of the Synod
of Bishops - Asamblea especial para Asia
S.Em.R. Card. Paul SHAN KUO-HSI, S.I., Obispo de Kaohsiung, (Relator
General de la Asamblea sinodal y miembro del Consejo postsinodal)
● The Special Assembly of the Synod of Bishops for Oceania -
Asamblea especial para Oceania
S.E.R. Mons. John Atcherley DEW, Arzobispo de Wellington, (Miembro
de la Asamblea Especial) lee el texto del Cardenal Thomas S.
Williams, Arzobispo emérito de Wellington (Presidente delegado de la
Asamblea Especial)
● II Asamablea especial para Europa del Sínodo de los Obispos - I e
II Asambleas especial para Europa
Em.R. Card. Antonio María ROUCO VARELA, Arzobispo de Madrid (Relator
General de la II Asamblea especial y miembro del Consejo postsinodal)
Publicamos a continuación el texto íntegro de las relaciones y
comunicaciones presentadas en el Aula en español y una presentación
de las demás intervenciones ( todos los textos íntegros han sido
publicados en la edición plurilingue del Boletín, en el idioma en el
que han sido presentados en el Aula):
I. RELACIONES
●El Sínodo de los Obispos tiene 40 años - Aspectos teológicos del
Sínodo de Obispos
S.Em.R. Card. Jozef TOMKO, Prefecto emérito de la Congregación para
la Evangelización de los Pueblos; Presidente del Pontificio Comité
para los Congresos Eucarísticos Internacionales
El Cardenal Jozef Tomko, Presidente del Pontificio Consejo para los
Congresos eucarísticos internacionales comienza presentando su
informe con una introducción sobre sus propias experiencias
relativas al tema del Sínodo de los Obispos y su participación en
los numerosos Sínodos del pasado. Prosigue con su relación
exponiendo diversos puntos concernientes al Sínodo de los Obispos,
instituido por Pablo VI con el motu proprio “Apostolica sollicitudo.
Sucesivamente, Juan Pablo II reforzó la autonomía e incrementó la
autoridad y la colegialidad del Sínodo. El Sínodo de los Obispos fue
establecido como “consejo permanente de los Obispos para la Iglesia
Universal” bajo la dirección del Papa. Es una institución eclesial
natural que representa al conjunto del Episcopado Católico, es
perpetua por naturaleza. Tiene como objetivo facilitar información y
consejos, y puede deliberar sobre ciertos temas previa solicitud del
Pontífice Romano. El fundamento teológico del Sínodo de los Obispos
reside en la unidad que la Iglesia expresa mediante la comunión de
las iglesias locales y la colegialidad entre todos los Obispos (communio
y collegialitas). El Sínodo de los Obispos representa al Episcopado
católico en el mundo entero de forma moral y manifiesta, sus
decisiones tienen carácter consultivo y pueden ser deliberadas sólo
por mandato del Sumo Pontífice. En lo que se refiere a la índole
consultiva del Sínodo de los Obispos, Juan Pablo II va más allá de
los aspectos formales y jurídicos del voto del Sínodo, enmarcándolo
en el contexto de la Iglesia como un organismo de comunión de fe. En
conclusión, el Cardenal Tomko compara el Sínodo de los Obispos con
un corazón, una maravillosa ósmosis eclesial que sigue viva después
de cuarenta años.
[Presentación - 00164-04.04] [NNNNN] [Texto original: italiano]
● Cuatro decenios de desarrollo institucional - Aspectos jurídicos
del Sínodo de los Obispos
S.Em.R. Card. Péter ERDŐ, Arzobispo de Esztergom-Budapest,
El arzobispo de Esztergom-Budapest, S. Em. R. Card. Péter ERDÖ, en
el marco de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los
Obispos, hizo una exposición sobre el tema: “Cuatro decenios de
desarrollo institucional - Aspectos jurídicos del Sínodo de los
Obispos”.
En la mencionada exposición se hizo referencia a la particular
naturaleza y fisonomía jurídica del Sínodo de los Obispos según el
derecho canónico vigente. El Card. ERDÖ destacó las funciones y
manifestaciones concretadas por el Sínodo en los últimos decenios,
poniendo un especial énfasis en algunas líneas fundamentales de su
desarrollo y puntos centrales de su ministerio. Señaló, asimismo, el
papel que el Sínodo tiene en la promoción de la colegialidad
episcopal y de la comunión entre los Obispos, como así también en el
estudio y la solución de problemas que conciernen a la misión de la
Iglesia en el mundo actual. El Arzobispo se ocupó de subrayar la
importancia del Sínodo como órgano consultivo del Papa; analizó
también el valor del Sínodo como asamblea que favorece la relación
del Papa con los obispos y de éstos entre sí, facilitándoles el
planteamiento de cuestiones relativas a las diversas conferencias
episcopales en el contexto de la Iglesia universal.
En la misma disertación se circunscribieron las funciones del Sínodo,
explicando las diferencias entre general, extraordinario y especial,
y se esclareció la relación del magisterio del Santo Padre con el
Sínodo, subrayándose el valor de éste en cuanto al tratamiento de
temas relativos a la fe y las costumbres, la observancia y
consolidación de la disciplina de la Iglesia, la realidad de los
sacramentos y la misión de la Iglesia en general, y la particular
sensibilidad para abordar temas de la vida cotidiana.
La utilidad del Sínodo fue puesta de relieve por el Card. Péter ERDÖ
en cuanto a la oportunidad de exponer principios morales aplicados
al orden social y a la facultad de juzgar actividades humanas,
cuando lo exigen los derechos fundamentales de la persona o la
salvación de las almas.
[Presentación - 00135-04.06] [NNNNN] [Texto original: italiano]
II. COMUNICACIONES
● El Sínodo especial para Batavia - Asamblea especial para los
Países Bajos
S.Em.R. Card. Adrianus Johannes SIMONIS, Arzobispo de Utrecht, (Miembro
de la Asamblea sinodal)
La intervención de Su Eminencia Cardenal Adrianus Simonis, Arzobispo
de Utrecht, comienza con los eventos que, a partir del “Concilio de
Noordwijkherhout”, llevaron a la convocación de la Asamblea
Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La situación
pastoral en Holanda”, que se celebró en la ciudad del Vaticano desde
14 hasta 31 de enero de 1980. El autor advierte que esa convocación
tuvo su origen de una intuición del Cardenal Willebrands y del Papa
Juan Pablo II, quien supo prever los problemas que debían plantearse
a la Iglesia de Holanda en los campos de la fe, la doctrina, la
moral y la disciplina, y que mucho pudieran haber influido
negativamente en toda la Iglesia . Él brinda una breve retrospectiva
acerca de la participación y los resultados de dicho Sínodo. El
texto concluye con una breve presentación de las decisiones acogidas
favorablemente durante el Sínodo, y que en su mayoría no fueron
aceptadas, y también de la labor post-sinodal, que la realidad ha
confirmado. En efecto, las generaciones actuales están marcadas
principalmente por la polarización que caracterizó los años de la
convocación del “Concilio de Noordwijkerhout”, y sólo quieren ser
católicos en comunión con la Iglesia universal.
[Presentación - 00124-04.05] [NNNNN] [Texto original: italiano]
● Convocation of the Special Assembly - Asamblea especial para
África
S.E.R. Mons. Paul VERDZEKOV, Arzobispo de Bamenda (Miembro de la
Asamblea sinodal y del Consejo postsinodal)
S.E.R. Mons. Paul Verdzekov, Arzobispo de Bamenda, tomó la palabra
para referirse a la Asamblea Especial para África del Sínodo de los
Obispos convocada alrededor del tema “La Iglesia en África y su
misión evangelizadora hacia el año 2000: “Seréis mis testigos” (Hech
1, 8)”, que tuvo lugar en la ciudad del Vaticano desde el 10 de
abril hasta el 8 de mayo de 1994. Esta Asamblea tuvo un impacto
particular en la evangelización del Continente Africano, su objetivo
fue el de promover “una orgánica solidaridad pastoral en toda África
y en las islas limítrofes” y “examinar todos los aspectos
importantes de la vida de la Iglesia en África”, de manera
particular, temas como “la evangelización, la inculturación, el
diálogo, el cuidado pastoral en campo social y los medios de
comunicación social”.
Los Padres Sinodales, continuó el Obispo, habían examinado los
deberes de los líderes políticos africanos, poniéndolos en guardia
contra la conquista violenta del poder, que se ha convertido casi en
una norma en el comportamiento de los poderosos, subrayando la
necesidad de la democracia, de la lucha contra la corrupción y el
tráfico de armas, poniendo el acento en que, sin la superación de
estos fenómenos, África nunca habría podido tener paz y desarrollo.
Seguidamente se puso el acento sobre la Exhortación Apostólica
post-sinodal Ecclesia in Africa que tenía como objetivo la
aplicación de las directivas y orientaciones indicadas por el Sínodo:
la proclamación de la Palabra, la inculturación del Evangelio, la
búsqueda del diálogo, de la justicia y de la paz y el uso correcto
de los medios de comunicación social.
Además fue recordada la famosa frase de Pablo VI, pronunciada en
Uganda el 31 de julio de 1969: “Desde ahora en adelante, vosotros
los africanos, sois los misioneros de vosotros mismos”.
La intervención se concluyó con el anuncio de la convocatoria a la
Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, ya
prevista por Juan Pablo II, y, luego confirmada por el Papa
Benedicto XVI en fecha a establecerse.
[Presentación - 00123-04.02] [NNNNN] [Texto original: inglés]
● Le Synode des Évêques dan son Assemblée Speciale por le Liban -
Asamblea especial para Líbano
S.E.R. Mons. Cyrille Salim BUSTROS, M.S.S.P., Eparca de Newton,
Estados Unidos de América (Relator General de la Asamblea sinodal y
miembro del Consejo postsinodal)
El texto del padre sinodal S.E.R. Mons Cyrille Salim Bustros sobre
“El Sínodo de los Obispos en la asamblea especial para el Líbano”
presenta, en forma de relación, una reflexión sobre los resultados
de la asamblea reunida en torno al Papa Juan Pablo II en noviembre
de 1995. Partiendo de las causas del conflicto entre cristianos y
musulmanes, que explotó en Beirut en 1975, examina las razones de la
convocatoria de la asamblea sinodal y las reacciones a la
Exhortación Apostólica “Una esperanza nueva para el Líbano”,
promulgada por el Papa Juan pablo II el 10 de mayo de 1997. La
Exhortación Apostólica del Santo Padre fue acogida por la sociedad
libanesa, civil y religiosa. La presencia en el Sínodo de las
delegaciones ortodoxa, protestante y musulmana (chiíes, suníes y
drusos) atestiguó de esta manera la unidad y el espíritu de
colaboración que la sociedad libanesa debe perseguir con espíritu de
diálogo y de convivialidad entre las religiones. El Líbano, había
afirmado el Papa Juan Pablo II, es más que una patria, es un
mensaje, para oriente y para occidente, de convivialidad. entre
distintas religiones. El informe presenta, en fin, un balance de los
cambios sociales surgidos de la reflexión sinodal y del encuentro
entre musulmanes y cristianos.
[Presentación - 00162-04.04] [NNNNN] [Texto original: francés]
● Frutos del Sínodo de América - Asamblea especial para América
S.Em.R. Card. Juan SANDOVAL ÍÑIGUEZ, Arzobispo de Guadalajara
(Relator General de la Asamblea sinodal y miembro del Conbsejo
postsinodal)
Su Santidad Juan Pablo II de feliz memoria, tuvo una intuición
profética que se convierte en una tarea para los pastores y fieles
del Continente Americano. En 1992, al celebrarse en Santo Domingo
los 500 años del comienzo de la evangelización del Nuevo Mundo, dijo
el Papa a los obispos ahí reunidos para la IV Conferencia General
del Episcopado Latinoamericano que sería conveniente celebrar alguna
reunión con los obispos de América del Norte.
La propuesta del Papa nos sorprendió por lo inesperada, pero se fue
difundiendo y encontró un eco positivo en los episcopados de uno y
otro hemisferio. De tal manera que en 1994 pudo el Papa precisar su
idea y convocar a un Sínodo de América en el contexto de la
preparación del Gran Jubileo de la Encarnación.
Estábamos acostumbrados a hablar de América del Norte, del Centro,
del Sur y del Caribe y sobre todo, estábamos acostumbrados a vivir,
en lo que a Iglesia se refiere, paralelamente. No obstante algunas
sugerencias sobre la terminología en uso, el Papa mantuvo firme la
expresión "Sínodo de América" para indicar sobre todo una tarea, la
de construir la unidad del Continente Americano en base a la fe en
Cristo.
Eran dos Iglesias: la de Estados Unidos y Canadá de más reciente
fundación, nacidas en medio de una sociedad prevalentemente
protestante, y la de América Latina que nació católica desde sus
orígenes por la acción evangelizadora de España y Portugal. Dos
iglesias que vivieron separadas, en las que se dieron contactos
esporádicos, pero podemos decir, que ni oficiales ni programados.
Ya durante los trabajos de preparación los integrantes de la
"Comisión Preparatoria del Sínodo", nos fuimos percatando de los
muchos elementos de unidad del Continente. El primero y más
importante de todos, la fe en Cristo. América es hoy el continente
cristiano, con un 62% de católicos y poco más de un 30% de hermanos
protestantes de distintas denominaciones; el deseo de libertad y de
democracia con la valoración del individuo tienen su asiento en
América; la presencia multiétnica de europeos: sajones, latinos,
eslavos, así como de los indios aborígenes y los grupos de
americanos de origen africano, se da en varios países; problemas
comunes son la pobreza, la migración, el narcotráfico, etc.
El Sínodo de América se realizó del 16 de noviembre al 12 de
diciembre de 1997, concluyendo, en la fiesta de Nuestra Señora de
Guadalupe, que es otro elemento unificador de gran importancia
religiosa y cultural para América.
El mutuo conocimiento durante y después del Sínodo se ha ido
traduciendo en cercanía afectiva y estima, en conciencia compartida
de muchos problemas comunes que requieren ser abordados en un
esfuerzo común. Este espíritu de cercanía y colaboración ha
facilitado los contactos, ya sea de Conferencias Episcopales, como
de obispos o de comunidades religiosas y movimientos de apostolado
para pedir y ofrecer ayuda, en un intercambio de dones espirituales
y materiales. Estos contactos no son ya esporádicos sino fruto del
espíritu propiciado por el Sínodo de América y la consecuente carta
post-sinodal "Ecclesia in America" de su santidad Juan Pablo II. El
lema del Sínodo "Encuentro con Jesucristo vivo, camino de
conversión, de comunión y de solidaridad de América" ha centrado en
Jesucristo todas las motivaciones para la comunión eclesial, la
colaboración y los proyectos pastoral es de las distintas iglesias.
La Secretaria General del Sínodo en nombre del Consejo post-sinodal
ha enviado sucesivas cartas circulares a las conferencias
episcopales, a los dicasterios de la Curia Romana, a los organismos
de la vida consagrada y a otras entidades eclesiásticas, solicitando
informes sobre las actividades que se están realizando en orden a
llevar a la práctica las indicaciones del documento post-sinodal.
Las respuestas recibidas ofrecen un amplio panorama de encuentros y
realizaciones que empiezan a poner en práctica la visión de unidad y
comunión que tuvo el Papa Juan Pablo II al convocar el Sínodo de
América.
Se enumeran algunos ejemplos. Han respondido a las preguntas de la
Secretaría del Sínodo 19 Conferencias Episcopales, es decir, el 80%
del total. Hay respuestas del CELAM y de las reuniones de obispos de
Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica. Es muy significativo el
cambio de denominación de estas reuniones que antes del Sínodo de
América se llamaban "Reunión Interamericana de Obispos", ahora se
llaman "Reunión de los obispos de la Iglesia en América". En ellas
se han tratado problemas como el de la deuda externa (cfr. EA, 59),
las migraciones (cfr. EA, 65) o las respuestas que hay que dar desde
la fe en Cristo a la globalización (cfr. EA, 20, 25).
De igual manera la mayoría, por no decir la totalidad, de los
dicasterios de la Curia Romana han dado respuesta a la Secretaria
General del Sínodo sobre la aplicación de la Carta post-sinodal
"Ecclesia in America". Varios organismos de la vida consagrada han
informado de la recepción y aplicación de la carta post-sinodal.
El texto de la exhortación apostólica fue firmado por el Papa Juan
Pablo II en México en la Basílica de Guadalupe, el 25 de enero de
1999 y publicado por la Libreria Editrice Vaticana en cinco lenguas:
italiano, español, francés, inglés y portugués. Además, el texto ha
sido difundido ampliamente a través de importantes publicaciones:
por el Secretariado del Consejo Episcopal Latinoamericano, por la
Comisión Pontificia para América Latina, por la Arquidiócesis de
Guadalajara con prólogo de un servidor para difundirlo en México y
por la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos.
Es necesario que el texto se siga difundiendo, ya sea en ediciones
completas o sintéticas con carácter de resumen, como lo han hecho
las Conferencias Episcopales de Canadá, Perú y Argentina.
Muchas Conferencias Episcopales han dedicado más de una asamblea
plenaria al estudio y aplicación de la doctrina y propuestas
pastorales de "Ecclesia in America" y a la luz de ella, han
estructurado sus planes de pastoral, vgr. Argentina, Bolivia,
Brasil, Cuba, Chile, Ecuador, Guatemala, Venezuela y México. El plan
pastoral del CELAM 1999-2003. Lleva por título "Encuentro con
Jesucristo vivo en el horizonte del tercer milenio".
Se puede afirmar, que casi no existe documento de Conferencias
Episcopales o de obispos en que no se cite la carta post- sinodal
"Ecclesia in America". Es la siembra de una semilla que ya está
comenzando a dar fruto abundante.
Proyectos que ha propiciado el espíritu del Sínodo de América, son
por ejemplo: la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Guadalupe del
12 de diciembre extendida a todo el Continente Americano por la
Congregación para el Culto Divino (25-3-1999); fue una petición del
Sínodo vivamente recomendada por el Papa Juan Pablo II (cfr. EA,
11).
La canonización de Juan Diego, humilde mensajero de la Virgen de
Guadalupe, realizada en México por el Papa Juan Pablo II el 31 de
julio de 2002, había sido pedida por el Consejo post-sinodal
juntamente con la Comisión Pontificia para América Latina en orden a
poner en práctica el n. 15 de "Ecclesia in America" que invita a
exaltar los frutos de santidad del Continente Americano.
El Catecismo de Doctrina Social de la Iglesia, recientemente
publicado por el Pontificio Consejo de Justicia y Paz, fue una
petición del Sínodo de América, benignamente acogida e impulsada por
el Papa Juan Pablo II.
Entre los encuentros para poner en práctica la exhortación
post-sinodal merecen destacarse el de la Comisión Pontificia para
América Latina (CAL) del 20 al 23 de marzo de 2001, de la
Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, que centró sus
esfuerzos en el año 2000 sobre los temas de evangelización, comunión
entre las iglesias locales, preparación y distribución del clero,
formación de los laicos, quehacer de la parroquia, ecumenismo,
migraciones, y comunicaciones sociales. El Pontificio Consejo para
la Cultura organizó en Puebla, México, del 4 al 7 de junio de 2001
una reunión para reflexionar sobre las posibilidades de responder a
la petición del Santo Padre en el n. 70 de "Ecclesia in America"
sobre la evangelización de la cultura. La Conferencia Episcopal de
México hizo una aplicación a la realidad nacional el año 2000 en una
carta que lleva por título: "Del Encuentro con Jesucristo a la
Solidaridad con Todos", que ha tenido hondas repercusiones en los
ámbitos religioso y social.
El Congreso Misionero Latinoamericano (COMLA) que se venía
celebrando periódicamente en el ámbito latinoamericano, adquirió
dimensión continental y pasó a ser: "Congreso Americano Misionero"
(CAM).
Un ejemplo concreto del espíritu de solidaridad lo constituye una
iniciativa denominada "Texas- Oklahoma" en el que 16 diócesis de
Estados Unidos, apadrinan a 7 diócesis de Honduras.
Los obispos de las diócesis fronterizas de México y Estados Unidos,
lugar donde se da el mayor flujo de personas que cruzan una
frontera, legal o ilegalmente, han organizado varias reuniones sobre
migrantes (cfr. EA, 65), y recientemente se ha publicado un
documento conjunto de las Conferencias Episcopales de Estados Unidos
y México sobre el tema de las migraciones.
Respondiendo a la expresado en el n. 37 de "Ecclesia in America",
algunas diócesis de uno y otro país han establecido vínculos de
hermandad y cooperación. Un ejemplo de ello es el Seminario abierto
en la ciudad de México para preparar sacerdotes que atiendan
principalmente a los fieles de habla hispana en Estados Unidos. Va
creciendo el intercambio de seminaristas y sacerdotes que van de
Estados unidos a México para aprender español y conocer la cultura,
y de sacerdotes y seminaristas que van de México a Estados Unidos a
atender pastoralmente a los hispanoparlantes.
Por razón de la brevedad del tiempo se omiten otras experiencias,
estimando que éstas son suficientes para darse una idea de los
frutos que comienza a dar el Sínodo de América, el mayor de los
cuales es, sin lugar a dudas, la nueva mentalidad que se va
difundiendo de construir la unidad del Continente Americano sobre la
base de las hondas raíces de su identidad cristiana.
En el contexto del fenómeno más o menos reciente pero irreversible
de la globalización, la intuición del Papa Juan Pablo II alertó
oportunamente a los Pastores de América en orden a caminar al ritmo
de la sociedad actual e imprimir a la globalización el sello de la
unidad y de la caridad de Cristo.
[Texto íntegro - 00137-04.07] [NNNNN] [Texto original: español]
●Some positive results of the Special Assembly for Asia of the Synod
of Bishops - Asamblea especial para Asia
S.Em.R. Card. Paul SHAN KUO-HSI, S.I., Obispo de Kaohsiung, (Relator
General de la Asamblea sinodal y miembro del Consejo postsinodal)
El Cardenal Paul Shan, S.J., si bien recordando las dificultades de
resumir los resultados positivos de la Asamblea Especial para Asia
del Sínodo de los Obispos, dada la multiplicidad de Iglesias
particulares con diversas tradiciones y diferencias
socio-económicas, geopolíticas, culturales y raciales del
continente, sobraya algunos resultados positivos alcanzados en el
ámbito cristológico, pneumatológico y eclesiológico.
El Cardenal Shan, de hecho, explica que ,después de la Asamblea
Especial cuyo como tema fue “Jesucristo, el Salvador, y su misión de
amor y de servicio en Asia “... para que tengan la vida y la tengan
en abundacia” (Jn 10,10)", se ha observado una mejor comprensión,
por parte de las iglesias particulares en Asia, del concepto de la
unicidad y de la universalidad de la salvación en Cristo. Por lo
tanto afirma que, después de la publicación de Ecclesia in Asia,
parecen haber disminuído los escritos o los artículos contrarios al
consenso de los Padres sinodales y de la Exhortación Apostólica
Post-sinodal, con respecto a que el Espíritu Santo no es una
alternativa respecto de Cristo. En fin, el Cardenal Shan observa un
ligero cambio en la posición de las fuerzas políticas y de las
Iglesias particulares, con respecto a la aceptación de que no se
puede transigir en lo que se refiere a la doctrina de la fe sobre la
comunión y la unidad de la Iglesia católica.
[Presentación - 00163-04.04] [NNNNN] [Texto original: inglés]
● The Special Assembly of the Synod of Bishops for Oceania -
Asamblea especial para Oceania
S.E.R. Mons. John Atcherley DEW, Arzobispo de Wellington, (Miembro
de la Asamblea Especial) lee el texto del Cardenal Thomas S.
Williams, Arzobispo emérito de Wellington (Presidente delegado de la
Asamblea Especial)
El Cardinal Thomas S. Williams, en su intervención, en primer lugar
recordó los diversos eventos que han conducido a la Asamblea
Especial para Oceanía del Sínodo de los Obispos, que se llevó a cabo
en la ciudad del Vaticano desde el 22 de noviembre hasta el 21 de
diciembre con el tema :”Jesucristo: seguir su Camino, proclamara su
Verdad, vivir su Vida: un llamado para los pueblos de Oceanía”. A
continuación subrayó la importancia que este Sínodo tuvo para el
discernimiento de la prioridades pastorales y para la colaboración
entre las diócesis de Oceanía.
A casi siete años de la Asamblea Especial, según el Cardinal
Williams, la celebración del cuadragésimo aniversario de la
institución del Sínodo de los Obispos es la ocasión oportuna para
evaluar sus beneficios. Entre éstos, el Cardenal recordó la
consolidación de la identidad de Oceanía como continente con
características propias y, hecho aún más importante, la auténtica
experiencia de comunión entre las diócesis de Oceanía y con la
Iglesia universal. El Sínodo, según el Cardenal, puso también en
evidencia los dones que Oceanía puede ofrecer a la Iglesia
universal, es decir, la juventud y la frescura, su experiencia en el
ámbito de la inculturación, su tradición de participación y
hospitalidad, el compromiso y la sólida formación de los laicos. El
Cardenal observó que, en virtud las particulares situaciones
geográficas de muchas Iglesias particulares del continente, las
enseñanzas sociales de la Iglesia empeñan y desafían a la gente en
la vida cotidiana.
El Cardenal Williams, luego puso en evidencia que la Exhortación
Apostólica Post-sinodal Ecclesia in Oceania del Papa Juan Pablo II
consintió a la Iglesia en Oceanía alcanzar una comprensión más
profunda de la “communio” local y universal y su relevancia en el
ámbito de la inculturación, de la evangelización y de la
planificación pastoral. El Purpurado recordó que surgieron también
otros temas tales como la importancia de la oración y de las
Escrituras, de la Eucaristía y del Sacramento de la Penitencia, y
además la preocupación por las muchas comunidades sin sacerdote. Y
aún más: el apostolado social y el compromiso por la justicia y la
paz como parte integrante de la misión evangelizadora de la Iglesia,
el refuerzo de la vida familiar, el cuidado pastoral de los jóvenes,
el uso de los medios de comunicación social al servicio de la
evangelización, la renovación del compromiso ecuménico, la defensa
de la vida humana y la tutela del ambiente.
La Exhortación Apostólica Post-Sinodal Ecclesia in Oceania se
difundió en diversas maneras y en diversas lenguas y fue ampliamente
discutida, dando múltiples frutos, entre los cuales también la
Asamblea General Nacional de la Iglesia Católica, cuya enseñanza es
actuada a través de las asambleas diocesanas. El documento dio un
nuevo ímpetu pastoral y una orientación a los sínodos diocesanos.
El Cardenal Williams concluyó afirmando que la Exhortación Ecclesia
in Oceania seguirá siendo aún por mucho tiempo fuente de inspiración
y orientación para la Iglesia en Oceanía.
[Presentación - 00165-04.02] [NNNNN] [Texto original: inglés]
● II Asamablea especial para Europa del Sínodo de los Obispos - I e
II Asambleas especial para Europa
Em.R. Card. Antonio María ROUCO VARELA, Arzobispo de Madrid (Relator
General de la II Asamblea especial y miembro del Consejo
postsinodal)
El Siervo de Dios, Su Santidad el Papa Juan Pablo II, me hizo el
gran honor de nombrarme Relator General de la II Asamblea Especial
para Europa del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar en Roma del 1
al 23 de octubre de 1999. Recuerdo con viveza y emoción aquellos
días de intenso trabajo y diálogo fraterno; como todas la Asambleas
sinodales a las que he podido asistir, fue un verdadero acontecer de
Iglesia. Las deliberaciones desembocaron en la confección de un
amplio elenco de Propositiones que el Papa citará ochenta y seis
veces en su memorable Exhortación Apostólica “Ecclesia in Europa”,
firmada el 28 de junio de 2003.
A modo de evocación, sin pretensión alguna de exhaustividad,
recordaré brevemente algunos datos referentes a la ocasión de
aquella Asamblea Especial de 1999, a su composición y a sus
argumentos centrales, retomados y ampliados luego en “Ecclesia in
Europa”.
I. La ocasión: la Iglesia hace revisión jubilar de conciencia en una
Europa reunificada y amenazada
La ciudad de Berlín, símbolo de la división que marcó al Viejo
Continente durante buena parte del siglo XX, fue el lugar escogido
por Juan Pablo II para anunciar la convocatoria de la II Asamblea
Especial para Europa, durante su viaje a Alemania en 1996.
En diciembre de 1991 se había celebrado la I Asamblea Especial para
Europa del Sínodo de los Obispos "después de pasados dos años del
comienzo del colapso tan repentino y verdaderamente extraordinario
del sistema comunista, en el que tuvo una gran parte el testimonio
heroico de las Iglesias cristianas"[1]. El tiempo transcurrido desde
la caída del muro de Berlín en 1989 había sido verdaderamente corto.
Para entonces, muchas iglesias apenas habían tenido tiempo de
normalizar mínimamente su vida. Por otro lado, la evolución de las
cosas en los años siguientes había sido tan rápida y, en parte, tan
poco alentadora, que parecía muy conveniente una nueva convocatoria
sinodal que permitiera reflexionar con más perspectiva sobre la
situación de Europa y de "sus dos pulmones", del Este y del Oeste.
Ése habría de ser, sin duda, para Europa el trasfondo del examen de
conciencia al que la celebración del Gran Jubileo de la Encarnación
en el año 2000 invitaba a toda la Iglesia Católica. En la carta
apostólica Tertio millennio adveniente, de 1994, el Papa había
previsto la convocatoria de un Sínodo de carácter continental para
América, Asia y Oceanía "en la línea de los ya celebrados para
Europa y África" - escribía en aquel momento[2]. No dejó de causar
cierta sorpresa que, dos años después, en 1996, manifestara su
voluntad de convocar de nuevo también un sínodo continental para
Europa para "analizar la situación de la Iglesia ante el Jubileo"
con la mirada puesta en la nueva evangelización del Continente. La
II Asamblea para Europa vino así a ser la última de las
continentales convocadas en orden a la renovación jubilar de la vida
de la Iglesia, con las peculiaridades propias de la situación
europea aludida.
II. Composición: por fin, todas las Iglesias de Europa
Los 288 participantes que formaban la II Asamblea Especial para
Europa procedían de todos los países del Viejo Continente y eran de
todas las edades, desde veinticinco a ochenta y cinco años. La
mayoría, como es natural, eran miembros del episcopado europeo,
junto con algunos pocos de otros continentes. Allí estaban los
presidentes de las 32 Conferencias Episcopales de Europa y de otras
10 circunscripciones eclesiásticas, 76 obispos elegidos expresamente
por sus respectivas Conferencias para participar en esta Asamblea y
23 nombrados por el Santo Padre. A estos se añaden, igualmente como
miembros de pleno derecho, 27 presidentes de los dicasterios romanos
y 8 superiores elegidos por la Unión de Superiores Generales de
institutos de vida consagrada. Con voz, pero sin voto, formaron
parte del Sínodo 38 auditores, clérigos y laicos representantes de
diversos ámbitos significativos de la vida eclesial, así como 10
delegados fraternos, representantes de otras confesiones cristianas.
Por fin, 17 teólogos al servicio de la Secretaría especial y los 24
asistentes.
Este amplio grupo humano, en particular los obispos, hablaba todas
las lenguas de Europa, conocía por experiencia situaciones tan
diversas como las de las grandes ciudades del oeste y del este,
desde Lisboa a Moscú, la de sociedades industrializadas y
democráticas desde hace siglos o la de sociedades que habían salido
hacía tan sólo diez años de la dura experiencia de los regímenes
comunistas y se encontraban sumidas en la inestabilidad social y en
la pobreza. El mayor de ellos, el cardenal Casimiro Swiatek, de
Bielorrusia, con ochenta y cinco años, había sufrido durante largos
años las cárceles soviéticas y había logrado escapar de una condena
a muerte; el más joven, el obispo de la Rusia Europea, Klemens
Pickel, con treinta y cinco años, vivía la experiencia del humilde,
pero vigoroso renacer de la vida de la Iglesia en su inmensa
diócesis. Allí estaban obispos que ejercen su ministerio en
sociedades homogéneamente católicas (al menos culturalmente) y otros
que trabajan en entornos donde sus comunidades no son más que una
pequeña minoría.
Para la mayoría de los participantes, aquélla era la primera vez que
se veían. Más de la mitad de los obispos ni siquiera habían
participado nunca en una Asamblea sinodal. Sin embargo, la
diversidad y el desconocimiento muto, como es habitual en nuestras
Asambleas, cedieron ante la unidad católica casi palpable en tantas
cosas: la liturgia, actuante de la presencia del único Señor; la
presidencia del Papa, haciéndose puntualmente presente en el aula
sinodal, mañana y tarde, y el mismo procedimiento sinodal.
III. El argumento central: esperanza para Europa
Juan Pablo II, en su alocución a los hombres de la cultura y la
ciencia en la catedral de Maribor-Eslovenia, citada en el
Instrumentum Laboris (n° 24), había afirmado, en mayo de 1996, que
"ésta es la hora de la verdad para Europa". El Mensaje final del
Sínodo de 1999 fue una vibrante llamada a la esperanza a una Europa
en la que se percibían, ciertamente, signos de vida, pero también
preocupantes muestras de desfallecimiento y resignación. Entre los
sinodales había una profunda sintonía en torno a este diagnóstico y
también sobre los motivos fundamentales de la seriedad que encierra.
Tras la reunificación geográfica y política, pudo percibirse mejor
la magnitud del daño espiritual causado por el humanismo
inmanentista en sus diversas versiones ideológicas. En muchas
regiones de los antiguos países comunistas la mayoría de la
población está sin bautizar, mientras que en los países de tradición
católica la transmisión de la fe a las nuevas generaciones aparece
con frecuencia en peligro. La familia, la escuela, el trabajo y el
ocio se alejan de la inspiración cristiana en la vida y en las
leyes.
Sin embargo, siendo ésta la hora de la verdad para Europa, es por
eso mismo igualmente la hora del Evangelio. La convinción de los
sinodales era en este punto clara y esperanzada. El Papa aludía
también a ella en la homilía de la misa de clausura: ésta es, como
en el tiempo de la predicación de San Pedro, la hora del anuncio
renovado del kerygma; "después de veinte siglos, la Iglesia se
presenta en el umbral del tercer milenio con este mismo anuncio, que
constituye su único tesoro: Jesucristo es el Señor; en Él y en
ningún otro está la salvación”[3].
En efecto, tampoco en Europa se puede presuponer ya nada. No se
puede presuponer el conocimiento ni la comprensión de lo más
elemental de la vida y de la fe cristiana. Hay que comenzar por el
principio.
La palabra ha de ser fundamentalmente kerygmática, es decir, una
propuesta esencial y nítida del misterio de Cristo[4]. Una palabra
que, por tanto, no se reduce nunca a hacerse eco de los tópicos, ni
siquiera de los valores de la cultura europea de hoy, sino que
remite al juicio de salvación que Dios ha pronunciado en la cruz del
Hijo eterno sobre la humanidad. Una palabra que anuncia el perdón de
los pecados, la resurrección y la vida eterna; que abre los
horizontes del ser humano, tentado de encerrarse sobre sí mismo y
alienado en la cultura de la pura inmanencia, a los horizontes de la
Verdad, del Bien y de la Belleza plenos. La palabra de la nueva
evangelización anunciará con humildad, pero con firmeza, que sólo el
Espíritu de Cristo conduce al hombre a la verdad y a la libertad
plenas, porque sólo en Jesucristo se ha dado el encuentro victorioso
de Dios mismo con el tiempo y con la muerte.
La vida sacramental de la Iglesia es también parte ineludible de la
nueva evangelización[5]. En ella se prolonga el encuentro vivo del
Resucitado con cada uno de sus seguidores de hoy. De la Eucaristía y
de los demás sacramentos, brota la vida cristiana, que pone en los
labios de la Iglesia la palabra y hace de su corazón y de sus manos
instrumentos de la caridad del mismo Cristo. Los sinodales hablaron
mucho de la renovación de la vida sacramental a la que va unida
necesariamente la vitalización de la diaconía, del servicio del
amor[6]. De este servicio también se habló mucho, dado el inmenso
abanico en el que puede y debe ejercerse: desde las instituciones de
la vida política, social y cultural de Europa, hasta las obras de
acogida de los inmigrantes y de apoyo de los que no tienen trabajo,
de los ancianos y, en general, de los marginados en las sociedades
"satisfechas" de occidente o en las todavía "insatisfechas" con los
cambios recientes en el este.
La nueva evangelización tiene y busca sus instrumentos, de los que
se habló con amplitud en la Asamblea sinodal; y tiene también su
estilo. El diálogo es el instrumento y el estilo, a la vez, de la
nueva empresa del anuncio de Jesucristo a los europeos de hoy: el
diálogo con la cultura y con la sociedad, a través de instituciones
adecuadas, entre las que destacan los centros escolares y
universitarios, así como los sanitarios y asistenciales, sin
olvidar, según recordó el cardenal Sodano, la presencia eclesial
específica en las instituciones políticas; el diálogo ecuménico
entre las diversas confesiones cristianas: se destacó, en
particular, la necesidad de la mutua inteligencia y caridad entre
católicos y ortodoxos, que no debe cesar de avanzar a pesar de las
dificultades existentes; el diálogo interreligioso con los que
profesan credos distintos, cuyo número crece hoy en Europa; diálogo
que, como los anteriores, se ha de basar en la verdad y la
comprensión recíproca a un tiempo.
En lo que toca, por así decir, al interior de la Iglesia católica,
los llamados nuevos movimientos y comunidades eclesiales son uno de
los instrumentos que el Espíritu Santo ha regalado a la Iglesia en
orden la nueva evangelización. Pero en el Sínodo se hizo también un
llamamiento al diálogo entre todos: los movimientos nuevos y las
instituciones antiguas; y, por supuesto, a la comunión de todos con
el Obispo en la Iglesia local, una de cuyas instituciones
fundamentales sigue siendo la parroquia. La nueva evangelización nos
convoca a todos y nos necesita a todos.
La Vieja Europa espera palabras de futuro y de esperanza. El Sínodo
de 1999 y la Exhortación Apostólica “Ecclesia in Europa” salen al
paso de esa espera con una propuesta y una llamada: Jesucristo y la
conversión a Él, que tiene palabras de Vida eterna.
[1] Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Europa,
Declaración 1, 1.
[2] Carta Apost. Tertio millennio adveniente, 38.
[3] Citado en Ecclesia in Europa, 18; CL 13-14; 18-22.
[4] Cf. Ecclesia in Europa, Capítulo III: "Anunciar el Evangelio de
la esperanza".
[5] Cf. Ecclesia in Europa, Capítulo IV: "Celebrar el Evangelio de
la esperanza".
[6] Cf. Ecclesia in Europa, Capítulo V: "Servir al Evangelio de la
esperanza".
[Texto íntegro - 00136-04.06] [NNNNN] [Texto original: español]
|