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17 - 11.10.2005
RESUMEN
♦ DÉCIMO TERCERA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 11 DE OCTUBRE DE
2005 - POR LA MAÑANA)
♦ SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
♦ DÉCIMO TERCERA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 11 DE OCTUBRE DE 2005
- POR LA MAÑANA)
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
A las 09:00 horas de hoy martes, 11 de octubre de 2005, en presencia
del Santo Padre, con el canto de la Hora Tertia, ha iniciado la
Décimo Tercera Congregación General, para continuar con las
intervenciones de los Padres Sinodales en el Aula sobre el tema
sinodal La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de
la Iglesia.
Presidente delegado de turno S.Em.R. Card. Juan SANDOVAL ÍÑIGUEZ,Arzobispo
de Guadalajara (México).
En esta Congregación General, que se ha concluido a las 12:30 horas
con la oración del Angelus Domini, estaban presentes 241 Padres.
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
En esta Décimo segunda Congregación General han intervenido los
siguientes Padres:
- S. Em. R. Card. Angelo SODANO, Segretario de Estado (CIUDAD DEL
VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Czeslaw KOZON, Obispo de København (Copenague,
DINAMARCA)
- S. B. R. Michel SABBAH, Patriarca de Jerusalén de los Latinos,
Presidente de la Conferencia Episcopal (NACIONES ÁRABES (C.E.L.R.A.)
- S. Em. R. Card. Vinko PULJIĆ, Arzobispo de Vrhbosna, Sarajevo,
Presidente de la Conferencia Episcopal (BOSNIA-HERZEGOVINA)
- Rev.do Julián CARRÓN, Presidente de la Fraternitad de Comunión y
Liberación (ESPAÑA)
- S. Em. R. Mons. Carmelo Dominador F. MORELOS, Arzobispo de
Zamboanga (FILIPINAS)
- S. Em. R. Mons. António Augusto DOS SANTOS MARTO, Obispo de Viseu
(PORTUGAL)
- S. Em. R. Mons. Jean-Claude MAKAYA LOEMBE, Obispo de Pointe-Noire
(REPÚBLICA DEL CONGO)
- S. Em. R. Card. Renato Raffaele MARTINO, Presidente del Pontificio
Consejo para la Justicia y la Paz (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Antun ŠKVORČEVIĆ, Obispo de Požega (CROACIA)
- S. Em. R. Mons. Diarmuid MARTIN, Arzobispo de Dublín (IRLANDA)
- S. Em. R. Mons. Frédéric RUBWEJANGA, Obispo de Kibungo (Kibungo,
RUANDA)
- S. Em. R. Mons. Wilton Daniel GREGORY, Arzobispo de Atlanta
(ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
- S. Em. R. Mons. Edward Gabriel RISI, O.M.I., Obispo de
Keimoes-Upington (SUDÁFRICA)
- S. Em. R. Mons. Paul Mandla KHUMALO, C.M.M., Obispo de Witbank
(SUDÁFRICA)
Episcopal (LIBERIA)
- S. Em. R. Mons. Lewis ZEIGLER, Obispo de Gbarnga, Presidente de la
Conferencia Episcopal (LIBERIA)
- S. Em. R. Mons. Stanislav ZVOLENSKÝ, Obispo titular de Novasinna,
Obispo auxiliar de Bratislava-Trnava (ESLOVAQUIA)
- S. Em. R. Mons. Prakash MALLAVARAPU, Obispo de Vijayawada (INDIA)
- Revmo. P. Carlos Alfonso AZPIROZ COSTA, O.P., Maestro General de
los Frailes Predicadores
- S. Em. R. Mons. Gabriel MBILINGI, C.S.Sp., Obispo de Lwena
(ANGOLA)
- S. Em. R. Mons. Leon MAŁY, Obispo titular de Tabunia, Obispo
auxiliar de Lviv de los Latinos (UCRANIA)
- S. Em. R. Card. Peter Kodwo Appiah TURKSON, Arzobispo de Cape
Coast (GHANA)
- S. Em. R. Mons. Thomas SAVUNDARANAYAGAM, Obispo de Jaffna (SRI
LANKA)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones:
- S. Em. R. Card. Angelo SODANO, Segretario de Estado (CIUDAD DEL
VATICANO)
El documento de trabajo de nuestra Asamblea, en el Nº 85, nos ha
invitado a reflexionar sobre la relación entre Eucaristía y unidad
eclesial. Numerosos Padres ya han intervenido sobre tan importante
argumento, subrayando sus diversos aspectos.
Por mi parte, quisiera poner en evidencia, en primer lugar, que toda
la liturgia eucarística nos lleva a consolidar entre nosotros los
vínculos de unidad. Importante es, para esto, la oración del Papa,
presente en cada Santa Misa. Importante es la oración del Obispo,
Pastor de la Iglesia particular donde se celebra la Eucaristía.
Importante es el abrazo de paz entre los presentes, para curar todas
las eventuales heridas a la unidad que pueden existir en las
comunidades locales. Y, frecuentemente hay muchas divisiones también
entre nosotros, ministros del Señor, en los mismos institutos
religiosos, en las diócesis con diversos grupos étnicos. La
Eucaristía siempre es una invitación a la unidad de todos los
discípulos de Cristo; más aún, es siempre un agente de unidad a
causa de la gracia unificante que nos comunica.
Problema delicado es, en vez, la actitud que debemos tener hacia
nuestros hermanos separados, que desean participar de la Eucaristía
celebrada en nuestra Santa Iglesia. He escuchado aquí distintas
consideraciones al respecto. Por mi parte, sin embargo, quisiera
recordar que, para favorecer la unidad con los hermanos separados,
no debemos dividirnos entre nosotros. Y el camino seguro para no
dividirnos es la fidelidad a la disciplina vigente en la Iglesia.
A tal propósito, la disciplina es clara: basta leer la última
Encíclica del difunto Papa Juan Pablo II “Ecclesia de Eucharistia”.
Allí hay todo un capítulo sobre la Eucaristía y la comunión
eclesial.
En el Nº 44, por ejemplo, se lee:
“Precisamente porque la unidad de la Iglesia, que la Eucaristía
realiza mediante el sacrificio y la comunión en el cuerpo y la
sangre del Señor, exige inderogablemente la completa comunión en los
vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos y del gobierno
eclesiástico, no es posible concelebrar la misma liturgia
eucarística hasta que no se restablezca la integridad de dichos
vínculos. Una concelebración sin estas condiciones no sería un medio
válido, y podría revelarse más bien un obstáculo a la consecución de
la plena comunión, encubriendo el sentido de la distancia que queda
hasta llegar a la meta e introduciendo o respaldando ambigüedades
sobre una u otra verdad de fe. El camino hacia la plena unidad no
puede hacerse si no es en la verdad. En este punto, la prohibición
contenida en la ley de la Iglesia no deja espacio a incertidumbres.
en obediencia a la norma moral proclamada por el Concilio Vaticano
II.
De todos modos, quisiera reiterar lo que añadía en la Carta
encíclica Ut unum sint, tras haber afirmado la imposibilidad de
compartir la Eucaristía: « Sin embargo, tenemos el ardiente deseo de
celebrar juntos la única Eucaristía del Señor, y este deseo es ya
una alabanza común, una misma imploración. Juntos nos dirigimos al
Padre y lo hacemos cada vez más “con un mismo corazón”»”.
En el Nº 45, luego, la misma Encíclica recuerda:
“Si en ningún caso es legítima la concelebración si falta la plena
comunión, no ocurre lo mismo con respecto a la administración de la
Eucaristía, en circunstancias especiales, a personas pertenecientes
a Iglesias o a Comunidades eclesiales que no están en plena comunión
con la Iglesia católica. En efecto, en este caso el objetivo es
satisfacer una grave necesidad espiritual para la salvación eterna
de los fieles, singularmente considerados, pero no realizar una
intercomunión, que no es posible mientras no se hayan restablecido
del todo los vínculos visibles de la comunión eclesial”.
En este pasaje de la Encíclica el Magisterio pontificio usa el
término intercomunión, que ciertamente debe ser explicado, pero que,
si es bien entendido, puede hacer comprender el carácter
extraordinario de la comunión dada a quien no es católico.
Nuestro Instrumentum Laboris ha resuelto el caso poniendo entre
comillas el término “intercomunión” al final del Nº 86!.
Como conclusión , quisiera decir que la fidelidad a la disciplina de
la Iglesia también acerca de tan delicado punto es una garantía de
unidad entre nosotros, en espera que se realice la oración de
Cristo: “Ut unum sint” (Jn 17,21).
[00273-04.04[IN215] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Czeslaw KOZON, Obispo de København (Copenague,
DINAMARCA)
Los países de la Conferencia Episcopal nórdica constituyen un
territorio de diáspora muy extenso, con unos 200.000 católicos
esparcidos en los varios países, con mayor concentración en Suecia,
Noruega y Dinamarca. Los países son en sí prevalecientemente
luteranos, aunque han sido secularizados en distinta medida.
Uno de los desafíos principales es el de las importantes distancias
geográficas. No obstante, en la mayoría de las parroquias es posible
celebrar la Eucaristía todos los domingos, con una participación de
un 20-30 por ciento de los fieles. Aunque el número de los
sacerdotes es relativamente elevado respecto del número de los
creyentes, es el mínimo que exigen las largas distancias.
En estas condiciones extraordinarias, los pastores y los fieles del
norte viven las mismas experiencias descriptas por otros muchos
países de Europa septentrional y occidental.
La celebración eucarística dominical sigue siendo la manifestación
litúrgica central, pero muy a menudo es también la única que ve a
las personas reunidas en la iglesia. En algunos lugares, son muchas
las personas que asisten a la Misa en los días de trabajo, mientras
el interés en la adoración eucarística está creciendo
paulatinamente.
En lo que a celebración litúrgica se refiere, las expectativas de
los fieles son lo suficientemente elevadas, y ellos saben apreciar
una liturgia bien preparada y ejecutada. La participación de los
fieles en la preparación y realización de las celebraciones
litúrgicas es muy grande en algunos lugares. Sin embargo se precisan
más oportunidades de formación y más propuestas de cursos de
profundización en el conocimiento y el sentido de la liturgia. La
mayor parte de las personas tiene una comprensión auténtica de la
Eucaristía, pero hace falta destacar y profundizar cada vez más, por
medio de la catequesis, el aspecto del misterio y el carácter
sacrificial de la Santa Misa. También los católicos de los países
nórdicos tienen que afrontar el desafío de unir la fe a la vida para
que la participación en la Eucaristía los conduzca a una vida
comprometida en la Iglesia y en la sociedad. Además, la práctica de
la confesión también deja mucho que desear, pero no se han
comprobado abusos litúrgicos de interés.
Los fieles piden ser escuchados y tenidos en cuenta en muchas
ocasiones, pero su respeto por el clero es grande y sencillo. La
actividad de los colaboradores laicos, incluso durante la
celebración, no lleva a que los papeles de laicos y clérigos se
confundan.
Desde el punto de vista ecuménico, a pesar de un clima generalmente
positivo, la Iglesia católica percibe una incomprensión acrecentada
sobre el tema de la intercomunión. El punto de vista católico, a ese
respecto, es considerado superado por los otros cristianos, y tal
opinión es compartida lamentablemente también por algunos católicos.
Además, quisiéramos recordar la situación dolorosa de muchos
católicos divorciados y casados nuevamente que no pueden participar
en la Comunión.
A pesar de estos desafíos y de estos problemas, la Eucaristía en el
Norte se celebra como una fiesta de la fe, que reúne a las
comunidades, y es un elemento fuerte que constituye la Iglesia.
[00203-04.03] [IN168] [Texto original: alemán]
- S. B. R. Michel SABBAH, Patriarca de Jerusalén de los Latinos,
Presidente de la Conferencia Episcopal (NACIONES ÁRABES (C.E.L.R.A.)
En Jerusalén se instituyó la Eucaristía, en Jerusalén tuvo lugar
todo el misterio de la redención. Hoy la Eucaristía, la presencia
real, está en todos los santuarios, en todas las iglesias
parroquiales, en las ciudades y las aldeas. Pero en el Cenáculo, y
precisamente allí, desde hace siglos no existe la presencia
eucarística.
Además, hoy y desde hace muchos años, la tierra santa es tierra de
conflicto, odio, muerte, sangre derramada y dignidad vulnerada. Y al
mismo tiempo está en busca de la paz y de Dios, única fuente de la
paz verdadera. Mientras tanto, el poder arbitrario del hombre ejerce
la violencia contra sí mismo y contra su prójimo, transformando la
tierra de Dios en tierra hecha solamente por hombres.
Por eso, mi intervención se propone tratar un aspecto de la
dimensión social de la Eucaristía (Instrumentum laboris, n. 79). La
Eucaristía es alimento del alma, fuente y fuerza de una presencia
cristiana activa en la sociedad.
Por ende, es necesaria una reeducación en la Eucaristía, para decir
a los cristianos de la Tierra Santa que la adoración, la Misa, la
comunión no son un ejercicio de piedad, sino una vida de comunión
con la parroquia y, además de la parroquia, con toda la ciudad o la
aldea, y con todo el país. Una reeducación que libere al cristiano
de su complejo de inferioridad por el hecho de formar parte de una
minoría reducida, y que lo lleve desde una piedad que vive como
refugio a otra que lo empuje a ser misionero. Se necesitan
adoradores que vayan al mundo, para contribuir a su edificación,
para convertirse en constructores y no vivir en él como débiles
llenos de recriminaciones y quejas o como una minoría en busca de
protección.
Mediante la Eucaristía y la adoración, los cristianos alcanzan la
“estatura de Cristo” y en cuanto adoradores auténticos ocupan un
lugar que nadie podría otorgarles nunca. El cristiano, con su
adoración y su fe en la presencia real, hace que Dios esté presente
en su sociedad y en situaciones de conflicto. Con la presencia de
Dios, todos - grandes y pequeños, fuertes y débiles tendrán
relaciones de igualdad como personas humanas, todos igualmente
objetos del amor de Dios, creador y redentor, y todos juntos
volverán a encontrar los caminos que conducen a la paz y la
reconciliación.
[00206-04.05] [IN170] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Card. Vinko PULJIĆ, Arzobispo de Vrhbosna, Sarajevo,
Presidente de la Conferencia Episcopal (BOSNIA-HERZEGOVINA)
Este Sínodo de los Obispos podría contribuir a la renovación de la
fe, del conocimiento, de la responsabilidad y del respeto a la
dignísima celebración de la Eucaristía.
Frente a nosotros está el dinamismo de la vida, en el que se
desenvuelve el proceso de la educación de la persona individual y de
las comunidades en los distintos niveles de la vida cotidiana.
Lo planteo con algunas preguntas:
1. Sacerdotes como sujetos de la celebración de la Eucaristía
Si con frecuencia parece que muchos de nuestros sacerdotes están
cansados, sin entusiasmo por el propio servicio, ¿cómo pueden los
jóvenes, al elegir el propio camino en la vida, apasionarse por la
vocación sacerdotal cuando, frecuentemente encuentran cansados,
desganados y aburridos a sus párrocos?
¿Por qué motivo se debe celebrar la Santa Misa más de tres veces al
día? No se debería forzar la naturaleza humana. ¿Cómo puede el
sacerdote celebrar más de tres misas al día y permanecer siempre
fresco y concentrado en lo que sucede delante de sus ojos? Sería un
peligro que todo se convirtiera en una trabajo cotidiano como el de
la oficina o la empresa.
Pasan los días y los años en el servicio sacerdotal sin frutos ni
resultados respetables. ¿Dónde están los frutos? Me parece que el
sacerdote con frecuencia se encuentra en peligro. Viviendo
cotidianamente con los otros hombres de este milenio en el proceso
de secularización, materialismo, consumismo, etc., se pierde también
el sentido de lo sagrado.
2.Hoy los valores están confundidos. El sentido de lo sagrado se ha
oscurecido y el sentido del pecado se ha relativizado.¿Qué significa
hoy el pecado para las nuevas generaciones?
El silencio eucarístico para los sacerdotes -pero no sólo para él-,
es algo extraordinario para
poder interiorizarse con todos los actos y gestos sagrados.
Es necesario prepararse para la Eucaristía. Sólo con la dignidad de
los actos sagrados y con la espiritualidad profunda del misterio de
la Eucaristía, ésta puede producir sus frutos.
La Eucaristía es también agradecimiento por la divina mesa, por la
divina comunicación entre el Creador y la criatura. Por lo tanto con
la Eucaristía nutrimos nuestra vida espiritual. Profundo deseo
personal y prontitud para recibir a Dios mismo, preparación para el
santo misterio y al final, agradecimiento por la oportunidad de
celebrar los santos misterios de la Eucaristía, son los valores que
el sacerdote debería adquirir para realizarse a sí mismo y para
transmitir los frutos de la Eucaristía a quienes le son confiados y
que buscan a Dios en la Eucaristía.
3. Palabra Divina
“Si pues, al presentar tu ofrenda en el altar, te recuerdas entonces
de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí,
delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano”
(Mt 5, 23-24). ¿Cómo pueden celebrar con dignidad los sagrados
misterios de la Eucaristía los hombres que cultivan la envidia, el
odio hacia sus vecinos? Sin perdón y paz no hay fruto de la
Eucaristía y ésta no se puede celebrar dignamente.
4. Luego, como puede el cristiano ir a la mesa del Señor si comete
injusticias.
Le he preguntado a un católico que es un diplomático de la Unión
Europea en mi país: ¿cómo puedes recibir el Cuerpo de Cristo si te
comportas mal con la pequeña y pobre gente? El me respondió: para
ganar dinero.
5. Vocación sacerdotal
Jesús nos ha mandado que recemos por las vocaciones. En la familia
en la que se reza y se adora nacen vocaciones al sacerdocio. La
necesidad y los valores del sacerdocio nacen en la propia familia.
Que la Iglesia doméstica sea la primera escuela de las vocaciones,
pero también el templo donde se custodia el amor por la Eucaristía.
En muchachos que valoran la Eucaristía germinan vocaciones
sacerdotales.
[00210-04.04] [IN174] [Texto original: italiano]
- Rev.do Julián CARRÓN, Presidente de la Fraternitad de Comunión y
Liberación (ESPAÑA)
La situación del hombre contemporáneo está plagada de
complicaciones, pero ninguna consigue arrancar la espera del
corazón. El hombre de hoy tomará en serio la propuesta cristiana, si
la percibe como respuesta significativa al grito de su necesidad
humana.
1."Tanto amó Dios al mundo que envió su Hijo único" (Jn 3,16). El
culmen de esta gratuita iniciativa del Padre lo constituye la muerte
y la resurrección de Cristo, a través de las cuales Cristo
reconcilió a los hombres con Dios, haciendo posible la verdadera
comunión con Él.
A través de la acción eucarística, memorial perpetuo de su amor,
Cristo mismo se hace contemporáneo y nos apremia "a no vivir ya para
nosotros mismos sino para aquel que murió y resucitó por nosotros"
(Cf. ICor 5,14-15). El hombre que acoge con fe el don del Cuerpo y
la Sangre del Señor se convierte en criatura nueva (2Cor 5,17) y
forma parte de una unidad única (Gál 3,28), que brota de participar
en el mismo pan (1 Cor 10,17).
2. "La Eucaristía -ha dicho don Giussani- es la suprema confirmación
del método que Dios ha establecido con su criatura: hacerse presente
dentro de un signo visible y tangible, y por ello experimentable".
Según su naturaleza sacramental la Iglesia incide en la historia
porque suscita y educa personas que se dejan implicar en la novedad
de vida de Cristo y por ello la pueden comunicar a sus hermanos los
hombres.
3. Ante el desafío de nuestro tiempo, resulta indispensable el
sacramento de la Eucaristía en toda la eficacia de sus frutos de
verdadera comunión y de humanidad nueva. Así podrá resplandecer la
luz de Cristo en sus testigos, para que los hombres de nuestros días
encuentren motivos de creer y de esperar que se cumplirán las
promesas inscritas en lo profundo de sus corazones, manifestadas y
realizadas plenamente en la entrega eucarística de Cristo.
[00223-04.02] [IN187] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons.
Carmelo Dominador F. MORELOS, Arzobispo de Zamboanga (FILIPINAS)
En el Extremo Oriente, con excepción de Filipinas y Timor Est, el
número de los católicos es inferior al de los fieles de otras
creencias religiosas. En Filipinas la proclamación de Cristo está
amenazada por el secularismo vil y las consecuencias negativas de la
globalización.
En su mayoría, las personas que viven en esta parte de mundo pueden
contemplar el rostro de Cristo sólo en el testimonio de vida de la
comunidad. El Cristo que les presentamos es la vida que ellos ven.
En la celebración de la Eucaristía declaramos solemnemente nuestra
buena voluntad de dar testimonio de Cristo, agradecer a Dios por
esta oportunidad extraordinaria de ser nosotros mismos “eucaristía”.
Un cristiano verdadero reza y alaba a Dios no solo después de un
momento crítico. Agradece a Dios durante la crisis, desde el momento
mismo en que lleva su cruz. En nuestras Iglesias, el llamado al
testimonio de fe se manifiesta cada vez más en la formación de
Comunidades Eucarísticas, las Comunidades Eclesiales de Base. Éstas
son pequeñas comunidades de cristianos que se reúnen alrededor de la
Palabra y la Eucaristía. Esta vida en la gracia de la Eucaristía es
la “garantía de una auténtica comunión eclesial, y la fuente de la
vida moral caracterizada por las buenas obras”. La unidad que
resulta de esto, fundada en el amor, se cumple en el amor y en el
servicio de quienes se encuentran en la comunidad, especialmente los
más desfavorecidos.
Mejor catequesis, más responsabilidad a los laicos, crecimiento de
las vocaciones sacerdotales y religiosas, y compromiso en favor de
la paz y la justicia son signos innegables del vigor de una
comunidad centrada en la Eucaristía. Cuando una Eucaristía dominical
se dedica a los niños con una celebración original no sólo
representa un válido fundamento para la vida de fe de esos niños,
sino que ellos mismos, a su vez, llevan la fe a la casa, a sus
padres.
[00226-04.03] [IN190] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. António Augusto DOS SANTOS MARTO, Obispo de Viseu
(PORTUGAL)
1.Una urgencia Eucarística
El declive de la asistencia a la Misa dominical es un indicador de
la debilitación de la fe en la Eucarística. Por ello se puede hablar
de una “urgencia eucarística no derivada de una incertidumbre de las
fórmulas, sino porque la actual praxis eucarística necesita de una
nueva expresión de amor hacia Cristo” (Lineamenta).
2. La vía de la Belleza
¿Como se podría avivar el asombro eucarístico, es decir, el sentido
de la maravilla ante el misterio de la Eucarística si no se consigue
descubrir su belleza? En la cultura posmoderna, dominada por el
relativismo en lo que se refiere a la verdad y al bien, pero todavía
fascinada por la estética, la belleza es efectivamente una vía o una
puerta para descubrir la Eucarística cual misterio de belleza.
Efectivamente, la Eucarística es el más alto icono de la belleza de
Dios revelada en Cristo, porque es la presencia real del “más bello
entre los hijos de los hombres” (Ps. 45, 3) en la totalidad de su
presencia de resucitado y en la plenitud de su misterio: la belleza
del amor que se nos da, que nos redime y transfigura, nos revela la
mirada del Padre que, de manera permanente, nos crea y hace buenos y
bellos. Utilizando las palabras de Su Santidad, esto no es sólo un
problema de la teología, sino de la pastoral que debería ofrecer al
hombre actual el encuentro con la belleza de la fe.
3. Eucarística y Evangelización
Todo esto implica un proyecto de evangelización de amplio alcance
contemplativo y misionero, que brota de la Eucaristía, para el que
considero esenciales los siguientes puntos:
a) Mostrar la relación existente entre la Eucarística y las
aspiraciones profundas del corazón del hombre contemporáneo;
b) Partir de nuevo de Cristo, orientándonos hacia el corazón de la
fe a través del primer anuncio;
c) Promover la calidad y la belleza de la celebración eucarística
como momento privilegiado de evangelización de tipo mistagógico;
d) La Eucarística también es para el mundo. La asamblea eucarística,
más que un testimonio público de la fe, es también portadora de una
cultura eucarística, de actitudes y comportamientos personales y
sociales: la experiencia de la fraternidad, el espíritu de
reconciliación y de paz, el deseo de compartir y ser solidarios, la
fuerza de la esperanza, la dimensión festiva de la vida... Son
comportamientos humanos que configuran una espiritualidad
eucarística, contribución indispensable para construir la
civilización de la Belleza y del Amor.
[00227-01.06] [IN191] [Testo originale: italiano]
- S. Em. R. Mons. Jean-Claude MAKAYA LOEMBE, Obispo de Pointe-Noire
(REPÚBLICA DEL CONGO)
Desde 1992 los jóvenes de África Central viven con sufrimiento la
fragmentación de las estructuras sociales, garantes de su educación,
y el hecho de que, en sus países, la región y la etnia se han
convertido en pretextos para replegarse en sí mismos y excluir a los
demás. Ante el derrumbamiento de sus países a causa de la violencia
y la delincuencia de muchos adultos, cierto número de jóvenes se ha
abandonado a la droga, al alcohol, a la prostitución, a la
violencia... La consecuencia evidente entre los jóvenes es la
pérdida de los puntos de referencia morales y espirituales. Es por
ello que numerosos jóvenes se han dirigido a las sectas, donde
esperan encontrar soluciones fáciles para sus problemas materiales y
espirituales.
Como afirma el Instrumentum Laboris en el nº 79, los jóvenes
necesitan “construir una sociedad donde prevalgan la comunión, la
solidariedad, la libertad, el respeto por las personas, la esperanza
y la confianza en Dios”.
En nuestra Conferencia Episcopal del Congo, pensamos que la
espiritualidad eucarística es una fuente de energía que los jóvenes
no pueden encontrar en los recorridos espirituales que les proponen
las iglesias llamadas “del despertar” o las sectas.
En consecuencia, al comprender que la espiritualidad eucarística
responde a la cultura de la vida, nuestros jóvenes pueden aprender a
reflexionar serenamente sobre las relaciones entre chicos y chicas,
sobre su sexualidad y sus exigencias.
Nuestros jóvenes son capaces de vivir una relación profunda con
Cristo en un ímpetu de adoración y vivir los frutos obtenidos
acogiendo la presencia de Cristo.
Esperamos que el Sínodo reserve un párrafo para dar algunas
indicaciones precisas sobre esta espiritualidad eucarística, que los
jóvenes ya han podido saborear en el tema tratado durante la Jornada
Mundial de la Juventud de Colonia “Hemos venido a adorarle”.
[00230-04.05] [IN194] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Card. Renato Raffaele MARTINO, Presidente del Pontificio
Consejo para la Justicia y la Paz (CIUDAD DEL VATICANO)
En este Sínodo, considero que se debería profundizar el fuerte
vínculo entre Eucaristía y caridad, poniendo en evidencia todas las
enormes potencialidades que encierra, para dar sentido y espesor al
testimonio cristiano en el ámbito de las realidades sociales y
políticas de nuestro tiempo. Me refiero, especialmente, a la
dramática situación de extrema pobreza que atenaza millones y
millones de hombres y mujeres, y pueblos enteros, a pesar de que la
riqueza sigue creciendo en nuestro planeta globalizado, situación
que asume, hoy en día, proporciones de una verdadero asunto social
de alcance mundial.
En este contexto, hay que reservar una atención especial a la
relación entre Eucaristía y uso de los bienes de la tierra, que la
Iglesia considera como originalmente destinados a todos. Resaltar la
relación entre Eucaristía y caridad social y política no significa
evidentemente proponer indebidas politizaciones de nuestras
Eucaristías, sino más bien favorecer la plena verdad del misterio
eucarístico en toda su inagotable riqueza, capaz de inspirar y
promover también la dimensión social y política de la caridad.
En esta misma línea se coloca la problemática acerca de la relación
entre Eucaristía y paz, que tan incisivamente ha puesto de relieve
el queridísimo difunto Juan Pablo II en la Mane Nobiscum, Domine:
"La imagen lacerante de nuestro mundo, que ha comenzado el nuevo
Milenio con el espectro del terrorismo y la tragedia de la guerra,
interpela más que nunca a los cristianos a vivir la Eucaristía como
una gran escuela de paz", al abrigo, sin embargo, de indebidas
ingerencias mundano-políticas.
Me permito sugerir que, en vista de la actualidad de estos temas,
este Sínodo podría proponer al Santo Padre hacer pública una
intervención orgánica, fruto de su alto magisterio, sobre temas
nuevos relativos a la paz en la caridad, la militancia por la paz,
la justa relación entre Eucaristía y paz, la espiritualidad de la
paz.
[00261-04.04] [IN203] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Antun ŠKVORČEVIĆ, Obispo de Požega (CROACIA)
El privilegio que el pueblo croata ha gozado durante más de un
milenio, con el permiso de la Santa Sede, de celebrar la santa misa
con el rito latino, pero siempre en su lengua, ha contribuido mucho
al hecho de que los padres en el Concilio Vaticano II aceptasen la
celebración de la liturgia latina en las lenguas nacionales. Dicho
privilegio, además, ha ayudado a la participación activa de los
fieles en la liturgia y ha impulsado una fructuosa profundización de
las relaciones entre el pueblo croata y el Sucesor de Pedro, así
como entre la Iglesia del mismo pueblo y la Iglesia universal, de su
unidad en la diversidad.
En base a esta experiencia histórica, los católicos croatas han
aceptado con entusiasmo la renovación de la liturgia después del
Concilio Vaticano II, puesto que no conocen esa nostalgia por la
liturgia en lengua latina, que ha creado serios problemas en ciertos
ambientes católicos europeos, aún sin resolver en el día de hoy.
El proceso de preparación de los nuevos libros litúrgicos en las
lenguas vernáculas no es un trabajo puramente técnico. Las
Conferencias Episcopales, con sus expertos y especialistas, se
esfuerzan en preparar el texto litúrgico, enviándolo en segunda
instancia para su examen a la Congregación para el Culto divino y la
disciplina de los Sacramentos, impulsando de este modo la comunión
entre las Iglesias particulares y la Sede Apostólica de Roma, o la
Iglesia universal, la cual encuentra su cumbre en las celebraciones
eucarísticas. Cuando el citado Dicasterio no cuenta con el
suficiente número de expertos competentes, especialmente para las
lenguas de los pueblos menos numerosos, como el croata, es necesario
intensificar la colaboración con las Conferencias episcopales, para
evitar problemas con las Iglesias particulares y reproches de un
centralismo en la elaboración de los textos litúrgicos.
En lo que respecta a las normas litúrgicas, éstas sirven para el
rito-celebración, y el rito lleva al Misterio en el que se entra
mediante la fe; por ello se debe corregir cualquier abuso en la
liturgia. Por otra parte, hay normas que no tienen el mismo
significado mencionado. Es necesario examinar si todas son
necesarias y factibles.
[00229-04.03] [IN193] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Diarmuid MARTIN, Arzobispo de Dublín (IRLANDA)
La Eucaristía constituye una fuerza importante para hacer frente a
los orígenes profundos de la falta de esperanza de hoy día. Entre
los efectos más insidiosos de la creciente secularización, uno es
que mina la esperanza, ya que sus horizontes son demasiado estrechos
para abrazar una visión universal y completa. La falta de esperanza
está originada por la dificultad de obtener justicia en nuestro
mundo y la certeza de que nuestros esfuerzos humanos nos permiten
alcanzar sólo una pequeña parte de ella.
En un mundo caracterizado por muchas preocupaciones, la Eucaristía
es un signo y un mensaje de esperanza. Los cristianos que celebran
la Eucaristía saben que los valores del mundo actual no son los que
duran eternamente.
La Eucaristía es la presencia de Jesús en la historia, en la
historia de la salvación y en la evolución continua de la historia
humana mientras camina hacia su cumplimiento en Jesucristo que
“regresará”. Celebramos la muerte y la resurrección de Jesucristo en
medio de las realidades de este mundo en la espera de su regreso en
la gloria.
Reconocemos la Eucaristía como “prenda de gloria futura”, sabiendo
que nuestra comunión con el Señor en la Eucaristía es un mensaje de
nuestro encuentro y de nuestra comunión final con Él. La Eucaristía
abre al futuro y lo anticipa.
En una sociedad caracterizada por una creciente secularización es
necesario dejar más espacio, en nuestra catequesis y en nuestras
parroquias, a la formación en la fe. En muchas de nuestras
comunidades, hoy, no podemos seguir dando por supuesta la fe. La
semilla de la fe necesita alimento, no sólo en los primeros años de
la vida del cristiano a través de la catequesis tradicional de los
jóvenes, sino en cada etapa de la vida. La rapidez de los cambios
sociales implica que se necesita cada vez más urgentemente una
formación en la fe de los adultos, para acompañarlos mientras
intentan, día tras día y año tras año, vivir su compromiso cristiano
en un mundo que cambia.
El laico lleno del espíritu eucarístico estará presente en las
realidades del mundo secularizado con la capacidad de mirar hacia
los valores permanentes y de indicar los cimientos de una esperanza
que surge del reconocimiento de la Eucaristía como revelación y
presencia entre nosotros del amor gratuito de Dios en Jesucristo,
que se entregó por todos nosotros.
[00231-04.05] [IN195] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons.
Frédéric RUBWEJANGA, Obispo de Kibungo (Kibungo, RUANDA)
Quisiera sólo subrayar el hecho, tan a menudo recordado, de que la
cultura posmoderna secularizada se niega a mirar a la cara y a
integrar en su visión del mundo la experiencia cotidiana del
sufrimiento y de la muerte.
Estas dos realidades se ocultan con los descubrimientos técnicos
extraordinarios de los que el hombre se vanagloria, pero resisten a
ese tipo de trato superficial.
La misma experiencia de sufrimiento y de muerte, el hombre menos
avanzado tecnológicamente la vive de manera diferente; éste la
acepta como una realidad, a veces incluso como una fatalidad. El
Concilio Vaticano II habla de un desequilibrio que, en última
instancia, se explica por el pecado del hombre.
La Eucaristía, entendida como actualización del sacrificio de la
Cruz, es el remedio más indicado para este pecado y la mentalidad
del que surge. En estas condiciones, no podemos celebrar
tranquilamente la muerte salvífica de Jesús sin dejarnos afectar por
las situaciones dramáticas de tantos hombres y mujeres.
El Misterio pascual que el sacramento de la Eucaristía nos hace
vivir intensamente deberían sensibilizarnos continuamente con las
miserias de los demás. Se ha citado aquí la pregunta de san Juan
Crisóstomo que nos muestra lo paradójico que es cuidar del Cuerpo de
Cristo adornando el altar, pero dejando de lado el cuidado de los
pobres. Habría que hacer lo uno sin olvidar lo otro.
Hace once años, exactamente en 1994, la Iglesia de Ruanda y el
pueblo ruandés conocieron el genocidio y unas masacres inauditas.
Los medios de comunicación difundieron estos sucesos y el mundo se
conmovió. Nos hemos beneficiado con creces de la ayuda de la Santa
Sede, de Caritas internacional y de las Caritas de las iglesias
hermanas del norte. Estamos profundamente agradecidos. Se apreció
especialmente la intervención valiente y pertinente del Papa Juan
Pablo II. El Papa fue el primero en dar la alarma, para llamar las
cosas por su nombre y denunciar abiertamente el genocidio que se
estaba cometiendo. La Comunidad internacional dudaba en hablar de
genocidio para no tener que intervenir. En esta intervención del
Papa Juan Pablo II tenemos un modelo de sensibilidad eclesial que la
celebración eucarística debería empujarnos a imitar.
Por otro lado, algunas personas han sido asesinadas en nuestras
iglesias.
Tras un tiempo de consternación, había que volver a celebrar la
Eucaristía en estas iglesias profanadas. Pero se elevaron voces para
oponerse; ya que, decían, esos lugares recordaban cosas horribles.
Con la debida delicadeza, nosotros, los responsables, guiamos a los
fieles para que comprendieran que la celebración eucarística, lejos
de infringir el luto, lo sostenía y lo iluminaba. Pues, en la
celebración de la muerte del Inocente Jesús, nos uníamos al drama de
la muerte de esos inocentes.
Esas celebraciones eucarísticas se retomaron progresivamente y hoy
son más importantes que antes del genocidio. Ha habido ciertas
defecciones, y los desafíos no faltan, especialmente el de la
reconciliación, pero la gran mayoría de los supervivientes del drama
nacional ha entendido, mejor que nunca, la necesidad del sacramento
de la Eucaristía, que reúne y sella los lazos de fraternidad que se
habían roto. Entre los signos prometedores, está el aumento de la
devoción a Nuestra Señora de KIBEHO, donde hace cuatro años las
apariciones fueron reconocidas por el obispo local. El mensaje
central de estas apariciones fue la conversión mientras se esté a
tiempo. Después del genocidio, este mensaje se comprendió como una
premonición que la Madre del Verbo nos había dirigido antes de la
catástrofe. Así, la Virgen María está siempre al lado de su Hijo,
que se da en sacrificio para la salvación de los hombres, sus
hermanos.
[00228-04.06] [IN192] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Wilton Daniel GREGORY, Arzobispo de Atlanta
(ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
Cada vez más, los fieles esperan mejores homilías de los celebrantes
de la Eucaristía dominical. Los obispos, con el buen ejemplo y los
sermones, deberían mejorar la calidad de la predicación de la
Eucaristía dominical. El rigor en la celebración, por sí mismo, no
volverá a atraer a los fieles que no asisten a la Misa dominical.
[00235-04.04] [IN199] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Edward Gabriel RISI, O.M.I., Obispo de
Keimoes-Upington (SUDÁFRICA)
En la Conferencia Episcopal regional del África Austral (SACBC)
hemos descubierto que es esencial el papel de las pequeñas
comunidades para la preparación y celebración de la liturgia, así
como el lugar donde se vive el don del Espíritu.
Vemos la prueba de ello especialmente en la catequesis basada en el
Leccionario en las pequeñas comunidades cristianas que se preparan
para la celebración dominical, leyendo y orando con antelación las
lecturas del Domingo. Estas comunidades forman parte de los grupos
litúrgicos de las parroquias que preparan las lecturas dominicales
con antelación.
Estos métodos hacen que los fieles encuentren una significativa y
mejor participación para la liturgia Eucarística. Bajo estas
condiciones existe el temor de que sea poco clara la distinción
entre el sacerdocio ordenado y el sacerdocio bautismal.
En cualquier caso, a causa de la carencia de sacerdotes existen
muchas comunidades que celebran la misa sólo una vez al mes o cada
dos meses.
En estos casos los laicos se preparan con entusiasmo (como ya lo he
mencionado) para celebrar las liturgias dominicales a veces con la
Comunión y otras sin ésta.
Es importante observar que la parte más sagrada de la liturgia del
Domingo, la Oración Eucarística, es la que menos llama la atención.
A pesar de que es el punto culminante de la Eucaristía, se ha
convertido en el punto menos elevado. El sacerdote realiza esta
parte solo, mientras que los laicos pasan de una participación
activa a una pasiva.
Quisiéramos proponer alguna forma de participación responsorial que
permitiera una participación más activa por parte de los fieles y no
solamente un respetuoso silencio. No estamos proponiendo que se
disminuya el papel del celebrante sino que, más bien, le sea dado a
los participantes un papel activo para que conjuntamente con el
celebrante se aumente su propia participación.
[00224-04.03] [IN188] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Paul Mandla KHUMALO, C.M.M., Obispo de Witbank
(SUDÁFRICA)
Siempre se ha supuesto que existía un sentido de misterio en la
celebración de la Misa Tridentina. Con la reforma del Concilio
Vaticano II, cuando se permitió a la gente una significativa
participación en la liturgia, fue desvelado el mito de la
mistagogia. Nadie se opuso a la mistagogia. Ésta, simplemente, no
ocurría.
La consiguiente falta de sentido del misterio no fue la consecuencia
de la introducción de los idiomas locales en la liturgia sino que,
más bien, fue la introducción del Nuevo Misal y el uso de los
idiomas nativos los que hicieron obvio que el sentido del misterio
estaba ausente.
Nuestra deber es desarrollar el espíritu de la adoración y de la
veneración. Concentrarse en los abusos produce una atmósfera
negativa y no ayuda a descubrir la dimensión mistagógica de la
celebración Eucarística. El desafío que tenemos delante es el de
aprender más de Dios en nuestras comunidades. Palabras orientadoras
nos llegan del Evangelio según san Juan: “a vosotros os he llamado
amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a
conocer” (15, 15).
Asimismo hemos notado que la señal de la paz en su actual ubicación
en la liturgia de la Misa puede con facilidad ensombrecer el rito de
la fracción del pan y de la propia Comunión.
Entre nosotros existe una fuerte preferencia por la modificación del
uso al que se refiere el número 50 del Instrumentum laboris, con la
inclusión de este rito particular en el momento que precede al
ofertorio.
[00225-01.03] [IN189] [Testo originale: inglese]
- S. Em. R. Mons. Lewis ZEIGLER, Obispo de Gbarnga, Presidente de la
Conferencia Episcopal (LIBERIA)
Hago referencia al nº 6 del Instrumentum Laboris, que trata de la
Eucaristía en las distintas situaciones de la Iglesia.
-Durante la cruel guerra civil, mujeres, hombres y niños han
sufrido. Se han visto obligados a vivir en condiciones inhumanas
como desplazados y refugiados.
-Los obispos, los sacerdotes, los religiosos y los laicos los han
servido en los campos de refugiados en Liberia. En su sufrimiento
hemos experimentado el Cristo partido, que es la Eucaristía. La
Eucaristía es nuestra alegría, nuestra esperanza, nuestra paz,
nuestro apoyo y nuestro valor en tiempos de prueba.
-La Iglesia le está agradecida a los obispos, especialmente a los de
esa región, al Santo Padre, a las Naciones Unidas y a la Comunidad
Internacional por haber acudido en nuestra ayuda. Ahora la guerra ha
terminado y la Iglesia está creciendo.
-La presencia en la Misa es elevada, encabezada por los jóvenes, los
jóvenes adultos y los ancianos. Éstos constituyen la mayoría de los
que reciben la Santa Comunión durante la semana y el domingo.
Nuestras clases para catecúmenos están muy frecuentadas.
Ahora estamos concentrados en la catequesis:
Matrimonio y vida familiar
Ministerio de los jóvenes
Ayuda a los católicos que se han alejado, para que se acerquen de
nuevo a la Iglesia
Pero existen algunos problemas:
Faltan sacerdotes para la creciente población católica
Hay que recorres largas distancias por caminos en mal estado para
llegar a las parroquias o a las estaciones distantes
Los matrimonios polígamos y todos los que viven juntos como marido y
mujer sin intención de casarse, con la dificultad, para ellos, de
acceder a la Santa Comunión.
Gracias
[00232-04.03] [IN196] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Stanislav ZVOLENSKÝ, Obispo titular de Novasinna,
Obispo auxiliar de Bratislava-Trnava (ESLOVAQUIA)
Hablo en nombre propio y quiero hacer referencia al nº 72 del
Instrumentum Laboris, para constatar que la vida de la gracia
recibida a través de la Eucaristía se convierte a su vez en garantía
de “una vida moral caracterizada por las buenas obras y por la
rectitud en el obrar, propia de quién está vitalmente unido a
Cristo” (cfr. I. L. 72), e indicar el nexo entre las tres
dimensiones de la vida cristiana, que son liturgia - martyria -
diakonia, es decir, el vínculo eficaz entre el hecho de que el fiel
recibe con provecho a Cristo vivo en la Eucaristía y “el compromiso
a ser testigos de Cristo en medio a las realidades temporales y la
comunión construida a través del servicio de la caridad” (cfr. I. L.
72). Se puede decir que la medida de la influencia real en la vida
de la sociedad es directamente proporcional a la medida en que los
fieles cristianos permanecen unidos a Cristo.
En este contexto, me permito mencionar dos realidades de mi patria.
Ponemos la esperanza, también para el futuro, en la bendita
tradición de los llamados “primeros viernes”. En todas las
parroquias, en los días que preceden al primer viernes del mes,
numerosos fieles se reconcilian antes con el Señor en el sacramento
de la penitencia y, luego, reciben con provecho a Cristo en la
Eucaristía. La segunda realidad es el hecho de que en la liturgia
dominical participan también los fieles que más tarde no se acercan
a la santa comunión, pero se alimentan sustancialmente con el pan de
la Palabra de Cristo. No obstante, parece que el Señor enriquece y
da fuerza a la dimensión de su vida llamada martyria, es decir, a la
vida moral, vida cristiana concreta. Aquí se abre un espacio para
una más profunda formación de la conciencia de los fieles. Porque
inmersos en el “mysterium iniquitatis” necesitamos inevitablemente
contemplar, adorar y recibir el misterio de la Eucaristía.
[00233-04.05] [IN197] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Prakash MALLAVARAPU, Obispo de Vijayawada (INDIA)
En India, La Iglesia católica tiene una presencia increíble, que da
testimonio de Jesucristo y de su Buena Noticia. Este es el fruto de
la comunión con el Señor experimentada al compartir la Palabra y al
fraccionar el Pan en la Eucaristía. Teniendo en cuenta la dimensión
limitada de la comunidad católica, que representa alrededor del 1,8%
del total, y que la mayor parte de los fieles no puede acercarse a
la Mesa Eucarística, es precisamente la experiencia de la fe en el
Señor la que les sostiene en su vida. Con la evocación efectiva del
sacrificio, la liturgia Eucarística, que es el misterio pascual
celebrado y proclamado, debería seguir sosteniendo esta esperanza.
En la Última Cena, los doce apóstoles oyeron, vieron y tocaron de
modo tangible al Señor, el mismo Señor que estaba con ellos y con el
que se encontraban antes de que sucediera el evento. Ellos
comprendieron y vivieron una experiencia más profunda del Señor en
cada encuentro con Él después de la resurrección.
Después de su muerte, la fracción del Pan y la bendición del Cáliz
como memorial de la muerte y resurrección de Cristo ha ayudado a los
creyentes a experimentar al Señor como fuente de salvación. Nuestro
pueblo, hoy, debería ser invitado, así como lo fueron los primeros
discípulos por el Señor, a venir y a ver, a escuchar y a tocar con
su mano al Señor.
La generación actual, caracterizada por una mentalidad científica y
carente de sentido de la trascendencia, parece decir “creemos sólo
en lo que podemos ver, oir y tocar”. A través de la sagrada
liturgia, la Iglesia debe ayudar a estas personas a ver, oir y tocar
al Señor. Esta es, desde luego, una acción del Espíritu Santo, ¡sin
embargo la liturgia debería guiar a la comunidad de fe a
experimentar esta acción del Espíritu! Sólo entonces las verdades
doctrinales sobre la Eucaristía serán verdades vividas tangiblemente
en la vida concreta. La Eucaristía puede, de esta forma, ser fuente
y cumbre de la vida de una persona. Al mismo tiempo, también para la
comunidad la Eucaristía es fuente y cumbre de la vida y de la
misión. ¡Cuando nuestros católicos no viven la experiencia del Señor
en la Iglesia, podrían buscarla en cualquier otra parte o terminar
por vivir su vida independientemente de Dios!
Nuestra liturgia Eucarística, con un significativo y consciente
recurso a signos y símbolos indígenas, la inculturación, debería
evocar de manera eficaz, en nuestro pueblo, la experiencia
Eucarística en el contexto de la cotidiana realidad de la vida. Ello
llevará a las personas a cumplir el mandato misionero. Por eso, al
poner a punto la disciplina litúrgica, habría que ofrecer una mayor
ayuda y dirección espiritual a los ministros que presiden la
Eucaristía, por ser instrumentos eficaces en el encuentro de los
fieles con el Señor.
[00234-04.03] [IN198] [Texto original: inglés]
- Revmo. P. Carlos Alfonso AZPIROZ COSTA, O.P., Maestro General de
los Frailes Predicadores
Santo Tomás de Aquino nos ayuda a comprender el misterio de la
Eucaristía desde su realidad de «memoria, presencia y anticipación»
(pasado, presente, futuro).
Cuando habla de la vida religiosa usa, análogamente, el mismo
esquema: La consagración religiosa está “prefigurada” en los
holocaustos de la Ley Antigua; la consagración religiosa se realiza
en el sacrificio de Cristo que se hace “presente” en la Eucaristía;
La consagración religiosa es en la tierra “anticipación” de los
bienes futuros.
En la Plegaria Eucarística se mencionan las acciones de Jesús:
“tomó” pan, lo “bendijo”, lo “partió” y lo “dio”. De ese modo
podemos hablar de la vida y misión de los religiosos y religiosas en
la Iglesia y el mundo.
“Por la misericordia de Dios hemos sido escogidos para participar en
la vida de Jesús”. Fray Pierre Claverie OP, cuya sangre ha sido
derramada en Argelia [+ 06.08. 1996], afirmaba que aún más que la
pérdida del sentido del pecado, hemos perdido el sentido del amor y
misericordia de Dios que en Jesús nos ha tomado en sus brazos.
“Jesús da gracias al Padre por nuestra respuesta a la llamada y nos
bendice”. La confirmación por parte de la Iglesia de nuestra
profesión da objetividad a la bendición divina que hemos recibido.
La bendición de Jesús significa que en un mundo de personas sin
raíces nosotros estamos enraizados en la misma vida íntima de la
Trinidad.
Todo aquello que en nosotros no es signo de la presencia
transfigurante de Dios se “rompe” (destruye), de modo que así
podamos ser “entregados” por Jesús al mundo. De ese modo vivimos
cada día el proceso doloroso de la purificación. Cristo murió para
abrir nuestros ojos y para que la muerte fuera vencida por el amor.
“El dar está precedido por el partir”. En nuestra vida y misión
necesitamos pasar por la experiencia pascual. Por ello es normal y
necesario que existan momentos de crisis y purificación.
La alegría de la conversión brota al reconocer nuestras miserias,
nuestras ambiciones inconscientes y al mismo tiempo la misericordia
del Señor sin la cual nada podemos hacer. La fecundidad de nuestra
misión depende de Dios y la calidad de nuestro servicio se
manifiesta en la calidad de nuestra vida comunitaria pues la caridad
bien entendida empieza en nuestra casa.
Santa Catalina de Siena en su lecho de muerte suspiraba: «Estén
seguros que he dado la vida por la santa Iglesia» (Cf. Beato
Raimundo de Capua, Vida de santa Catalina de Siena, Lib. III, c.
IV). Como ella también los religiosos y religiosas ofrecemos nuestra
propia «plegaria eucarística»: "Dios eterno, recibe el sacrificio de
nuestra vida en favor del Cuerpo místico de la santa Iglesia. No
tenemos otra cosa que darte si no es lo que tú nos has dado. Toma
nuestro corazón y estrújalo sobre la faz de ésta tu Esposa" (Cf.
Carta a Urbano VI, n° 371)
[00237-04.02] [IN201] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. Gabriel MBILINGI, C.S.Sp., Obispo de Lwena
(ANGOLA)
1. Hace ya más de cinco siglos que el Evangelio llegó a Angola. Es
un país de mayoría cristiana. Con la firma del Acuerdo de paz en
2002, Angola salió de una de las más largas guerras civiles del
continente africano. En efecto, ha comenzado una nueva era de
restauración de la vida social, política, económica y cultural del
país.
2. Angola es un país potencialmente rico de recursos materiales, ha
conocido y vivido la ideología marxista, atea y comunista, ha vivido
una larga guerra civil, con todas sus consecuencias para la vida en
sociedad. En este contexto, la evangelización representa un gran
reto, una llamada a la conversión y a la reconciliación. Son pocos
los sacerdotes para la asistencia pastoral y la celebración
dominical de la Eucaristía en las distintas comunidades cristianas,
sobre todo aquellas que están en el interior del país. Hay una gran
dicotomía entre fe y vida moral; y una tendencia al retorno de las
prácticas paganas de mentalidad fetichista.
3. Con un porcentaje tan elevado de cristianos, y de católicos en
particular, hay que preguntarse cómo hemos podido vivir tantos años
de guerra civil. Y cuáles son los frutos que han traído las santas
misas en las que han participado tantos cristianos. Y por qué no se
siente el peso de la presencia de los católicos que ocupan puestos
relevantes en política y en las distintas actividades sociales. Son
todas preguntas legítimas, pero también provocadoras.
Angola sigue siendo un país hambriento de pan material, pero sobre
todo de pan eucarístico; de una Eucaristía que se prolongue en la
vida; de una comunión eucarística que lleve a una real
reconciliación, fruto del amor que perdona, como el amor manifestado
por Cristo.
5. a)Hay que insistir en el sentido personal y eclesial de la
Eucaristía en relación con la vida moral, la santidad y la misión en
el mundo.
b)De la comunión eucarística debe surgir un compromiso moral que sea
fuente de vida para vencer al pecado, buscando la verdad, la
rectitud de conciencia y el testimonio de los valores evangélicos
ensombrecidos por la situación de guerra.
c)Tendremos que insistir, en la catequesis, en el vínculo entre
Eucaristía y construcción de una sociedad justa, a través de la
personal responsabilidad de cada uno en la participación activa en
la misión de la Iglesia en el mundo (cfr. nº 74). La Eucaristía en
nuestro contexto será la luz, la fuerza y la fuente del dinamismo de
la vida espiritual, de la santidad y del testimonio de los fieles
(nº 72).
[00262-04.03] [IN204] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Leon MAŁY, Obispo titular de Tabunia, Obispo
auxiliar de Lviv de los Latinos (UCRANIA)
Hablo en nombre propio y en referencia a la parte IV del
Instrumentum Laboris, al nº 76 en el que se lee: “Para todos los
santos la Eucaristía es el centro y la cumbre de la vida
espiritual”. Entre los dieciocho santos que cita el Instrumentum
Laboris, casi para crear un puente entre ellos, está también nuestro
beato Josef Bilczewski vinculado a San Juan María Vianney.
Su beatificación tuvo lugar en Lviv en 2001, cuando el siervo de
Dios Juan Pablo II visitó Ucrania. Es un signo importante para la
Iglesia de Ucrania, que también este Beato al final del Sínodo se
contara en la fila de santos del Santo Padre Benedicto XVI.
El beato Josef Bilczewski consiguió escribir obras de gran
profundidad sobre la Eucaristía, y fue llamado el teólogo de la
Eucaristía.
Quisiera señalar algunos de sus pensamientos, que parecen aún
actuales.
1° Para el culto eucarístico no basta solamente la adoración, sino
que va unido a un estudio profundo de la catequesis. Por eso, es
bueno usar los textos mistagógicos y aprender a leer los signos del
rico simbolismo usado por los primeros cristianos.
2° Hay que intentar que la participación en la Santa Misa sea cada
vez más profunda. A este propósito, hay que decir que también el
Concilio Vaticano II en la Constitución Sacrosanctum Concilium nº 55
sugiere la misma cosa: “se recomienda especialmente la participación
más perfecta en la Misa, la cual consiste en que los fieles, después
de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo
del Señor”. La recomendación no es nueva en absoluto: ya estaba
presente en el Concilio de Trento (Ses. XXII, cap. 6) en la Carta
Apostólica Certiores effecti del Papa Benedicto XIV y más tarde en
el Mediator Dei de Pío XII.
A cuarenta años del Concilio Vaticano II parece que la siguiente
indicación: “se recomienda especialmente que los fieles reciban del
mismo sacrificio el Cuerpo del Señor”, no se ha comprendido
plenamente. A veces, no se consagran las hostias para los fieles,
sino que se cogen del tabernáculo, siempre lleno de hostias ya
consagradas.
Pero la recomendación de los Padres Conciliares contiene en sí misma
un profundo signo de la Iglesia, su dimensión de Pueblo de Dios y,
asimismo, de Cuerpo Místico de Cristo. El Pueblo de Dios se ha
reunido entorno al altar donde recibe el Cuerpo de Cristo.
No es una casualidad el que algunos Padres del Concilio en sus
propuestas hayan subrayado las expresiones valde commendatur;
perfectior partecipatio; y ex eodem Sacrificio.
[00263-04.05] [IN205] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Peter Kodwo Appiah TURKSON, Arzobispo de Cape
Coast (GHANA)
El Concilio Vaticano II declara que el sacrificio eucarístico de
Cristo es “fuente y cumbre de la vida cristiana” (Cfr. LG 11). De
esta enseñanza el Papa Juan Pablo II ha extraído el argumento del
Sínodo actual sobre la Eucaristía: “La Eucaristía, fuente y cumbre
de la vida y de la misión de la Iglesia”, que también ha inspirado
la selección del tema para la celebración del tercer Congreso
Eucarístico de Ghana, “La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida de
la Iglesia en Ghana como Familia de Dios”.
Después del Sínodo de los Obispo para África, el Papa Juan Pablo I,I
aceptando la recomendación de ver la Iglesia de África como Familia
de Dios, dijo: “La nueva evangelización tenderá pues a edificar la
Iglesia como Familia...” una expresión de la naturaleza de la
Iglesia especialmente adecuada para África. (EA, 63). Además aclaró:
“ La imagen pone el acento en la solicitud por el otro, la
solidaridad, el calor de las relaciones humanas, la acogida, el
diálogo y la confianza”. Por consiguiente exhortó a la Iglesia
africana para que evitara “todo etnocentrismo y todo particularismo
excesivo” y a promover “la reconciliación y la verdadera comunión
entre las diversas etnias, favoreciendo la solidaridad y el
compartir tanto el personal como los recursos... sin consideraciones
indebidas de orden étnico” (ibid).
La Iglesia de Ghana reconoce en las palabras del Santo Padre la
formulación de un nuevo programa de vida y misión para la Iglesia
africana. Pero con las guerras fratricidas que todavía azotan sus
confines, con las políticas tribales que aún minan el ejercicio del
buen gobierno y con el desprecio creciente por los pobres, reconoce
también lo poco que ha hecho después de diez años, en respuesta a
esta exhortación.
En la celebración del año de la Eucaristía, la Iglesia de Ghana ha
vuelto a examinar la exhortación del Papa y se ha dirigido a
“Jesucristo, único Salvador del mundo, Pan para una vida nueva”
(como fue proclamado por el Congreso Eucarístico del Año Jubilar)
solicitándole Su ayuda. La cumbre de la celebración del Año será la
convocatoria para noviembre de un Congreso Eucarístico para toda la
Iglesia del Ghana.
Viendo que el mismo Señor nos nutre y sostiene para favorecer el
pueblo en su camino (cfr. Israel en Ex 12, 16 y Jos 5, 10-12; Elías
en 1 R 19, 5-10 y los apóstoles en Mt 26, 30; Mc 14, 26) los obispos
de Ghana rezan para que en la celebración del Año de la Eucaristía
el Señor ayude a los fieles que no se acercan al banquete
eucarístico del Señor y para que se superen los obstáculos, con el
fin de que el Congreso Eucarístico se convierta en una verdadera
fiesta familiar... una fuente de salvación para que todos consigan
las virtudes familiares de la exhortación del Papa.
Además los obispos de Ghana, llenos del afecto pastoral, reforzarán
sus cuatro Tribunales provinciales con sacerdotes y laicos que
conozcan bien las tradiciones y costumbres del país. Su tarea será
examinar los casos de los fieles que no puedan acercarse a la mesa
del Señor a causa de:
- la práctica de costumbres diferentes,
- injustas imposiciones de nuestro sistema familiar patrilinear y
matrilinear a los esposos
- la simple maldad o la rígida posición religiosa de uno de los
cónyuges.
Además habría que confiar a los obispos los casos en los que se hace
necesario dirigirse a los despachos pertinentes del Vaticano para
una dispensa. Los obispos desean servirse de este Sínodo para hacer
una llamada a la comprensión de estos despachos del Vaticano, donde
se harán estas concesiones de dispensa.
[00264-01.04] [IN206] [Testo originale: inglese]
- S. Em. R. Mons. Thomas SAVUNDARANAYAGAM, Obispo de Jaffna (SRI
LANKA)
La Eucaristía revela el sentido cristiano de la vida en cada
ocasión, especialmente cuando afrontamos dificultades, incluso el
peligro de muerte. En la Iglesia primitiva, los mártires y los
santos encontraban el valor para defender su fe porque tenían la
Eucaristía que les daba la fuerza. A lo largo de la historia de la
Iglesia, cuando también los católicos tuvieron que sufrir opresión y
torturas, recurrieron a la Eucaristía, que les dio la fuerza y el
valor para afrontar las dificultades. En mi país, Sri Lanka, una
isla del Océano Índico, recientemente azotada por el tsunami, que ha
acabado con la vida de 40.000 personas, se está combatiendo una
guerra civil desde hace veinte años o más. Sri Lanka es un país
budista: el 72% de la población es de religión budista, mientras que
los católicos representan solamente el 7% de la población total.
La guerra civil entre el Gobierno y las minorías de lengua tamil,
que reivindican la autonomía y el derecho a la autodeterminación, ha
producido un gran sufrimiento. Según las estimaciones, 75.000
civiles y 30.000 soldados y activistas han perdido la vida, y casi
250.000 personas han sido evacuadas o se han ido al extranjero por
razones de seguridad. Obispos, sacerdotes y religiosos han sido
evacuados junto con la gente y han tenido que soportar muchas
privaciones. Lo que les ha dado valor para soportar estos
sufrimientos es la fuerza que reciben al celebrar la Eucaristía.
Alejados de sus ciudades y pueblos, han seguido celebrando la Santa
Eucaristía, no sólo combatiendo por su liberación, sino también
trabajando sin pausa por la paz y el cese de las hostilidades. El
año de la Eucaristía se ha vivido con plenitud por parte de la
población y con gran entusiasmo en el país. Damos las gracias al
difunto Santo Padre, Juan Pablo II, por el Año de la Eucaristía, y
al actual Papa Benedicto XVI, por la maravillosa conclusión de este
año con la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
Que pueda llevar al florecimiento de la Espiritualidad Eucarística
en la Iglesia.
[00265-04.04] [IN207] [Texto original: inglés]
♦ SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
Se informa a los periodistas acreditados que el jueves, 13 de
octubre de 2005, a las 12:45 horas, en el Aula Juan Pablo II de la
Oficina de Prensa de la Santa Sede, tendrá lugar la segunda Rueda de
Prensa sobre los trabajos de la XI Asamblea General Ordinaria del
Sínodo de los Obispos (Relatio post disceptationem).
Intervendran:
● S.Em.R. Card. Francis Arinze
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos
Presidente Delegado
● S.Em.R. Card. Juan Sandoval Íñiguez
Arzobispo de Guadalajara (México)
Presidente Delegado
● S.Em.R. Card. Telesphore Placidus Toppo
Arzobispo de Ranchi (India)
Presidente Delegado
● S.E.R. Mons. John Patrick Foley
Arzobispo titular de Neapoli de Proconsolare
Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales
Presidente de la Comisión para la Información
● S.E.R. Mons. Sofron Stefan Mudry, O.S.B.M.
Obispo emérito de Ivano-Frankivsk (Ucrania)
Vicepresidente de la Comisión para la Información
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